Campaña de odio derechista en Alemania contra el ganador del Premio Nobel Peter Handke

por Bernd Reinhardt y Peter Schwarz
11 diciembre 2019

El Premio Nobel de Literatura de 2019 está previsto que se conceda al escritor austríaco Peter Handke (nacido en 1942) el 10 de diciembre.

Las obras más conocidas de Handke incluyen su obra de teatro Ofendiendo al público (1966), La ansiedad del portero al chutarse un penalty (la novela se publicó en 1970 y el guion para la película de 1972 fue dirigido por Wim Wenders), la novela corta autobiográfica Un pesar más allá de los sueños basada en la vida de su madre (1972), la novela (1976) y película (1978) La mujer zurda, el guion de Alas de deseo con Wenders (1987), La hora en la que no supimos nada el uno del otro (obra de teatro de un solo acto, 1992) y otras obras.

Tras anunciarse el galardón, Handke, un autor de renombre, ha venido siendo el blanco de una masiva campaña de odio.

Peter Handke en 2006 (Fuente Wild + Team Agentur–UNI Salzburg)

Los feroces ataques no se dirigen a la obra literaria galardonada de Handke. Él está posicionado, desde hace cinco décadas, como uno de los principales autores y traductores en idioma alemán. Los ataques se dirigen a sus puntos de vista políticos. Un sector significativo de la élite cultural y literaria de Alemania no le ha perdonado nunca a Handke su oposición vehemente al aplastamiento de Yugoslavia y la intervención militar llevada a cabo por la OTAN en los '90.

Handke tuvo la valentía de tildar a las potencias occidentales de lo que eran —incendiarios en la guerra de Yugoslavia— y de condenar el bombardeo ilegal de la OTAN a Serbia. Por su punto de vista fue denunciado como negador del genocidio, defensor de crímenes de guerra y antisemita. Todas esas alegaciones se hacen en un artículo del 25 de octubre publicado por la figura literaria Alida Bremer en la revista cultural alemana en línea Perlentaucher. Bremer, poseedor de la Orden de la República de Croacia, sin embargo, está lejos de ser un testigo neutro.

La feroz diatriba de Bremer es solo una de muchas. El autor bosnio-alemán Saša Stanišić también se ha sumado a la campaña contra Handke. Durante su discurso tras la entrega del premio del libro alemán de 2019, Stanišić dijo a la prensa allí presente que Handke no se merecía la distinción porque se servía de su literatura para difundir mentiras.

Los tiroteos de los opositores más agresivos de Handke se parecen a invectivas de criminales resueltos a encubrir sus propias huellas.

La guerra de la OTAN contra Yugoslavia de hace veinte años fue testigo del desplazamiento de todo un estrato de intelectuales alemanes y expacifistas pudientes pequeñoburgueses hacia el bando del militarismo alemán. La personificación de este estrato fue el exluchador callejero Joschka Fischer.

En su papel de primer ministro de exteriores alemán del Partido Verde en la historia, Fischer usó cínicamente la oración “Auschwitz no puede suceder de nuevo nunca” para justificar el bombardeo de Belgrado, que quedó reducida a ruinas por parte de la Wehrmacht (fuerzas armadas) de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Los Verdes allanaron el camino a la primera misión militar internacional por parte del ejército alemán en el período postbélico. Ahora esas misiones son comunes —y se extienden de Afganistán a Malí en África.

Handke se opuso de manera desafiante y enfadada a este desarrollo. En sus diarios de viaje “Justicia para Serbia” y “Suplemento” no midió sus palabras. Describió acertadamente a la OTAN como una organización criminal, denunció la hipocresía del gobierno de coalición entre el Partido Socialdemócrata (SPD) y los Verdes, y dejó inequívocamente claro que despreciaba profundamente a la mayoría de los periodistas como poco más que mercenarios a sueldo de las principales potencias.

Los escritos de Handke sobre Yugoslavia van dirigidos claramente contra una guerra basada en falsedades e histeria. Su objetivo no era justificar el nacionalismo serbio y sus crímenes sino más bien defender desesperadamente lo que antes era el Estado multiétnico de Yugoslavia. Incluso sus descripciones de la campaña están impregnadas poéticamente por tales consideraciones: los paisajes y las montañas están libres de cualquier frontera étnica o nacional. La propia naturaleza personifica a Yugoslavia y a la gente que vivía allí junta y en paz.

“Temprano en su obra, Handke claramente se pronunció por la paz y no por la guerra y él representa un punto de vista fundamentalmente antinacionalista”, fue el comentario del miembro del Comité del Premio Nobel Henrik Petersen a Spiegel Online, defendiendo la decisión de conceder la distinción a Handke.

