Burocracia sindical chilena pide a maestros poner fin a huelga de cinco semanas

por Andrea Lobo
11 julio 2019

El Colegio de Profesores (CdP) en Chile encabezado por el pseudoizquierdista Frente Amplio está llamando abiertamente a los 80,000 educadores públicos que se han mantenido en huelga desde el 3 de junio a finalizar su paro y aceptar una oferta que efectivamente ignora sus demandas.

Después de una reunión a puerta cerrada con los oficiales del Ministerio de Educación el lunes, el presidente del sindicato, Mario Aguilar, salió con las manos vacías, presentándoles a los docentes la misma oferta que el 74 por ciento había rechazado una semana antes.

Describiendo la “titularidad” de horas extra y la eliminación de la “doble evaluación” para docentes como un “gran logro”, Aguilar declaró: “Tomemos lo que nos ofrecieron y hagámoslo cumplir. Y repleguemos el movimiento, depongamos el paro y volvamos a clases justo antes de vacaciones. Y así podemos elaborar un plan de acción para los meses siguientes”.

Está en marcha otra votación el miércoles entre los docentes como un último esfuerzo para darle una semblanza democrática a la traición inminente de la huelga por parte del sindicato.

No obstante, fue la eliminación de historia, educación física, artes y música del currículo central en las secundarias que desató movilizaciones espontáneas el mes pasado entre maestros y estudiantes universitarios en Valparaíso, Santiago y Antofagasta y que fueron fuertemente reprimidas. Estas acciones espontáneas obligaron al Colegio de Profesores a convocar la huelga “indefinida”.

Los maestros comenzaron presentando sus demandas a los medios de comunicación en redes sociales, describiendo goteras, infestaciones de roedores, estructuras precarias, la falta de libros y otras condiciones deplorables en las escuelas públicas que ponen de manifiesto la realidad del “milagro chileno” en que el capital financiero ha disfrutado un grado de libertad prácticamente único en el mundo.

Además de los cambios al currículo, los docentes están exigiendo importantes aumentos en inversiones para tener escuelas seguras y decentes, con los materiales pedagógicos necesarios, así como el pago de miles de millones de dólares en bonos no pagados desde 1981 —apodados la “deuda histórica”— y salarios profesionales para los educadores especiales (diferenciales) y de preescolar (parvularios).

Los maestros expresaron su profunda indignación hacia el CdP el martes en las redes sociales del sindicato. “Por qué les mienten a las bases que la deuda histórica se reconoce [en el contrato] si ese no es el caso?”, dijo una maestra. “Es triste lo tanto que hemos sacrificado por nuestros niños para apoyar la huelga para que se vendan así”, dijo otra. “Esta respuesta es una burla. Siento como si me escupieran en la cara”, señaló un maestro. “Después de leer, analizar y discutir la respuesta, me quedo con una angustia negra en el alma. Solo me dan ganas de llorar y que nuestros esfuerzos no sirvieron para nada”, escribió otra. “Por qué mienten si todavía hay discriminación [para docentes diferenciales y de párvulos] con más carga laboral, teniendo que hacer la certificación CPEIP por una burla de pago”, fue otra de las muchas denuncias.

Las privatizaciones y liberalización impuestas desde el golpe de Estado respaldado por la CIA que instaló la dictadura fascista bajo el general Augusto Pinochet en 1973 y defendidas por toda la élite política desde entonces han resultado en el sistema de educación más privatizado y “segregado” de los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). El 60 por ciento de los estudiantes van a escuelas privadas, mientras que el 70 por ciento de los estudiantes en escuelas públicas vienen de familias de bajos recursos, según la OCDE.

Viendo que los maestros están asumiendo una postura seria contra tal desigualdad social, cientos de miles de doctores, enfermeros, trabajadores ferroviarios, estibadores, estudiantes y sectores más amplios de la clase obrera han participado en las manifestaciones masivas junto con los docentes y expresado un apoyo popular por la huelga.

Las declaraciones de la ministra de educación, Marcela Cubillos, en las que utilizó a los docentes como chivos expiatorios por la crisis social creada por el capitalismo llevaron a un enojo popular incluso mayor en las calles y redes sociales. La huelga “a quien más daña es a los niños de la educación pública. Y genera una brecha y una desigualdad muy difícil de remontar”, afirmó.

La ola de militancia que ha sacudido Chile vio una huelga de 14 días de mineros en la mina estatal de Chuquicamata, la cual fue vendida por los sindicatos afiliados a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la cual también hizo que los trabajadores votaran el mismo contrato dos veces.

