El debate demócrata: un partido de derecha desenmascarado

por Patrick Martin
3 agosto 2019

Los dos días de debates entre los candidatos presidenciales demócratas en Detroit, la segunda ronda de la campaña 2020, dieron una sorprendente demostración del carácter de derecha de este partido controlado por las corporaciones.

A pesar del esfuerzo realizado por el senador Bernie Sanders y la senadora Elizabeth Warren en la primera noche para dar a los demócratas una cara de "izquierda", con una demagogia continua sobre la atención médica para todos y asaltos retóricos contra la América corporativa, la verdadera naturaleza del Partido Demócrata salió muy clara en la segunda noche.

Un candidato tras otro atacó a sus rivales en el escenario, denunciando una u otra acción o posición pasada, invariablemente de carácter derechista. El candidato atacado respondería citando un delito aún peor cometido por su agresor.

Lo típico fue un intercambio a mitad de la sesión del miércoles por la noche entre el senador Cory Booker y el ex vicepresidente Joe Biden. Booker reprendió a Biden por su patrocinio de una serie de proyectos de ley en los años ochenta y noventa que han contribuido al aumento enorme de la tasa de encarcelamiento de afroamericanos e hispanos.

La respuesta de Biden no fue defender su historial, o expresar su arrepiento por el resultado de los cambios legales que ayudó a diseñar, sino atacar a Booker por sus propias tácticas de orden público durante sus años como alcalde de Newark, Nueva Jersey, cuando escogió un jefe de policía de derecha que se embarcó en un programa de "parar y revisar" (dirigido contra la clase trabajadora y particularmente los jóvenes de minorías), y "cero tolerancia" (exigiendo sentencias de prisión incluso por delitos menores).

Dados los historiales de derecha de todos los candidatos, había muchas municiones para todos.

En un momento, el supuestamente más "izquierda" de los diez candidatos en el escenario el miércoles por la noche, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, fue criticado por su respuesta al asesinato policial de Eric Garner, quien murió en un estrangulamiento del policía Daniel Pantaleo en 2015, ya que varios rivales lo denunciaron porque Pantaleo sigue empleado por el Departamento de Policía de Nueva York. El mismo problema fue planteado por los manifestantes dentro del Teatro Fox que comenzaron a cantar "Despide a Pantaleo".

Más tarde, los manifestantes interrumpieron al ex vicepresidente con cánticos de "3 millones de deportaciones", el número de personas deportadas bajo la administración de Obama.

Kamala Harris (izquierda) responde a Tulsi Gabbard

En otro momento, durante una discusión sobre la raza y la justicia penal, la representante Tulsi Gabbard dio una exposición detallada del historial de la senadora Kamala Harris durante sus ocho años como fiscal general del estado de California, claramente preparada de antemano, acusándola de encubrir la mala conducta de los fiscales, oponiéndose a las pruebas de ADN para un preso sentenciado a muerte que luego fue exonerado, y una hostilidad general hacia los principios democráticos elementales.

El ex vicepresidente Biden, miembro de la política estadounidense durante casi medio siglo, fue el más vulnerable a tales ataques, que invariablemente tomaron la forma de intentos de apelar al sentimiento popular de izquierda. Biden fue criticado por su voto a favor de la guerra en Irak, por su larga trayectoria como presidente del Comité Judicial del Senado al impulsar la legislación y el orden público, por el historial de deportaciones masivas del gobierno de Obama y por sus recientes garantías a los donantes ricos de la campaña que "nada fundamental cambiaría" para ellos en una administración Biden.

Los esfuerzos por hablar "izquierda" alcanzaron proporciones absurdas. La senadora Kirsten Gillibrand denunció cualquier plan de atención médica basado en un seguro privado, abrazó el Green New Deal, atacó a De Blasio por el asesinato de Garner y buscó agregar una gran dosis de feminismo a la mezcla. Uno no sabría, al escuchar su retórica de sonido radical, que ella es una exabogada de la industria tabacalera y fue una congresista demócrata de Blue Dog (la facción más derechista del partido), antes de ser nombrada para suceder a Hillary Clinton en el Senado.

Las dos noches del debate, el tema de la atención médica fue el primero que surgió y ocupó la mayor parte de la discusión. Esta fue una decisión deliberada de CNN, que transmitió el evento, sin duda en consulta con el establecimiento del Partido Demócrata y los intereses de Wall Street, que trató de empujar la discusión sobre este tema bruscamente a la derecha. Los candidatos que abogan por "Medicare para todos" —Sanders y Warren el martes por la noche, Harris, Gillibrand y De Blasio el miércoles por la noche— fueron atacados por presuntamente abogar por hacer ilegal el seguro privado.

