Casi 1.000 muertes diarias por COVID-19 en Alemania: el resultado criminal de mantener abiertos los negocios y escuelas

18 diciembre 2020

La campaña para reabrir negocios y escuelas en Alemania en plena pandemia ha resultado en un rebrote masivo de COVID-19 en el país, alcanzando el récord de 952 muertes de COVID-19 el miércoles. A pesar de estas horrendas cifras, todos los partidos en la Bundestag (Parlamento) siguieron anteponiendo las ganancias sobre las vidas. El llamado “encierro fuerte” que entró en vigor ayer, protege principalmente la economía y no va lo suficientemente lejos para salvar decenas de miles de vidas.

Con los nuevos máximos, se han confirmado 23.427 fallecidos por COVID-19 en Alemania. Si el nivel de muertes se mantiene, Alemania podría llegar a 40.000 fallecidos antes de que acabe el año. Es más probable que la cifra sea mucho mayor, dado que los hospitales del país están al borde del colapso.

En Zittay, Sajonia, el director de un hospital explicó que, en los últimos días, su centro ya se ha visto obligado a decidir a quién conectar a ventiladores y a quién negarle tratamiento. Los hogares de ancianos se han convertido en pabellones de condenados a la muerte, en la medida en que estas instituciones con fines de lucro y crédito limitado ni siquiera toman las medidas más básicas de protección.

Personas transitan una calle comercial en Colonia, Alemania, el miércoles 16 de diciembre de 2020 durante un repunte de nuevos casos de coronavirus (AP Photo/Martin Meissner)

Por mucho tiempo, Alemania ha sido presentada como el modelo a seguir en cómo lidiar con la pandemia. Ahora, la cifra diaria de muertes per cápita en Alemania es significativamente mayor a la de EE.UU., el epicentro de la pandemia, donde el presidente Trump encarna el carácter despiadado y la ignorancia anticientífica de la clase gobernante.

La política de la Casa Blanca y la alemana, pese a toda la retórica, no es tan distinta ni en sus métodos criminales ni en sus consecuencias mortales. Las autoridades federales y estatales de todo tinte están aceptando la muerte de decenas de miles de personas para proteger las ganancias de los principales bancos y corporaciones.

En los últimos meses, se han rehusado a cerrar cualquier negocio. A pesar del rápido incremento en contagios, han mantenido abiertas las escuelas e incluso a limitar las clases presenciales. Los trabajadores tenían que ponerse a disposición de las empresas sin importar la pandemia. Por ende, con el apoyo de los sindicatos y los partidos burgueses, se aumentaron los contagios, creando la terrible situación que está cobrando miles de vidas.

No fue hasta que el enojo creció en los lugares de trabajo y se organizaron paros y protestas en docenas de escuelas que el Gobierno se vio obligado a tomar acción, pero en gran medida de forma simbólica. La semana pasada, las encuestas ZDF Politbarometer mostraron que el 73 por ciento de la población está favor del cierre de escuelas y maternales, así como un cierre mucho más extenso de la economía para contener la pandemia. El 84 por ciento de los encuestados consideró que este es el problema político más importante que enfrentan.

No obstante, el “encierro fuerte”, el cual fue decidido el domingo y entrará en vigor el miércoles, ni siquiera comienza a responder a las demandas de la población y las necesidades presentadas por la pandemia.

Como antes, el Gobierno no cerrará ni un solo negocio más allá de las ventas al por menor. A fin de que los trabajadores puedan laborar en los negocios que permanecerán abiertos, tampoco cerrarán las escuelas en toda Alemania; tan solo se suspenderá la asistencia obligatoria. En Berlín, la ministra de Educación, Scheeres incluso quiere ofrecer cuidado infantil en las escuelas durante la época navideña. En Austria, un paso similar generó una asistencia de hasta el 50 por ciento en las primarias.

Los maternales de muchos lugares mantienen horarios regulares. Esto se debe a que, a diferencia de los cierres en la primavera, los padres con empleos no esenciales también podrán utilizar el “cuidado de emergencia”. Muchos trabajadores no solo se ven obligados a trabajar en sitios peligrosos, sino que tienen que exponer a sus hijos a un alto riesgo de contagio en instalaciones inseguras.

