Los candidatos presidenciales Demócratas: Una evaluación socialista

Kamala Harris: Orden público con una dosis de la política identitaria

por Dan Conway
5 agosto 2019

El World Socialist Web Site ha empezado con una serie ocasional de artículos perfilando a los candidatos importantes por la nominación del Partido Demócrata en las elecciones de 2020. Escritores del WSWS examinarán la historia y el programa políticos de cada candidato, y harán caso por una alternativa socialista por la clase obrera a los Demócratas así como a la administración de Trump. Perfiles de Elizabeth Warren y Pete Buttigieg ya se han publicado.

Entre las dos docenas de candidatos que actualmente se postulan la nominación presidencial Demócrata de 2020, la senadora de California Kamala Harris ha aparecido regularmente entre los cinco candidatos principales por la nominación del partido desde anunciar su candidatura el enero pasado.

Kamala Harris, en ese entonces fiscala general de California, posa para una foto con agentes de la Patrulla Fronteriza estadounidense en la valla fronteriza en 2011 [Crédito: Oficina del Fiscal General de California]

Los medios corporativos así como el establecimiento del Partido Demócrata han aclamado su rendimiento en el debate de junio 26-27 en Miami, cuando ella atacó a exvicepresidente Joe Biden sobre sus comentarios sobre transporte antisegregacionista y trabajar con Demócratas segregacionistas en el Senado. Ella ha subido en las encuestas y la recaudación de fondos desde luego, alcanzando el primer lugar en una encuesta de votantes de California esta semana por la primera vez.

En vista de que dos de sus cuatro rivales principales son hombres blancos en sus setenta, la Harris de 54 años, en vista de su género y ascendencia mezclada de Jamaica e India meridional, es una selección probable por vicepresidenta aunque falla a ganar la nominación, considerando la adopción del Partido Demócrata de la política de género y la identidad racial.

Harris, como el resto del ámbito Demócrata, está tratando de fingir ser una alternativa progresista a Trump, mientras, en su caso, intenta dividir la diferencia entre Biden, el favorito “moderado”, y sus rivales principales de la facción “izquierdista” del partido, Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Harris ha intentado ser ambas cosas a la vez, combinando el argumento de “elegibilidad” de Biden con la sugerencia de que, como exfiscala, desafiaría a Trump agresivamente.

En el corazón de la candidatura de Harris–hasta la consideración de sus credenciales por la clase dirigente–es su registro como una operadora despiadada en los ámbitos de la justicia penal y la seguridad nacional. Ella fue la fiscala en San Francisco por seis años, luego la fiscala general estatal por el mismo tiempo, antes de ganar un escaño de Senado en 2016.

Líderes Demócratas del Senado han promovido a Harris desde el inicio, dándole asignaciones de comité deseables, el de Presupuestos, Seguridad Doméstica, y el de Poder Judicial incluidos, donde ella fue divulgada mucho por su papel en el preguntar del nominado de la Corte Suprema, ahora juez, Brett Kavanaugh.

Más relevador fue su nombramiento al Comité de Inteligencia en 2017–la única Demócrata recién elegida que recibió una posición tan crucial, y una indicación que, por la consideración del establecimiento del Partido Demócrata y el aparato de inteligencia militar, Harris es un “par de manos seguro”.

Harris ha pagado esta confidencia por obrar como la mujer principal, entre los candidatos presidenciales Demócratas, por la campaña falsa anti-Rusia, exigiendo la destitución de Trump, no por sus violaciones flagrantes de la Constitución Estadounidense ni su persecución de inmigrantes, pero basada en la mentira de fobia anticomunista de McCarthy de que él es títere de Moscú.

Hablando en la asamblea del Partido Demócrata de California a principios de junio, Harris dijo, “Hablemos sobre este denominado comandante en jefe. Repite como un loro las mentiras rusas en vez de las palabras de líderes de inteligencia estadounidense y de orden público. Niega que Rusia intervino en las elecciones presidenciales estadounidenses. Necesitamos comenzar con el procedimiento de destitución y necesitamos a un nuevo comandante en jefe”.

Ella continuó de esta manera en el debate Demócrata de junio de 27, cuando ella repetidamente atacó a Trump sobre la política exterior, declarando, sobre Corea del Norte, que Trump “abraza a Kim Jong-un, un dictador, en aras de un photocall”, añadiendo que “él cree las palabras del presidente ruso sobre las de la comunidad de inteligencia estadounidense cuando se trata de una amenaza a nuestra democracia y nuestras elecciones”. En una entrevista después del debate en MSNBC, Harris atacó a Trump por creer “la palabra de un príncipe saudí sobre la de la comunidad de inteligencia estadounidense” sobre el asesinato de Jamal Khashoggi.

