ISO encubre el rol del Partido de los Trabajadores en la victoria de Bolsonaro en Brasil

por Miguel Andrade y Bill Van Auken
7 noviembre 2018

Ha pasado poco más de una semana desde la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. El demagogo fascistoide y excapitán del ejército ganó el 55 por ciento de los votos, derrotando al candidato del Partido de los Trabajadores (PT) Fernando Haddad, quien ganó el 45 por ciento. En una elección marcada por una hostilidad abrumadora hacia el establishment político en Brasil, un tercio de los votantes elegibles –cifra récord– se abstuvieron o viciaron sus votos.

Ha tomado considerablemente menos de una semana para que sea expuesta la bancarrota de la pseudoizquierda brasileña, que saltó unánimemente al vagón del PT y luchó por su victoria, adoptando variaciones de la fórmula sin sentido de “votar por Haddad sin proporcionarle apoyo político al PT". Como lo demuestran las declaraciones posteriores a las elecciones de las innumerables corrientes morenistas y pablistas que operan dentro de los sindicatos y universidades brasileñas y entre los diversos movimientos de política de identidad de la clase media-alta, su giro hacia la derecha en la segunda vuelta no fue un evento episódico. Más bien, éste continúa tras la victoria de Bolsonaro en este mismo camino hacia la derecha.

Reconociendo a espíritus políticos afines, la Organización Socialista Internacional (International Socialist Organization, ISO) en los Estados Unidos se ha solidarizado con estas fuerzas, presentando una explicación falsa y reaccionaria para el resultado de la elección en Brasil. El diario online Socialist Worker (Trabajador Socialista) del ISO publicó un artículo el 30 de octubre titulado "¿Cómo llegó al poder un monstruo en Brasil?". Fue escrito por Todd Chretien y se basó en discusiones con individuos de pseudoizquierda dentro del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), la escisión parlamentaria del PT que ofreció su apoyo incondicional al Partido de los Trabajadores en la segunda ronda.

La elección del título es reveladora. Bolsonaro es un "monstruo", presumiblemente habiendo descendido a Brasil desde el espacio exterior o escapado del laboratorio de algún científico loco, en vez del producto de la desintegración del orden "democrático" postdictadura de Brasil, bajo el impacto de la abrumadora desigualdad social, la profunda crisis económica y la corrupción generalizada de todos los partidos principales, ante todo el PT.

Chretien presenta una condensada historia de los acontecimientos políticos recientes en Brasil, afirmando que Bolsonaro se ha levantado "de los márgenes de la franja extremista de Brasil". Añade que "el único hombre que podría haber derrotado plausiblemente a Bolsonaro, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva del PT, se encuentra en la cárcel, encarcelado por cargos de corrupción inventados por los fiscales y los partidos políticos que se encuentran entre los más corruptos del mundo. Cuando Lula propuso postularse para el cargo desde su celda de la prisión, la Corte Suprema le prohibió hacerlo”.

Bolsonaro no surgió de la "franja extremista". Fue más bien como legislador federal por siete mandatos y miembro de larga data de la coalición gobernante del PT en el Congreso brasileño, uno de los muchos políticos de derecha y partidos con los que el PT se alió.

En cuanto a Lula, se le negó el derecho a participar en las elecciones conforme a la ley de Ficha Limpia que él mismo promulgó como parte de un intento de desviar las críticas de la derecha contra el PT después de una serie de escándalos de corrupción. La afirmación de que podía derrotar a Bolsonaro está lejos de ser algo seguro. El propio PT dejó de mencionar al expresidente en la campaña de segunda vuelta en medio de encuestas que indican que la mayoría de la población brasileña creía que debía estar en la cárcel.

La distorsionada reseña de las elecciones brasileñas presentadas por Chretien y los amigos del ISO en la pseudoizquierda brasileña tiene como objetivo negar el tema esencial de las elecciones: el hecho de que las elecciones fueron un referéndum sobre el completo sistema político brasileño que ha estado dominado por el PT desde el 2003.

El PT sufrió sus peores pérdidas en las regiones históricamente izquierdistas de Rio Grande do Sul, Río de Janeiro y São Paulo, las más afectadas por la caída de la actividad industrial derivada de la crisis. Las políticas de austeridad reaccionarias del PT dieron a Bolsonaro y a la extrema derecha la oportunidad de presentarse como la única oposición a los responsables de la crisis, ante todo el PT.

