Ante repunte de COVID-19 en Europa, los Gobiernos protegen ganancias sobre vidas

30 octubre 2020

Después de reportar más de 9 millones de casos y 250.000 muertes por COVID-19 este año, Europa está al borde de una catástrofe. El resurgimiento del virus ha dejado en claro que el fin de los cierres por parte de los Gobiernos europeos esta primavera fue desastrosamente prematuro. Condujo a un rebrote mundial de la enfermedad, especialmente en Europa, que ahora amenaza con abrumar completamente el sistema médico de Europa.

Cada día, Europa está registrando más de 200.000 nuevos casos y 2.000 muertes por COVID-19, cifras que se duplican aproximadamente cada 10 días. Si esta tendencia no se detiene, es una cuestión de semanas antes de que los hospitales de los países más afectados colapsen y de que masas de personas se queden sin tratamiento. La mitad de las camas de los hospitales para respiración asistida de Francia y más de un cuarto de las de España ya están ocupadas por casos graves de COVID-19. Países como Reino Unido, Italia y Polonia, que registran alrededor de 20.000 casos diarios, o Alemania y Bélgica, con alrededor de 14.000, llevan como mucho unas pocas semanas de retraso.

Europa se tambalea al borde de la pérdida de vidas en una escala que no ha visto desde las guerras mundiales del siglo XX. Varios millones de vidas están en juego. En marzo, la inteligencia alemana preparó un informe que decía que más de un millón de personas morirían en Alemania si el virus se propagaba a toda la población. Anoche, en un discurso televisado a nivel nacional, el presidente francés Emmanuel Macron estimó que 400.000 personas podrían morir en Francia a menos que se tomaran medidas de emergencia.

Ante la creciente ira pública y los crecientes llamamientos de las autoridades médicas para que se den órdenes de quedarse en casa para evitar la catástrofe, los Gobiernos europeos están anunciando repentinamente que están considerando o volviendo a imponer los cierres. Después de que Irlanda y Gales anunciaran cierres la semana pasada, Macron anunció anoche un nuevo cierre de cuatro semanas en Francia.

Estos anuncios oficiales no son, sin embargo, órdenes de refugiarse en casa que les permitirán a los jóvenes y a todos los trabajadores no esenciales quedarse en casa y evitar contagios. Al imponer nuevos cierres, los Gobiernos europeos tienen el mismo objetivo que los llevó a levantar prematuramente los cierres anteriores: mantener a los jóvenes en las escuelas y a los trabajadores en el trabajo generándoles ganancias a la aristocracia financiera.

Hay que advertirles a los trabajadores: los cierres propuestos por los Gobiernos europeos no detendrán la pandemia ni evitarán una desastrosa pérdida de vidas. La implementación de una verdadera política de refugiarse en el hogar para proteger a la población de la pandemia mundial requiere una movilización internacional independiente de la clase obrera contra los Gobiernos europeos.

Alemania y Francia adoptaron ayer cierres parciales, cerrando instituciones culturales y restaurantes durante un mes. El “documento de decisión” de la canciller Angela Merkel afirma que “las escuelas y los jardines de infancia permanecerán abiertos” y tiene por objeto “garantizar que la industria, el comercio y las pequeñas y medianas empresas puedan trabajar con la mayor seguridad posible”. Macron dijo, “Las escuelas permanecerán abiertas, el trabajo continuará, los hogares de ancianos estarán abiertos para ser visitados.” Y así el virus continuará propagándose.

En países de toda Europa donde se han adoptado medidas de confinamiento más estrictas, las industrias no esenciales y las escuelas permanecen abiertas. El Gobierno irlandés anunció un “cierre de seis semanas por coronavirus”, limitando los movimientos de los ciudadanos a un radio de cinco kilómetros de sus hogares. Sin embargo, a diferencia del cierre de marzo, las escuelas, las obras de construcción y la industria siguen abiertas, incluidas las plantas de procesamiento de carne, que son focos de contagio.

Al tiempo que afirman que pretenden aplicar cierres, los Gobiernos europeos continúan esencialmente con su estrategia asesina de “inmunidad colectiva”, dejando que el virus siga propagándose entre la población.