Con esta política, la clase gobernante en Alemania nuevamente pone el interés de la oligarquía financiera de lucrar por encima de las necesidades sociales. Mientras asciende la cifra de muertes, una pequeña élite está obtenido fortunas fabulosas. El índice bursátil alemán DAX ha aumentado más de 60 por ciento desde su punto bajo el 18 de marzo, alcanzando 13.546 puntos el miércoles. Además, una gran parte de los paquetes de estímulo económico, sumando cientos de miles de millones de euros, fueron a los grandes bancos y corporaciones. Por el otro lado, nuevas cifras muestran que el 40 por ciento de la población sufrió pérdidas de ingresos, mientras que los trabajadores que ganan menos de €1,500 al mes se vieron particularmente golpeados.

Los costos de la pandemia han de ser incurridos por la clase trabajadora. La canciller Angela Merkel descartó categóricamente un impuesto sobre la riqueza en el Parlamento el miércoles, dejando claro que a los súper ricos no se les pedirá que contribuyan ni un centavo para combatir la pandemia. La semana pasada, el Bundestag ya había decidido recortes presupuestarios masivos en los sectores de la salud y la educación en 2021, mientras que el gasto militar se incrementará aún más.

Las mismas políticas despiadadas que han conducido a horribles cifras de muertos en Alemania están siendo aplicadas por la clase dirigente en toda Europa.

En Reino Unido, las escuelas y universidades han estado abiertas continuamente y sin restricciones desde septiembre. Como resultado, las tasas de infección y de mortalidad volvieron a aumentar inmediatamente después del cierre parcial de noviembre, y ahora se sitúan en alrededor de 20.000 y 500 por día, respectivamente. Desde el 12 de noviembre, el promedio de siete días de muertes diarias por coronavirus no ha bajado de 400. En total, más de 65.000 personas ya han muerto por COVID-19 en Reino Unido.

En Francia, el Gobierno de Macron puso fin el martes al cierre parcial introducido a finales de octubre, aunque los nuevos casos diarios están todavía muy por encima del objetivo oficial de 5.000. Ayer se registraron más de 17.000 nuevas infecciones y 412 muertes en Francia. No obstante, las empresas y las escuelas siguen abiertas. Macron ha aconsejado a la gente que saque a los niños de la escuela dos días antes para cumplir con la cuarentena antes de visitar a la familia. Sin embargo, pocos trabajadores pueden hacer eso, ya que siguen obligados a trabajar en lugares inseguros.

En Italia, un país especialmente afectado por la pandemia, la mortalidad en 2020 es la más alta desde 1944, el penúltimo año de la Segunda Guerra Mundial, con más de 700.000 muertes. Italia registró 647.000 muertes en 2019, y el aumento de este año puede atribuirse casi en su totalidad a COVID-19.

La bancarrota del capitalismo lleva a la barbarie y a la muerte en masa en todas partes. La pandemia está exacerbando la crisis de un sistema social que solo puede sobrevivir a través de constantes transferencias de dinero a los mercados financieros y la intensificación de la explotación en las fábricas.

La resistencia a esta política de muerte está creciendo en toda Europa. En Alemania, los estudiantes protestan por los recortes en la educación pública. En Italia, 3 millones de trabajadores públicos se declararon en huelga el 9 de diciembre contra las condiciones de trabajo inseguras y precarias. En España, miles de médicos y enfermeras se manifestaron contra los recortes presupuestarios previstos en el sector de la salud el 29 de noviembre; dos semanas más tarde, educadores y profesores se declararon en huelga en Portugal. En Grecia, cientos de miles de trabajadores paralizaron los servicios públicos el 26 de noviembre. Además, se produjeron protestas masivas contra la ley policial francesa.

Es crucial unir estas luchas, conducirlas bajo una perspectiva socialista y convertirlas en una lucha contra el podrido sistema capitalista. Esto significa una ruptura consciente con los partidos y sindicatos socialdemócratas a través de la formación de comités independientes de base y la construcción de una nueva dirección revolucionaria.

“La lucha que los trabajadores enfrentan contra el COVID-19 es una lucha política internacional contra el sistema capitalista y una política de muerte masiva llevada a cabo deliberadamente por la aristocracia financiera”, declararon las secciones europeas del Comité Internacional de la Cuarta Internacional a finales de septiembre ante la política de apertura, advirtiendo:

“Tras el prematuro levantamiento de los confinamientos impuestos esta primavera, el impulso de los Gobiernos europeos para reabrir completamente las escuelas, los lugares de trabajo y los lugares de reunión pública ha allanado el camino para un rebrote devastador del virus ... Únicamente la movilización de la clase obrera en toda Europa en una huelga general internacional puede detener las campañas de regreso a las aulas y al trabajo emprendidas por la Unión Europea (UE), imponer cierres para lograr el distanciamiento social y evitar una horrible pérdida de vidas”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de diciembre de 2020)

Christoph Vandreier

 

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