Haciendo caso omiso al odio de la clase trabajadora que existe por el PT, Chretien y la pseudoizquierda brasileña presentaron la victoria de Bolsonaro como el advenimiento de un movimiento fascista de masas en Brasil, concentrado particularmente en la clase obrera, a la que calumnian como intolerante e impulsada por prejuicios religiosos.

Ahora, estas corrientes han publicado, una por una, declaraciones que anuncian que apoyarán las agendas políticas del "Frente Popular de Brasil" controlado por el PT, formado por los sindicatos y aliados del PT, y su fachada izquierda, el "Frente de los Pueblos Sin Miedo" en la cual excluyen formalmente al PT de cualquier responsabilidad. Este último frente está liderado por el candidato presidencial del PSOL y exprotegido de Lula, Guilherme Boulos.

Estos frentes se extenderán aún más hacia "todas las fuerzas democráticas", incluyendo, si es posible, a la derecha nacional que el PT cortejó durante la campaña de segunda vuelta, así como los comandantes militares "constitucionalistas" a quienes el PT ha elogiado y a secciones de la prensa burguesa, que se han enervado por las comunicaciones basadas en Twitter de Bolsonaro que hacen eco del estilo de Trump.

Una de las proclamaciones de apoyo más reveladoras para este “frente unido” propuesto por la pseudoizquierda con el PT y otras secciones “democráticas” de la burguesía y el aparato estatal brasileños, fue emitida por la tendencia Resistência, que Chretien promueve (épublicó su declaración en Socialist Worker y entrevistó a sus miembros).

Resistência es una corriente morenista que se separó del Partido Socialista de los Trabajadores (PSTU) de Brasil, el principal grupo de morenistas de Brasil. La división fue el resultado de poderosas presiones de clase de los estratos pequeñoburgueses que orbitan alrededor del PT a medida que se desarrollaba la crisis. Tuvo lugar a raíz del juicio político contra Rousseff, que el PSTU había apoyado.

La declaración de Resistência es solo la expresión más completa de la fiebre pro-PT que afecta a la pseudoizquierda brasileña, la cual ha acercado al partido precisamente porque ha sido abandonada por su antigua base de trabajadores en las regiones industriales más antiguas del país, especialmente en la llamada región de ciudades industriales ABC de São Paulo, donde se fundó el PT en 1980 a raíz de las huelgas masivas que llevaron a la caída de la dictadura militar de 21 años respaldada por Estados Unidos.

La declaración comienza repitiendo la línea política del PT de que las elecciones "no fueron democráticas, sino que estuvieron manchadas por la prohibición de Lula" de participar y manipuladas por "un plan criminal para canalizar fondos no declarados para pagar la difusión masiva de noticias falsas en la elección”.

Cabe señalar que el PSOL, el partido en el que opera Resistência, dio su golpe a la "democracia" apelando al Estado brasileño, en nombre de la lucha contra las "noticias falsas", a cerrar Whatsapp, la plataforma de medios sociales más utilizada en Brasil y que fue fundamental para organizar la huelga masiva de camioneros a principios de este año y otras acciones de huelga y protesta.

La declaración sugiere firmemente que las elecciones y la victoria de Bolsonaro representaron una grave violación de una democracia brasileña supuestamente sana que podría haberse mantenido si sólo Lula, quien presidió los esquemas de compra de votos en el Congreso y la operación de corrupción masiva centrada en el gigante petrolero estatal Petrobras, habría sido liberado. Por supuesto, no se menciona el hecho de que Lula había sido durante mucho tiempo el principal beneficiario de las donaciones corporativas de los bancos, incluidos los grandes fondos no declarados en las elecciones de 2014, antes de que se prohibiera la financiación corporativa.

El PT presidió durante años las ganancias récord de los bancos y un número récord bajo de huelgas, el crecimiento sin precedentes de la desigualdad social, la duplicación de la población carcelaria del país basada en una "guerra contra las drogas" iniciada en 2006, la infiltración gubernamental de manifestaciones y los desalojos a gran escala y la militarización de la policía para la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos. Esto es lo que se les dice a los trabajadores que consideren como la "democracia" brasileña, exigiendo que cierren filas atrás de Lula para defenderla. Los que no están de acuerdo es por haber sido engañados por las "noticias falsas" de la campaña de Bolsonaro.