Para Harris, así como para todo el Partido Demócrata, no hay ninguna ruptura más grave de las normas políticas que fallar a creer “la palabra de la comunidad de inteligencia estadounidense”.

Una fiscala de carrera

Harris empezó su carrera política en 1990 como la fiscala adjunta del Condado Alameda, que incluye la ciudad de Oakland, antes de cruzar la bahía para una posición similar en San Francisco en 1998. Rápidamente hizo conexiones altas, circulándose por las élites, donde cultivaba a patronas como la heredera de un imperio de petróleo, Vanessa Getty. Brevemente salió con el portavoz de la Asamblea de California Willie Brown, quien se convirtió en el alcalde de San Francisco y promovió la carrera política e intereses financieros de Harris.

Kamala Harris con el fiscal general Eric Holder bajo la administración de Obama [Crédito: Lonnie Tague por el Departamento de Justicia]

Para cuando Harris decidió a postularse contra el fiscal titular de San Francisco Terence Hallinan en 2004, ella pudo recaudar más fondos que él dos por cada uno y pagó tanto dinero que la Comisión de Ética le impuso una multa récord por violar la ley de financiación de campañas municipal. Hallinan, un exabogado defensor con lazos a círculos radicales del área de la Bahía de San Francisco–su padre había sido el candidato presidencial del Partido Progresista en 1952–fue opuesto por el establecimiento de empresas, los sindicatos de policía, y el San Francisco Chronicle, cuyo editorial sobre el concurso llevó el titular: “Harris, por orden público”.

Seis años más tarde, Harris fue la selección de consenso del Partido Demócrata por la posición de fiscala general que dejaba atrás Jerry Brown, quien era el candidato Demócrata por gobernador. Ella se postuló con el apoyo de su congresista local, Nancy Pelosi, y los dos senadoras Demócratas, Dianne Feinstein y Barbara Boxer.

Como una fiscala municipal, así como la oficial de orden público en el estado más grande estadounidense, Harris se hizo un nombre por sí misma como una defensora de “orden público” estricta. Como la fiscala de San Francisco, ella se enorgullecía de sus tasas de condena muy altas, obtenidas generalmente sin preocuparse por la práctica legal ética. Condenas por delitos graves aumentó de 52 por ciento en 2003 a 67 por ciento en 2006 bajo su liderazgo.

Este aumento en condenas, sin embargo, a menudo se debió a mala conducta por parte de Harris y su oficina. En 2012, la jueza del Tribunal Superior Ann-Christine Massulo falló que la oficina de Harris había violado los derechos de acusados por ocultar información perjudicial sobre un técnico corrupto del Laboratorio de criminalística que había robado drogas y falsificado reportes.

Como fiscala general estatal, Harris defendió el caso de gran repercusión mediática del sistema de prisiones estatal contra fallos del tribunal que condenaban el hacinamiento y el maltrato de prisioneros como “penas crueles e inusuales” inconstitucionales. Ella buscó el fin de la supervisión por cortes federales de las prisiones, y más tarde se defendió su promoción agresiva con la declaración cínica que como la representante principal legal del gobierno estatal, “Tengo un cliente, y no tengo la oportunidad de elegir a mi cliente”.

En 2015, Harris intentó anular un fallo de una corte inferior que declaró que las leyes estatales sobre la condena de muerte eran crueles e inhumanas. De nuevo, Harris afirmó que simplemente defendía a su cliente, el estado de California, que no necesariamente reflejó sus propias opiniones sobre el tema.

Cuando la Corte Suprema en Brown contra Plata en 2014 declaró que las cárceles estatales eran tan superpobladas que constituían pena cruel e inusual, Harris luchó contra el fallo. Prisioneros dormían en literas para tres personas, se enfermaban y se morían por falta de atención médica. Subsecuentemente ordenaron al estado de California que redujera el tamaño de su población carcelaria por 40.000 presos. Harris en realidad argumentó que si California liberó a los presos demasiado temprano, el estado perdería un fuente de labor importante, citando su dependencia en presos sin entrenamiento arriesgándose las vidas combatiendo incendios forestales por $2 al día.

En 2015, Harris defendió condenas obtenidas por fiscales del condado después de que los fiscales habían insertado confesiones falsas en transcripciones de interrogaciones. Harris afirmó en ese momento que el perjurio no era suficiente para demostrar mala conducta fiscala.