El martes por la noche, al menos media docena de rivales atacaron a Sanders y Warren, quienes ocuparon el centro del escenario debido a su posición en las encuestas (clasificadas entre las cuatro mejores, junto con Biden y Harris). Estos ataques fueron completamente de la derecha, con afirmaciones de que los trabajadores aman su seguro privado (el odio a las compañías de seguros es casi universal), que los sindicatos han negociado generosos beneficios de atención médica que satisfacen las necesidades de los trabajadores (noticias para la mayoría de los miembros del sindicato), y las sugerencias que la oposición abierta al sistema de seguro de salud basado en las ganancias llevaría al desastre electoral.

El miércoles, Biden siguió la misma línea de ataque, con el eco del senador Michael Bennet. Defendió Obamacare, describiéndolo como un paso gigante hacia la cobertura universal en lugar de lo que es en realidad, un engaño para las compañías de seguros a expensas de los trabajadores. Y atacó los planes de "Medicare para todos" como demasiado costosos y potencialmente provocando una reacción política.

No hubo una sola pregunta sobre la pobreza, la disminución del nivel de vida de los trabajadores, la crisis de los opioides, la crisis de la educación pública. No había indicios de que Estados Unidos se encuentra en medio de una crisis política significativa, con un presidente abiertamente desafiando las normas constitucionales y avanzando hacia el establecimiento de un régimen autoritario.

Las diatribas fascistas de Trump contra cuatro congresistas demócratas y contra la ciudad de Baltimore no se mencionaron, a pesar de que el debate se llevó a cabo en Detroit, y el Teatro Fox se encuentra en el Distrito 13 del Congreso, representado por Rashida Tlaib, uno de los cuatro demócratas atacados por Trump.

Tampoco ninguno de los 20 candidatos, en ninguna de las noches, trató de plantear estos problemas de manera seria.

La pregunta sobre la economía le dio a Biden la oportunidad de jactarse de su papel en la organización del rescate de la industria automotriz en 2009 y la embestida en los trabajos, salarios y condiciones de trabajo de los trabajadores del automóvil que siguieron. Afirmó haber ayudado a "salvar a GM y Chrysler" y haber "trabajado para ayudar a Detroit a salir de la bancarrota", alardeando de su respaldo por parte del alcalde actual, Mike Duggan.

La primera noche del debate, además de los intercambios sobre atención médica, vio a casi todos los candidatos haciéndose eco del presidente Trump al abogar por el nacionalismo económico y expresar el chovinismo anti-China.

Sanders afirmó que Detroit se estaba recuperando económicamente, y luego agregó: "Detroit fue casi destruida debido a una terrible política comercial que permitió a las corporaciones echar a los trabajadores de esta comunidad a las calles cuando se mudaron a países de bajos salarios".

Warren denunció a las corporaciones multinacionales porque “No tienen lealtad a Estados Unidos. No tienen patriotismo. Si pueden ahorrar un centavo trasladando un trabajo a México, lo harán en un latir del corazón”.

Sanders luego se jactó de que él era el único miembro del Congreso que votó en contra del NAFTA y en contra de las Relaciones Comerciales Normalizadas Permanentes con China, y se hizo eco de Warren: “Elizabeth tiene toda la razón. Si alguien aquí piensa que a la América corporativa le importa un comino el trabajador estadounidense promedio, está equivocado. Si pueden ahorrar cinco centavos yendo a China, México, Vietnam o cualquier otro lugar, eso es exactamente lo que harán”.

Había una pregunta obvia planteada por la demagogia anticorporativa de Warren y Sanders. Caracterizaron correctamente la criminalidad desenfrenada en Wall Street, en las compañías de seguros, en la industria farmacéutica, en la industria de los combustibles fósiles, áreas que comprenden una parte sustancial de la economía estadounidense. Pero proponen dejar a los criminales a cargo de la escena del crimen: ninguno de los demócratas propone la más mínima incursión contra las relaciones de propiedad capitalistas. La palabra nacionalización nunca aparece, y en cuanto a "socialismo", Sanders ha dejado en claro que esto no significa nada más para él que el liberalismo del New Deal de Franklin Roosevelt.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de agosto de 2019)