De manera reveladora, la declaración promueve un "Frente Unido", que se construirá con "la totalidad de la izquierda: PT, PSOL, PCdoB, PCB, PSTU, etc ." [énfasis agregado]. Este etc ., que se inserta de manera casual, está destinado a ocultar los verdaderos aliados que busca el PT, es decir, los representantes políticos y económicos de las grandes empresas brasileñas e internacionales que el Partido de los Trabajadores tratará de ganar para su lado, promoviéndose como un custodio más confiable de intereses lucrativos que Bolsonaro.

Enraizados firmemente en las políticas de identidad, la declaración continúa: “Construir este frente unido debe tomar como su punto de partido, el movimiento de mujeres que se unió contra Bolsonaro [#EleNão], colocando a más de un millón de personas en las calles el 29 de setiembre y el movimiento espontáneo callejero liderado por decenas de miles de activistas en la segunda vuelta electoral”.

En cuanto al carácter de clase de las protestas #EleNão, Resistência guarda silencio. Un perfil de los manifestantes elaborado por la Universidad de São Paulo concluyó que el 86 por ciento tenía una licenciatura o lo estaba buscando, un indicador importante de la composición de clase en un país donde el 52 por ciento de los adultos no ha terminado la escuela secundaria. El 57 por ciento total tenía un ingreso mensual de más de 4.770 reales (el equivalente a cinco salarios mínimos), y el umbral para la membresía en el 10 por ciento más rico de Brasil es de 5.214 reales.

Si bien las manifestaciones del 29 de septiembre ciertamente atrajeron a estratos más amplios que los esperados por su liderazgo feminista, se puede decir incluso con más certeza que fueron ignoradas por los trabajadores, incluidas las trabajadoras. En su plataforma fueron recibidas varias candidatas de derecha por ser mujeres, entre ellas la magnate de la agroindustria Kátia Abreu y Marina Silva, la exministra de medio ambiente del PT que es políticamente patrocinada por el heredero del banco privado más grande de Brasil, Itaú.

La orientación es clara. La oposición a Bolsonaro no debe basarse en las luchas de la clase obrera brasileña, sino en estratos privilegiados de la clase media y centrada en políticas de identidad y subordinadas al capital brasileño e internacional.

El artículo del Socialist Worker concluye con una declaración de un líder de Resistência de Río de Janeiro, quién le dice a la ISO: "Así como ustedes en los Estados Unidos necesitan solidaridad internacional en su batalla contra Trump, su apoyo a nuestra parte será decisivo en el futuro de la lucha de clases en Brasil".

La "batalla contra Trump" de la ISO está completamente subordinada al Partido Demócrata. Se centra en la derechista política de identidad de la campaña #MeToo y se alinea con los demócratas y sus aliados en el Departamento de Estado y la CIA en su disputa con Trump sobre política exterior, particularmente sobre la demanda de una política más agresiva contra Rusia y Siria. La ISO ha tratado de legitimar la intervención imperialista en Siria mediante la promoción de la ficción de una "revolución democrática siria" armada y financiada por la CIA.

El hecho de que la ISO y Resistência se reconozcan como aliados internacionales solo subraya el papel reaccionario que desempeñan ambas organizaciones en sus respectivos países. No tienen nada que ver con el marxismo; su retórica socialista no es más que una cobertura para su política burguesa e imperialista. Las políticas de ambas organizaciones expresan los intereses no de los trabajadores, sino de los estratos privilegiados de la pequeña burguesía y se dirigen, en el análisis final, a descarrilar y reprimir el desarrollo de un movimiento revolucionario independiente de la clase obrera.

La elección de Bolsonaro en Brasil subraya los graves peligros que enfrenta la clase obrera brasileña e internacional. No pueden ser respondidos subordinando a los trabajadores a un "frente democrático" dominado por el PT y otros partidos de la clase dominante.

Los verdaderos socialistas deben dejar claro a la clase obrera brasileña que el “monstruo” Bolsonaro no cayó del cielo ni se levantó de los infiernos, sino que es el producto de la crisis subyacente del capitalismo brasileño y la ruptura del orden político burgués existente, con el PT en su centro. La lucha por la movilización revolucionaria independiente de la clase obrera en Brasil solo puede comenzar con una ruptura irreconciliable con el Partido de los Trabajadores y con todas las organizaciones de pseudoizquierda que lo orbitan y promueven.

(Publicado originalmente en inglés el 6 de noviembre de 2018)