El control de la política sanitaria no puede dejarse en manos de la clase capitalista. La fuerza que puede movilizarse para impulsar una política racional y con bases científicas es la clase obrera europea, luchando con una perspectiva internacional, socialista e independiente de las burocracias sindicales, para expropiar las riquezas mal habidas de la aristocracia financiera.

Fue la clase obrera la que impuso los primeros cierres esta primavera. Una ola de huelgas salvajes que comenzó en las plantas italianas de automóviles, acero e ingeniería a principios de marzo se extendió por España, Francia y Reino Unido, cortando las cadenas de suministro y paralizando la industria en toda Europa. Mientras el COVID-19 arrasaba entre la población, los Gobiernos europeos, conmocionados por el movimiento desde abajo, cambiaron repentinamente de rumbo e implementaron cierres.

Es fundamental sacar lecciones políticas de esta experiencia. Si bien la clase obrera demostró su capacidad para imponer una política con bases científicas, fue un movimiento espontáneo. Una vez terminadas las huelgas y adoptados los primeros cierres, el poder estatal y el control de los bancos y la vida industrial quedaron en manos de la aristocracia financiera y las diversas burocracias sindicales. La población de Europa está pagando ahora un amargo precio por esto.

Los Gobiernos no tenían como objetivo salvar vidas, sino salvar la riqueza de los súper ricos. Reino Unido adoptó un rescate bancario de 645.000 millones de libras esterlinas, la zona euro un rescate bancario de 1,25 billones de euros y un rescate corporativo de 750.000 millones de euros de la Unión Europea. Aparte de una pequeña fracción gastada en seguros de desempleo y préstamos para pequeñas empresas, estas sumas se destinaron a rescatar las cuentas bancarias y las carteras de acciones de los súper ricos y a reequipar las grandes corporaciones europeas para competir con Estados Unidos y China.

Una columna de opinión de Le Monde afirma que la disputa mundial cada vez más intensa entre las principales potencias capitalistas por los mercados impedía una política de largo plazo de quedarse en casa y requería muertes masivas. “Las nuevas estrategias para recolocar las plantas en el país, diversificar las cadenas de suministro y controlar las tecnologías clave, que Europa y Estados Unidos ya estaban estudiando, son ahora una prioridad absoluta”, escribió, y añadió: “Por eso la Administración de Trump está haciendo la terrible elección de la opción de 'negocios primero', sacrificando a parte de su población para no dejarle a la potencia china un campo abierto”.

La burguesía europea también siguió esta política. Con la colaboración de los sindicatos y los partidos pseudoizquierdistas como Podemos en España y el partido La Izquierda en Alemania, que dieron su apoyo a los rescates de la UE, los Gobiernos lanzaron una campaña de regreso al trabajo. Ninguna mentira era demasiado escandalosa--que los niños no propagan el virus, o que no hay dinero para ayudar a los trabajadores y a las pequeñas empresas a sobrellevar un encierro más largo--, mientras amedrentaron a los trabajadores para que volvieran a trabajar y generaran ganancias a partir de las enormes sumas de dinero público que se entregaron a los súper ricos.

Detener la pandemia e implementar una política científica de quedarse en el hogar ha resultado ser imposible en el marco del capitalismo europeo. Se requiere una movilización política consciente de la clase obrera en toda Europa contra el capitalismo, bajo un programa socialista. Implica una lucha para aplastar el poder de la aristocracia financiera, confiscar los fondos públicos otorgados ilegítimamente a los súper ricos en rescates respaldados por los sindicatos y proporcionar los recursos necesarios para mejorar masivamente la atención de la salud y apoyar a los trabajadores y las pequeñas empresas mientras capean la pandemia.

Las secciones europeas del CICI han llamado a formar comités independientes de seguridad en los lugares de trabajo como fábricas, oficinas y escuelas para preparar una huelga general internacional contra las políticas políticamente criminales de la burguesía ante la pandemia. Esto puede preparar la expropiación de la aristocracia financiera y la reorganización socialista de la sociedad sobre una base racional y científica para atender las necesidades de la población. Exige que la clase obrera derroque la Unión Europea y construya los Estados Unidos Socialistas de Europa.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de octubre de 2020)

Johannes Stern y Alex Lantier

 

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