El carácter vengativo y antidemocrático de su permanencia como fiscala general tampoco fue limitado al tribunal. En 2010, Harris propuso una ley, más tarde firmada por Gobernador Arnold Schwarzenegger, que buscaba mejorar las escuelas por encarcelar a los padres de estudiantes fugados y someterles a multas de hasta $2.000. Aunque la ley explícitamente hizo que tiempo en la cárcel fuera probable para los padres de estudiantes fugados, Harris afirmó en una entrevista con CNN el mayo pasado que enviar a los padres a la cárcel era una “consecuencia inesperada” de la ley.

Harris usó sus poderes como fiscala para atacar viciosamente a los pobres y a la clase obrera, mientras hacía todo lo posible para proteger a los policías y los políticos de pena. Esto está en marcado contraste con lo que su campaña afirma fue su registro de progresismo virtualmente impecable mientras estaba en oficina. En su libro, Las verdades que sostenemos, emitida para lanzar su campaña, Harris mezcla la norma típica sentimental con falsificaciones abiertas sobre su registro político. Ella se describe como una “fiscala progresista”. Además, afirma que ella “usó los poderes de la oficina con un sentido de equidad, perspectiva, y experiencia”.

Muchos que han seguido su carrera como fiscala han tenido una perspectiva diferente, sin embargo. Lara Bazelon, exdirectora del Proyecto por los Inocentes de la Facultad de Derecho de Loyola en Los Ángeles, escribió en un artículo de opinión en el New York Times, “Una vez tras otra, cuando progresistas la urgieron que adoptara reformas de orden público como fiscala y luego como fiscala general estatal, Señora Harris los oponía o se quedaba en silencio”. Donald Specter, director ejecutivo de la Oficina de Ley de Prisiones, dijo en una entrevista con el Daily Beast, “Por lo que sé yo, ella hizo muy poco, si hiciera algo en realidad, para mejorar al sistema de orden público mientras ella era la fiscala general”.

Adoptando la apariencia de una “progresista”

Harris lanzó su campaña presidencial con el lema, “Kamala Harris por la gente”, una referencia a la declaración de identificación hecha por fiscales y otros querellantes al aparecer en una corte. Mediante sacudidas, adoptó posiciones sobre una variedad de cuestiones económicas y sociales que se puede representar como vagamente “progresistas”, aunque al examinarlas cuidadosamente generalmente no significan nada. En las pocas ocasiones en que ella sí ha dicho, tal vez sin querer hacerlo, un sentimiento “izquierdista”, ella siempre lo cualifica o da un paso atrás el próximo día.

De esa manera abrazó el llamamiento de Bernie Sanders por “Medicare para todos”, pero dos veces se ha revertido en la cuestión de terminar el seguro médico privado en favor de un sistema financiado federalmente, una indicación que ella realmente no tiene ninguna intención de implementar tal plan.

Kamala Harris [Crédito: Oficina del Fiscal General de California]

Harris también propuso, así como su compañera candidata presidencial Elizabeth Warren, un proyecto de ley del Senado que es conocido como la Ley de Divulgación de Riesgos Climáticos que usaría “fuerzas del mercado para acelerar la transición de combustibles fósiles a energía más limpia”. El proyecto de ley estaba basado en la afirmación de exvicepresidente Al Gore y otros líderes del Partido Demócrata que la limpieza ambiental y “energía verde” se pueden promover como empresas lucrativas.

Esta propuesta quebrada no conlleva ningunas sanciones para compañías contaminantes. No les requiere hacer nada para frenar la polución además de listar la cantidad de gases de efecto invernadero que emiten, cuales combustibles fósiles usan y como se afectaría la valoración de sus activos si redujeran sus emisiones de dióxido de carbono en consonancia con los Acordes del Clima de París.

Sobre inmigración, Harris también ha prometido proteger a receptores de DACA de deportación y públicamente se opuso al muro de Trump en la frontera con México. Tácitamente apoyó la reciente aprobación del Senado de $4,6 mil millones por la red de campos de concentración para inmigrantes en la frontera entre Estados Unidos y México. Como los otros Demócratas del Senado postulándose la presidencia, ella no participó en la votación. El proyecto fue aprobado por una margen bipartidista de 84 contra 8.

