Se expande movimiento huelguístico en Venezuela ante deterioro de condiciones sociales

por Andrea Lobo
24 julio 2018

Las huelgas y manifestaciones cada vez más frecuentes en importantes sectores de la clase obrera venezolana han comenzado a confluir en forma de una huelga general contra el Gobierno del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) bajo Nicolás Maduro.

Por su parte, el Gobierno ha buscado intimidar a los trabajadores y recostarse sobre el ejército y la Guardia Nacional para detener las manifestaciones y huelgas. Al mismo tiempo, los partidos de la oposición de derecha están teniendo dificultades para controlar la dirección del creciente descontento social. Su objetivo es encauzarlo detrás de una nueva campaña para derrocar al Gobierno de Maduro e instalar un régimen títere estadounidense.

Los reportes en las redes sociales y la prensa de esta semana indican, sin embargo, que hay una oposición amplia hacia los sindicatos, con trabajadores cargando pancartas que dicen “líderes de sindicatos traidores de los trabajadores”.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reportó esta semana que el 2018 ha sido testigo de más de 5.300 manifestaciones, principalmente exigiendo comida, agua y salarios dignos. Nueve personas han muerto en amotinamientos por alimentos y tres más en otras protestas, algunos a manos de la policía y otros a manos de civiles armados.

La Academia Nacional de Ciencias Económicas informó esta semana que, durante el primer semestre del año, la inflación alcanzó 4.500 por ciento y, pese a aumentos al salario mínimo, el poder adquisitivo ha caído aproximadamente 80 por ciento en los primeros seis meses del año. El Fondo Monetario Internacional ha proyectado una contracción económica del 15 por ciento este año.

Desde el 25 de junio, las enfermeras han exigido una huelga indefinida por medio de piquetes diarios por todo el país para protestar sus salarios miserables, la falta de medicinas y equipos, y el cierre de unidades enteras, en medio de un colapso generalizado del sector de salud.

El miércoles, el sindicato del sector eléctrico anunció una huelga indefinida comenzando el lunes para exigir mayores salarios, llamando a otros sectores a unirse. Más temprano este año, los trabajadores textiles, eléctricos, maestros del sector público y los profesores universitarios han llevado a cabo huelgas importantes.

Los investigadores, estudiantes y administradores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) realizaron un paro el miércoles y jueves exigiendo mayores salarios y más inversiones estatales. Se les unieron los trabajadores de CANTV, un proveedor estatal de internet y telefonía. Desde el miércoles, los trabajadores de la compañía eléctrica Carpoelec, maestros, doctores, pensionados y otros trabajadores también participaron en aproximadamente una docena de manifestaciones por toda la capital, Caracas.

Más allá, los residentes de comunidades de clase obrera como El Cementerio, El Paraíso y San Pablito de Caricuao, localizadas en la periferia occidental de Caracas, bloquearon autopistas para exigir una reparación del servicio del agua, el cual ha estado cortado por cuatro meses. La Guardia Nacional utilizó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, incluyendo a adultos mayores y niños.

El viernes, los trabajadores de la cadena estatal de supermercados Abastos Bicentenario realizaron una huelga y se manifestaron en frente de la Asamblea Nacional Constituyente para denunciar una serie de despidos masivos que han ocurrido durante el último mes, además de las condiciones deplorables de trabajo y la pérdida de beneficios.

La respuesta del Gobierno al crecimiento de la militancia y oposición de masas ha sido apelar al ejército, atacar las manifestaciones, censurar contenidos en línea y criminalizar toda oposición.

Mientras que el aumento del salario mínimo para trabajadores civiles fue de 103 por ciento el mes pasado, los soldados vieron su salario aumentar 2.400 por ciento.

En su programa televisivo el jueves, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, calificó a todos los jóvenes que se oponen al Gobierno como “criminales”.

Hay una preocupación cada vez mayor en la burocracia sindical por el movimiento huelguístico. Iván Freites, titular de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros (FUTPV) y miembro del partido derechista Voluntad Popular dirigido por Leopoldo López —una figura fuertemente promovida por Washington y la prensa occidental como el líder de la oposición— anunció el martes que había viajado a distintos estados y se “percataron de la situación actual” entre los trabajadores.

Hay señales de una oposición ferviente, según indicó, con el enojo desbordándose después de que cuatro trabajadores fueran culpados por un derrame de petróleo este mes y encarcelados.

“Llamamos a todos los sectores, a los empresarios, trabajadores, gremios y sindicatos, a todos los convocamos a unirse a este llamado de huelga. Hay que considerar esta protesta general como una salida a la crisis y la restitución del orden institucional de Venezuela”, manifestó. La Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) —el mayor ente sindicato del país y un afiliado del AFL-CIO estadounidense— presentó inquietudes similares.

Viniendo de figuras clave dentro de la oposición burguesa, estas declaraciones constituyen una apelación al dividido conjunto de partidos derechistas y facciones sindicales para que canalicen el descontento que se expande desde abajo detrás de sus esfuerzos para derrocar al Gobierno de Maduro.

Después de una reunión el día anterior entre líderes de los partidos de oposición que se han constituido como un “frente amplio” —incluidos Acción Democrática, Voluntad Popular, Primero Justicia, entre otros partidos— un vocero del frente, Víctor Márquez, anunció en una conferencia de prensa el viernes que la oposición estaba discutiendo una “gran protesta nacional”.

En comparación con la situación de hace un año, cuando la Mesa de Unidad Democrática (MUD) convocó una “huelga nacional” con poco éxito, en medio de manifestaciones instigadas por provocadores derechistas que se cobró más de 150 vidas, Márquez indicó “Aspiramos que la articulación sea mayor; ahora la protesta es mucho más generalizada”.

La hostilidad y el temor inspirados por las crecientes demandas de los trabajadores de que atiendan sus desesperadas necesidades sociales explica las nerviosas “consultas” entre los dirigentes políticos y sindicales de la oposición.

Su lucha por atajar la oposición social se recrudece en medio de sanciones estadounidenses contra las líneas vitales de crédito y divisas extranjeras del país, incluyendo la venta de bonos de deuda y de petróleo por medio de la petrolera estatal PDVSA. El imperialismo estadounidense ha buscado utilizar las sanciones para profundizar el sufrimiento del pueblo venezolano y recrudecer la crisis política del Gobierno, esto con la intención de empujar a facciones del ejército y la burocracia estatal a rebelarse contra Maduro.

A pesar de tener desacuerdos al respecto con sus miembros del gabinete y asesores, varios informes indican que el presidente Donald Trump les ha insistido a oficiales estadounidenses y regionales sobre la opción de una intervención militar encabezada por EUA para deponer a Maduro.

El centro de pensamiento Stratfor, cercano al Pentágono y al aparato de inteligencia estadounidense, escribió en mayo que Washington podría buscar “desestabilizar la economía y complicar la habilidad del Gobierno para permanecer en el poder”, esperando que ocurran “protestas masivas y violentas por parte de ciudadanos insatisfechos o un golpe militar por parte de oficiales hartos”.

La clase obrera se enfrenta a la amenaza de una guerra civil entre dos facciones contrarrevolucionarias y represivas de la clase gobernante y la posibilidad de una intervención militar estadounidense.

El crecimiento de las luchas de clases en Venezuela necesita ser conectado urgentemente con las luchas cada vez más militantes de los trabajadores internacionalmente y  organizarse independientemente de todas las secciones rivales de la clase gobernante y sus respectivas facciones en la burocracia sindical y las fuerzas armadas, como parte de una lucha política para destruir el capitalismo y por la revolución socialista mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de julio del 2018)