Nuevo estudio descubre que los adultos jóvenes son propensos a complicaciones de largo plazo por COVID-19

por Dominic Gustavo
12 diciembre 2020

Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Dayton, Ohio, ha llegado a la conclusión de que los adolescentes y adultos jóvenes que se enferman de COVID-19 tienen altas probabilidades de sufrir complicaciones persistentes y potencialmente devastadoras a largo plazo. Los resultados exponen las afirmaciones pseudocientíficas, promovidas por la prensa burguesa, de que los jóvenes están exentos de los efectos más graves de COVID-19. La promoción de esta mentira ha sido utilizada para justificar la campaña homicida de regreso a la escuela a pesar de los niveles récord de casos, hospitalizaciones y muertes por el virus.

El estudio preliminar encuestó a 43 estudiantes que dieron positivo o fueron diagnosticados clínicamente con COVID-19. Solo se encuestó a estudiantes que se habían enfermado con un caso leve o moderado (sin hospitalización) de COVID-19. Más del 50 por ciento de estos estudiantes reportaron síntomas más de 28 días después, y el 30 por ciento aún experimentaba síntomas más de 50 días después. El estudio también encuestó a 58 estudiantes que no habían contraído COVID-19 como grupo de control, para asegurarse de que los síntomas no fueran el resultado de factores generales u otros problemas de salud que suelen afectar a los estudiantes universitarios.

Los síntomas más frecuentes del grupo denominado “síndrome post-COVID” fueron: falta de concentración, dolores de cabeza, rinitis, intolerancia al ejercicio, disnea, problemas de sueño, dificultades para pensar, pérdida de apetito, fatiga y dolor en el pecho. Es notable que todos menos una persona del grupo del síndrome post-COVID-19 eran mujeres. Según el estudio, aunque los hombres son más propensos a morir a causa de COVID-19 (representando el 70 por ciento de las muertes por COVID-19), las mujeres son más propensas a experimentar complicaciones prolongadas.

El estudio explica: “Es plausible que el sistema inmunológico de la mujer que es más activo pueda ser una ventaja para eliminar el virus, pero podría ser un arma de doble filo si la activación inmunológica de la mujer produce un síndrome persistente. Esta respuesta inmunológica sexualmente dimórfica está respaldada por un estudio reciente que encontró que el 12,5 por ciento de los hombres pero solo el 2,6 por ciento de las mujeres con COVID-19 severo tuvieron autoanticuerpos neutralizantes de inmunoglobulina G (IgG) contra los interferones, lo que podría explicar parte del aumento de la mortalidad masculina”.

Jóvenes con mascarillas (pikist.com)

En general, estos hallazgos contradicen claramente la afirmación de que las complicaciones a largo plazo de COVID-19 solo afectan a personas de mediana edad o mayores. La Dra. Julie Walsh-Messinger, una de las organizadoras del estudio, dijo en una declaración en el sitio web de la universidad:

La creencia común en los EE.UU. es que el COVID-19 es benigno o de corta duración en los adultos jóvenes. ... Nuestro estudio, que creemos que es el primero en informar sobre el síndrome post-COVID en estudiantes universitarios, casi exclusivamente entre 18 y 21 años de edad, sugiere lo contrario. Es necesario realizar más investigaciones para confirmar estos hallazgos, pero hasta entonces, instamos a la comunidad médica y científica a considere a los adultos jóvenes como vulnerables al síndrome post-COVID y a vigilar de cerca a los que contrajeron la enfermedad para detectar efectos virales persistentes.

El estudio continúa citando un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, sigla en inglés), que encontró que uno de cada cinco adultos entre los 18 y 34 años de edad informó que aún experimentaba síntomas tres semanas después de dar positivo en las pruebas del virus. Un informe de julio de los CDC encontró que el 35 por ciento de las personas con casos leves de COVID-19 no se habían recuperado completamente dos o tres semanas después.

Es notable que el estudio se llevó a cabo en la Universidad de Dayton, donde un estudiante de primer año de 18 años murió de COVID-19 en octubre, una consecuencia mortal de la noción pseudocientífica de que los adultos jóvenes y los adolescentes no tienen nada que temer del nuevo coronavirus. Desde su reapertura, la Universidad de Dayton ha registrado al menos 1.532 casos de COVID-19 en el campus.

El aún no nombrado “síndrome post-COVID” se presenta por medio de una amplia gama de síntomas que van desde leves hasta debilitantes y potencialmente mortales. Los síntomas comunes incluyen fatiga crónica, falta de aliento, dolores de cabeza, palpitaciones cardíacas, dolor de las articulaciones, dolor de pecho, pérdida del gusto o del olfato y problemas gastrointestinales. Las complicaciones más graves incluyen daños en el corazón, los pulmones y los riñones, entre muchos otros.

El síndrome también puede manifestarse en una serie de trastornos neurológicos que van desde el insomnio hasta el deterioro cognitivo, que algunos supervivientes han comparado con la demencia, caracterizada por la “niebla cerebral”, la pérdida de memoria y la confusión general. También se han reportado con frecuencia trastornos psicológicos como la depresión y la ansiedad.