Hace dos semanas en Die Zeit, Handke preguntó enfadado: “¿Cómo podía Alemania reconocer a Croacia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina, cuando más de un tercio de la población eran o bien ortodoxos o bien serbios musulmanes? Así es como surgió una guerra fratricida”.

El gobierno alemán reconoció inmediatamente a Eslovenia y Croacia como Estados independientes en 1991, desencadenando así conflictos sangrientos que se cobraron más de 100.000 vidas y desmenuzó a Yugoslavia en siete mini-Estados hostiles y económicamente inviables dominados por la pobreza, las tensiones étnicas y las élites criminales. Estos pequeños Estados han permanecido como juguetes en manos de las grandes potencias.

“Las viejas hostilidades explotadas por las potencias extranjeras en la Primera Guerra Mundial y luego en la Segunda Guerra Mundial, estallaron una vez más tras el reconocimiento”, añadió Handke, y preguntó: “¿Es que se ha olvidado que este país se fundó en oposición a Hitler y su Tercer Reich?”.

Estos temas también están vinculados con la relación de Handke con el expresidente serbio Slobodan Milošević que murió en 2006, tras su juicio por el Tribunal para Crímenes de Guerra de La Haya. Handke habló brevemente en la tumba de Milošević, una contribución que fue ulteriormente interpretada como apoyo a los crímenes de guerra y las masacres. En realidad, Handke simplemente expresó su aflicción y desamparo ante el desastre yugoslavo.

Milošević —igual que el líder croata Franjo Tudjman y el esloveno Milan Kučan— fue durante mucho tiempo funcionario en el régimen del líder yugoslavo Josip Broz Tito. Confrontado con la oposición creciente de la clase trabajadora, Milošević se apoyó cada vez más en el nacionalismo y la restauración del capitalismo para preservar su poder y privilegios.

Después de su muerte el WSWS escribió: “Aunque no hay duda de que Milošević tenía su parte de responsabilidad por el derramamiento de sangre que estalló en los Balcanes en los '90, al final la fuente política de su culpa reside principalmente en su adaptación —como otros burócratas yugoslavos exestalinistas que se convirtieron en nacionalistas— a las políticas del mercado capitalista del imperialismo en la región y su uso del nacionalismo para desviar la oposición de los trabajadores a la devastación económica ocasionada por estas políticas”.

Handke no estaba dispuesto a aceptar acríticamente la transformación de Milošević de un aliado de Occidente y de un hombre encomiado por las reformas de libre mercado en villano y en un “nuevo Hitler”. Entendió que la demonización de Milošević era profundamente reaccionaria. De manera similar, el presidente iraquí Saddam Hussein y el líder libio Muammar Gaddafi fueron transformados, ambos, casi de la noche a la mañana de socios de Occidente en reencarnaciones de Hitler para justificar las guerras que terminaron en el completo sometimiento y la destrucción de sus sociedades.

Handke aborda estas cuestiones como escritor, no como político ni historiador. No tiene una solución. “La obra de Handke se caracteriza por un abordaje que critica ideologías y plantea cuestiones éticas, no propone un programa político”, escribe Petersen. La acusación de que Handke justifica las masacres es una mentira infame. Él se ha desmarcado expresamente hace años de la masacre de Srebrenica, que se le acusó de trivializar.

La campaña política contra Peter Handke tiene lugar en el contexto de un rearme militar masivo y preparativos ideológicos y prácticos por parte de Alemania para nuevas guerras. Los que estén en el camino de estos preparativos en exponen a una constante campaña en los medios, más allá de sus méritos.

Una campaña similar tuvo lugar hace siete años cuando Günter Grass también recibió el Premio Nobel de Literatura. Después de escribir un poema advirtiendo de los preparativos israelíes para la guerra contra Irán y el peligro de una guerra mundial nuclear, se acusó ferozmente a Grass de antisemita y de nazi secreto.

“Todos los que se oponen a la guerra en Medio Oriente y a la amenaza creciente de una nueva guerra mundial deben defender a Günter Grass y oponerse a los belicistas de Berlín, Washington y Tel Aviv así como a sus lacayos de los medios”, escribió el WSWS en esa época. El mismo mensaje se aplica al caso de Peter Handke.

El autor también recomienda:

El austríaco Peter Handke, la opinión pública europea, y la guerra en Yugoslavia [en inglés]

[11 de agosto de 1999]

(Publicado originalmente en inglés el 9 de diciembre de 2019)