Trump intensifica guerra commercial contra China

por Nick Beams
3 agosto 2019

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llevó la guerra comercial de Estados Unidos contra China a un nuevo nivel con su decisión ayer de imponer un arancel del 10 por ciento sobre $300 mil millones en bienes que entrará en vigor el 1 de septiembre, junto con una advertencia de que podría ir mucho más alto.

El nuevo arancel se suma al arancel del 25 por ciento ya vigente sobre otros $250 mil millones en bienes. Su impacto será significativo porque cubre una amplia gama de productos de consumo que antes no estaban sujetos a impuestos. La decisión significa que esencialmente todas las importaciones chinas a los EUA estarán sujetas a un arancel.

Al anunciar la decisión en una serie de publicaciones en Twitter, Trump dijo que China "acordó comprar productos agrícolas de Estados Unidos en grandes cantidades, pero no lo hizo". Además, dijo que China acordó detener la venta de fentanilo, un sintético opioide, a los Estados Unidos, pero esto "nunca sucedió".

Trump describió el arancel como un "pequeño impuesto adicional", pero luego indicó que podría aumentar en etapas y podría ir "mucho más allá" del 25 por ciento en el futuro. Si bien la nueva tasa arancelaria es inferior a las impuestas hasta ahora, representa la escalada más significativa de la guerra comercial de más de un año porque las medidas anteriores se limitaron en gran medida a los productos industriales.

Las nuevas medidas cubrirán productos que van desde teléfonos inteligentes, ropa, juguetes y una variedad de otros bienes de consumo. Los únicos productos que se excluirán serán categorías selectas, incluidos los suministros médicos.

La decisión provocó una reacción inmediata en Wall Street por medio de una caída en la bolsa de valores.

Había visto una subida a principios del jueves, luego de una fuerte caída el miércoles a raíz de los comentarios del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, de que la reducción de las tasas de interés de 0.25 puntos porcentuales no era el comienzo de una serie de reducciones. Aumentó cuando comenzaron las operaciones el jueves con la creencia de que septiembre traería un nuevo recorte de tasas.

Pero, el anuncio de los aranceles produjo una fuerte reversión, con el índice Dow Jones terminando en 280 puntos, un cambio de casi 600 puntos en el transcurso del día. El S&P 500 cayó un 0,9 por ciento y el índice Nasdaq, el cual da un mayor peso a la industria de alta tecnológica, perdió un 0,8 por ciento. En otra indicación del sentimiento del mercado, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cayó por debajo del 2 por ciento, alcanzando su nivel más bajo del año.

Trump dijo que "no estaba preocupado en lo absoluto" por la respuesta negativa de los mercados. En una especie de lógica perversa, incluso podría haberlo visto como algo positivo porque la inestabilidad financiera alimenta sus esfuerzos para que la Reserva Federal reduzca aún más las tasas para impulsar los mercados. En su presentación de la decisión de la Fed de reducir las tasas el miércoles, Powell citó las "tensiones comerciales" en múltiples ocasiones como una de las razones clave de la decisión de reducción de tasas.

La decisión de intensificar la guerra comercial se produjo después de un informe a la Casa Blanca sobre las discusiones en Shanghái el martes y miércoles que involucraron al representante comercial de los Estados Unidos, Robert Lighthizer, y al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

Las negociaciones, precedidas por una arremetida de Trump contra China, acusándola de continuar "estafando" a Estados Unidos, fueron casi superficiales: una cena de trabajo el martes por la noche seguida de conversaciones que duraron solo unas pocas horas el miércoles antes de que la delegación de Estados Unidos regresara a Washington. Ambas partes emitieron declaraciones diciendo que las discusiones habían sido "constructivas", pero que el único acuerdo fue reanudar las conversaciones de alto nivel en septiembre.

Significativamente, la parte estadounidense dijo que esas discusiones involucrarían un "mecanismo de aplicación" para cualquier acuerdo comercial, pero esto no fue mencionado por la parte china. Este ha sido un punto clave en las negociaciones debido a la insistencia de Estados Unidos de que los aranceles deben permanecer vigentes hasta que Washington decida unilateralmente que China está cumpliendo con cualquier acuerdo, una posición rechazada por Beijing como un trato "desigual".

Si las futuras discusiones en Washington ocurren del todo o no es un punto discutible. Beijing, por ahora, aún no ha dado su respuesta a las últimas medidas de Trump. Pero es muy probable que China acepte participar para no dar la impresión del inicio de un colapso total. Tras la escalada de aranceles de Trump en mayo del 10 al 25 por ciento en bienes por valor de $200 mil millones, Beijing decidió asistir a las negociaciones con Washington, luego de una discusión en los círculos gobernantes.

Los funcionarios de la administración indicaron que esperaban que las negociaciones continúen. En lo que podría interpretarse como un intento de humor negro, Trump tuiteó: "¡Esperamos continuar nuestro diálogo positivo con China sobre un acuerdo comercial integral, y sentimos que el futuro entre nuestros dos países será muy brillante!".

En comentarios a los periodistas, dijo: "Si ya no quieren comerciar con nosotros, estaría bien por mí. Hasta el momento en que haya un acuerdo, les cobraremos impuestos".

De hecho, el impacto de los aranceles recaerá en los consumidores estadounidenses o en las empresas que importan productos chinos, que tendrán que decidir si pasan el impuesto o intentan absorberlo. El último arancel provocó una reacción adversa de los círculos empresariales estadounidenses.

El jefe de asuntos internacionales de la Cámara de Comercio de los EUA, Myron Brilliant, dijo: "Aumentar los aranceles un 10 por ciento sobre un valor adicional de $300 mil millones en importaciones de China solo infligirá un mayor dolor a las empresas, agricultores, trabajadores y consumidores estadounidenses, y socavará una economía estadounidense que de otro modo sería fuerte".

La escalada de la guerra comercial también tendrá efectos a más largo plazo, ya que afecta la confianza empresarial y las decisiones de inversión, particularmente en la manufactura. Según los datos de la Reserva Fderal, la producción industrial disminuyó un 1,9 por ciento anual en el primer trimestre del año y un 1,2 por ciento anual en el segundo. La caída en la fabricación disminuyó aún más, cayendo un 1,9 por ciento y un 2,2 por ciento en los dos trimestres, respectivamente.

La recesión, alimentada por las tensiones comerciales y el debilitamiento del crecimiento mundial, continúa. El Instituto de Gestión de Suministros dijo ayer que la manufactura en los Estados Unidos estaba en su nivel más bajo desde agosto de 2016 y había disminuido desde junio. La escalada de la guerra comercial solo puede intensificar esta tendencia, a pesar de las afirmaciones de Trump de que la economía estadounidense "fuerte" le da una ventaja sobre China.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 2 de agosto de 2019)