Un caso que ha recibido amplia atención es el de Riley Behrens, residente en Arizona. Behrens, un estudiante de Harvard de 23 años de edad y atleta de rugby, sufrió un ataque isquémico transitorio, una forma de accidente cerebrovascular leve, después de contraer COVID-19. Aunque se ha recuperado en su mayor parte desde entonces, sigue experimentando mareos y fatiga, e incluso las actividades mundanas son un desafío. Según USAToday: “No voy a pasear a mi perro en largas caminatas. No me esfuerzo demasiado en la limpieza de mi casa. No se me permite conducir hasta que esté limpio.

Según le dijo a USAToday: “No voy a pasear a mi perro en largas caminatas. No me esfuerzo demasiado para limpiar mi casa. No se me permite conducir hasta que un neurólogo me dé el visto bueno. No puedo practicar deportes porque el riesgo de otra lesión en la cabeza aumenta el riesgo de una apoplejía”.

El Dr. Luay Shayya, asociado con Neurology Consultants of Arizona, dijo a USAToday que el caso de Behrens es más común de lo que uno podría imaginar: “Se han publicado múltiples informes de casos... sobre pacientes jóvenes que sufren graves apoplejías debido al COVID. ... Es muy inusual que los jóvenes tengan accidentes cerebrovasculares para empezar”.

También se sabe que los niños y adolescentes son susceptibles a desarrollar el síndrome post-COVID. Un padre angustiado le dijo al WSWS: “Mi hija ha perdido 30 libras, tiene problemas de corazón, tiene hinchazón y dolor en las articulaciones, pasa cuatro horas a la semana en terapia, tiene infecciones raras, lucha contra la fatiga diariamente, tiene niebla cerebral. Ayer me enteré de que tiene un corazón débil con un ritmo cardíaco rápido y constante. Simplemente no ha sido la misma”.

Los que sufren el síndrome post-COVID, conocidos como “longhaulers”, están rompiendo su silencio y hablando de sus dificultades. Muchos han experimentado que los médicos descartan sus experiencias como el resultado de un síndrome postraumático o de la depresión tras haberse enfermado de COVID-19. Sin embargo, a medida que la población afectada por el síndrome crece, su malestar se ha vuelto innegable. Han aparecido grupos de apoyo en línea como Body Politic y Survivor Corps, dando voz a los que habían estado sufriendo en silencio.

Un artículo reciente del New York Times publicó los relatos de los sobrevivientes de COVID-19 y sus proveedores de atención médica mientras luchan por comprender y tratar el síndrome debilitante. La Dra. Ann Parker, quien trabaja en una clínica post-COVID en Johns Hopkins, informó: “Aproximadamente tres meses después de su enfermedad aguda, más de la mitad de nuestros pacientes tienen al menos un leve deterioro cognitivo. ... También estamos viendo sustanciales deficiencias de salud mental”.

Hannah Davis, una artista e investigadora de 32 años de Brooklyn, dijo al Times: “Olvidé el nombre de mi pareja. ... regularmente tomaba una sartén caliente, me quemaba, la dejaba y literalmente lo hacía de nuevo. Olvidé cómo ducharme. Olvidé cómo vestirme”. Davis, quien está involucrada con Body Politic, continuó citando una encuesta realizada por el grupo de 3.800 de sus miembros en 56 países. Según el Times, la encuesta encontró que el 85 por ciento reportó disfunción cognitiva, el 75 por ciento tenía dificultades para desempeñarse en el trabajo, y casi la mitad tenía dificultades con el habla y el lenguaje.

Varios médicos, entre ellos el Dr. Anthony Fauci del Instituto Nacional de Salud, han especulado que muchos de los que sufren complicaciones de COVID-19 están en camino de desarrollar una condición que se asemeja a la Encefalomielitis Miálgica/Síndrome de Fatiga Crónica (ME/CFS). La ME/CFS, es descrita por el Instituto de Medicina como “una enfermedad sistémica grave, crónica y compleja que a menudo puede afectar profundamente la vida de los pacientes”. Es una misteriosa aflicción que no tiene cura conocida y que puede paralizar a sus pacientes durante meses, y a veces años.

Aunque el mecanismo exacto por el que el COVID-19 causa estos efectos a largo plazo sigue siendo turbio, lo que es innegable son las devastadoras consecuencias de que cientos de miles y posiblemente millones de estadounidenses se vean afectados por problemas de salud crónicos y debilitantes. A la luz de la creciente montaña de pruebas que demuestran que los adultos jóvenes y los adolescentes son vulnerables a los estragos del COVID-19, la política de reapertura de las escuelas y universidades asume un carácter criminal.

Las catastróficas políticas de la clase dirigente, representadas tanto por los demócratas como por los republicanos, que han permitido la propagación incontrolada del coronavirus, no solo provocarán cientos de miles de muertes evitables, sino que también causarán un sufrimiento y una miseria incalculables a los millones de personas que sobrevivan. Esto constituye nada menos que un crimen contra toda la humanidad, y solo la intervención de la clase obrera internacional sobre la base de un programa socialista revolucionario –con el objetivo explícito de derrocar al capitalismo— puede detener esta orgía de agonía y muerte.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de diciembre de 2020)

 

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