Se propuso otras propuestas legislativas con un ojo a su popularidad política entre votantes en las primarias Demócratas, para dar a Harris una imagen más liberal que su registro verdadero en California o Washington. Ella apoyó la legalización federal de marihuana recreacional y aumentos en los salarios de defensores públicos al nivel de sus colegas estatales. Después de una ola de huelgas de maestros, Harris exigió un aumento de $13.500 al año para todos los maestros en EUA.

Ella también ha exigido un aumento del salario mínimo a $15 a la hora, que, además de quedar a los trabajadores todavía severamente empobrecidos, también haría a muchos de estos trabajadores inelegibles para programas de asistencia pública como cupones para alimentos, subsidios de vivienda, y Medicaid.

En parte, la falta comparativa de habilidad de Harris en afectación populista está basada en sus propias circunstancias de vida. Ella ha ganado salarios de seis figuras durante décadas y ahora es multimillonaria. Según sus declaraciones fiscales, emitidas en abril, ella y su esposo, el abogado rico Douglas Emhoff, tuvieron un ingreso bruto de $1.884.319 en 2018, poniéndolos cómodamente en el máximo 0,1 porciento. La mayoría de eso provino de la oficina de derecho de entretenimiento de Emhoff, mientras Harris ganó $157.352 en salario del Senado y $320.125 en beneficio neto de su memoria de campaña.

Mientras Harris ha sido tibia e inconsistente en sus intentos de la demagogia social–no es el talento natural de alguien que ha pasado la mayoría de su carrera en encarcelar a personas o defender las atrocidades de la policía contra la clase obrera–ella ha mostrado un poco más de energía en abrazarse a la política identitaria, que ella ha invocado como la primera fiscala “afroamericana y mujer” de San Francisco, la primera fiscala general “afroamericana y mujer” de California, y actualmente como la única senadora afroamericana y hembra estadounidense.

Harris abrazó a la campaña de #MeToo, es entre los primeros en exigir la renuncia del senador de Minnesota Al Frank sobre acusaciones de mala conducta sexual. Se hicieron estas exigencias a pesar de que ninguna de las alegaciones ha sido probada cierta e incluso si hubiera pasado, ninguno habría subido ni siquiera al nivel de un cargo de delito menor.

Harris introdujo un proyecto de ley conocido como la Ley de Asistencia Maternal para abordar las disparidades raciales en la asistencia de mujeres afroamericanas embarazadas que han causado muertes relacionados con el embarazo que ocurren de una tasa 3,3 veces más que a mujeres blancas. El proyecto de ley se introdujo después de un informe el 10 de mayo emitido por Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

El informe de los CDC recomiendan ampliamente un enfoque más científico a la cuestión, incluyendo acceso mejor a programas prenatales y otros servicios para mujeres embarazadas, programas de vivienda temporal, adopción de protocolos mejores de sepsis, hemorragia, y transfusión entre personal médico, etcétera. La Ley de Asistencia Maternal, por el otro lado, pone la base del problema en la raza y particularmente en lo que ella afirma que sea el sesgo amplio y consciente de médicos. El proyecto asignaría $150 millones para identificar embarazos de alto riesgo para “proveer a nuevas madres la asistencia culturalmente competente y los recursos que necesitan”.

En este punto de la campaña, se puede decir que Harris, más que cualquier otro candidato, ha asumido la capa reaccionaria de la política de identidades. En ese sentido, ha tomado como referencia la campaña de 2016 de Hillary Clinton. La hermana menor de la senadora, Maya Harris, fue la asesora política superior de la campaña de Clinton de 2016 y actualmente trabaja como presidenta de la campaña de Harris de 2020.

La menor Harris también trabaja como una analista política por MSNBC y ahora está casada con Tony West, abogado general por Uber y exfiscal general asociado por la administración de Obama. Maya Harris también editó borradores del libro de 2010 de la profesora de ley de la Universidad de Stanford Michelle Alexander The New Jim Crow. El libro, que pasó una cantidad significativa de tiempo en la lista de altas ventas del New York Times, argumentó que un sistema de casta racial existía en los Estados Unidos, ampliamente enforzado por las acciones de blancos pobres, que supera muchísimamente cualquier y toda consideración de clase como una división social significativa.

No se puede dudar que si Harris ganara la presidencia, los medios burgueses le someterían al público a una tormenta de propaganda constante, celebrando el carácter transformativo de la primera presidenta afroamericana y mujer. Harris, que es de ascendencia de Jamaica e India, solamente es la tercera mujer de ascendencia africana que se postula la oficina.

Esto no cambiaría de ninguna manera el hecho de que una administración de Harris sería tan reaccionario como la de Trump y Obama antes.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de julio de 2019)