Más de 17,000 trabajadores en Walmart votaron en una abrumadora mayoría a favor de realizar la huelga más grande en el sector privado, para protestar los despidos masivos relacionados con la automatización. Sin embargo, durante un periodo legal “conciliatorio” de cinco días, el Sindicato Interempresa Líder (SIL) de la CUT aceptó inmediatamente las apelaciones de la empresa de posponer la huelga por lo menos hasta hoy. Lejos de garantizar sus puestos de trabajo y reinstalar a los 2.000 trabajadores ya despedidos este año, SIL ha ofrecido venderse por un aumento salarial miserable de 4 por ciento.

La burocracia de la CUT y el Gobierno del presidente milmillonario de derechas, Sebastián Piñera, están haciendo todo lo posible entre bastidores para prevenir la confluencia de sus luchas y la supresión del descontento popular. Tal corporativismo se consolidó en Chile con la creación de sindicatos títeres como el Colegio de Profesores bajo la dictadura de Pinochet.

Durante la “transición a la democracia” en 1990 y desde entonces, la subordinación de los sindicatos a la clase gobernante solo se ha fortalecido con la elevación del estalinista Partido Comunista, el Partido Socialista y el Frente Amplio a la dirección de estos sindicatos. Su papel ha sido crucial en proteger el gobierno burgués, continuar y profundizar la imposición de los dictados de la aristocracia financiera en Chile y sus patrones estadounidenses y europeos.

La traición en marcha de la huelga docente es otra exposición manifiesta de la bancarrota de todos los grupos políticos. El presidente del CdP, Aguilar, un miembro del Partido Humanista, fue electo en 2016 con el apoyo de las otras fuerzas del Frente Amplio, el cual compone ahora el tercer bloque más grande en el Congreso chileno. El directorio nacional de 11 miembros incluye a miembros actuales y pasados del estalinista Partido Comunista, incluyendo al expresidente Jaime Gajardo y la líder de la CUT, Bárbara Figueroa.

La dirección bajo Aguilar participó en importantes huelgas y protestas nacionales durante 2017 y 2018 que, en última instancia, se utilizaron para difuminar el enojo masivo por el incumplimiento de las promesas del Gobierno de coalición estalinista-socialdemócrata bajo la presidenta Michelle Bachelet, incluyendo la educación universitaria gratis y la eliminación gradual del sistema de pensiones privatizado.

Ahora, esta dirección sindical se haya en la línea de frente de los esfuerzos de la clase gobernante para contener otra ola de malestar, la cual, mientras que se desencadenó por el colapso del sistema de educación pública, es parte de una explosión social incipiente contra la desigualdad social y el capitalismo. Bloomberg citó recientemente al analista político de la Universidad de Valparaíso, Guillermo Holzmann, quien indicó: “Piñera está en una coyuntura en la que necesita atender las cuestiones en torno a la desigualdad. Si no lo hace, Chile descenderá en un escenario de mayor conflicto social”.

La fracción reformista Nuestra Clase dentro del CdP, la cual es encabezada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de tendencia morenista, ha desempeñado un papel que no es menos criminal. Su publicación en línea, La Izquierda Diario y su miembro y presidenta de la comunal del CdP de Antofagasta, Patricia Romo, quien también es líder de Nuestra Clase, han encauzado la militancia de los maestros detrás de apelaciones detrás de estos operadores y estas instituciones de la clase gobernante capitalista, las cuales no merecen ni una pizca de confianza de parte de la clase obrera.

“La única manera de conquistar las demandas docentes de verdad y mantener la unidad del gremio apoyando a las educadoras diferenciales, es que el CdP, la CUT, Confech [Confederación de Estudiantes de Chile], federaciones estudiantes [ sic ] y movimientos sociales, convoquen a un gran paro nacional unificado…”, escribió el PRT en respuesta al llamado de Aguilar a poner fin a la huelga.

Los grupos estalinistas, socialdemócratas, morenistas y de otras tendencias pseudoizquierdistas representan a capas acomodadas de la clase media que emplean una retórica “populista de izquierda”, incluso mencionando a veces el socialismo y la revolución social, junto con la política de identidades, para traicionar y encadenar a la clase obrera a la política burguesa y sus instituciones, principalmente los sindicatos, a instancias de la burguesía nacional y el imperialismo, a cambio de puestos, financiamiento y privilegios en los sindicatos, la academia, política y ONGs.

Los trabajadores deben extraer las conclusiones necesarias de la historia de traiciones interminables por parte del nacionalismo pequeñoburgués y burgués y su papel en los sindicatos y construir una nueva dirección revolucionaria basada en el programa socialista e internacionalista del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de julio de 2019)