Trump contra demócratas: dos facciones reaccionarias disputan política exterior

17 julio 2018

La reunión programada par el lunes entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente ruso, Vladimir Putin, ha sido precedida por una avalancha de propaganda de los demócratas, sus aliados en los medios de comunicación y las agencias de inteligencia estadounidenses, exigiendo una intensificación en la presión militar contra Rusia.

La campaña se ha enfocado en los cargos presentados el viernes por parte del fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, contra oficiales militares y de inteligencia rusos por presuntamente infiltrarse en los servidores de las computadoras del Comité Demócrata Nacional y en los correos electrónicos del presidente de la campaña de Hillary Clinton, John Podesta, y entregárselos subsecuentemente a WikiLeaks para su publicación.

Las acusaciones, cuyos puntos son sumamente amplios sin ser acompañados por evidencia alguna, es un intento cínico y transparente de las agencias de inteligencia estadounidenses, en colaboración con los demócratas, para reorientar la política exterior del Gobierno de Trump hacia conflictos geopolíticos con Rusia.

La campaña alcanzó un grado frenético en el que los canales televisivos y los periódicos advierten que Donald Trump está a punto de traicionar los intereses nacionales de EUA ante Vladimir Putin.

La principal noticia destacada por el New York Times el domingo llevaba el título “Solo reuniéndose con Trump, Putin toma la delantera”, donde declara: “Todo lo que [Putin] necesita para que su reunión con Trump sea exitosa es que no haya ninguna fricción importante”.

Tales afirmaciones son igual de absurdas que la historia subyacente sobre “injerencia” rusa en las elecciones del 2016. Trump, un representante de la rapaz y parasítica oligarquía financiera estadounidense, no tiene ninguna intención de “traicionar” los intereses imperialistas de EUA.

Por el contrario, las agudas diferencias que han emergido antes de la cumbre giran en torno a desacuerdos entre Trump y los demócratas sobre como asegurar de la mejor manera los intereses de la burguesía estadounidense en todo el mundo.

Trump opta por una ruta que explote la posición prominente de EUA en la economía global y el orden geopolítico para alcanzar acuerdos bilaterales que mejoren la balanza comercial de EUA. Al hacer esto, ha colocado en su lista de blancos a países de la Unión Europea, como Alemania. En una entrevista con CBS antes de su reunión con Putin, declaró que el “enemigo” principal de EUA es la Unión Europea, junto a otros “enemigos” como Rusia y China.

Estas declaraciones se sumaron a las que realizó durante la cumbre de la OTAN la semana pasada, cuando denunció a Alemania por comprar gas natural de Rusia en vez de EUA.

Los demócratas, a instancias de elementos dominantes en la burocracia estatal de inteligencia de EUA, dan una mayor importancia vital a los objetivos militares y geoestratégicos de EUA en Eurasia. Es precisamente por esto que están obsesionados con Rusia, cuyo cerco militar y aislamiento son factores clave en los esfuerzos para asegurar la hegemonía global de EUA por medios militares.

El foco de los demócratas respecto a Rusia también sirve otros propósitos igual de vitales. La escalada perpetua de tensiones militares con Moscú busca unificar a la Unión Europea, en alianza con EUA, contra un enemigo en común.

Más allá, ha generado una supuesta explicación sobre la pérdida demócrata de las elecciones del 2016, además de una excusa para la ofensiva y supresión de la oposición política por medio de censura en línea, basándose en la afirmación de que Rusia está utilizando la disensión política para “sembrar discordia” en la sociedad estadounidense. Al asociar a WikiLeaks con la supuesta conspiración rusa, los demócratas justifican la campaña en marcha dirigida en contra del fundador de la organización, Julian Assange.

En relación con la política exterior, mantienen una preocupación, vinculada a la demanda de emprender acciones más agresivas contra Rusia, de que Trump no esté lo suficientemente comprometido con la campaña de siete años de cambio de régimen en Siria.

En un artículo de opinión la semana pasada, intitulado “¿Le está regalando Trump a Putin una victoria en Siria?”, el columnista del Washington Post, David Ignatius declaró: “La guerra catastrófica en Siria se acerca a una prueba diplomática final, a medida que EUA, Rusia e Israel dan forma a un acuerdo que podría dejar al presidente sirio, Bashar al Asad, en el poder, a cambio de promesas rusas para contener la influencia iraní”.

Varias secciones de los círculos de decisión en política exterior están refiriéndose explícitamente a un fracaso de EUA en confrontar a Rusia en Siria y Ucrania. Los eventos de los últimos años han demostrado que “EUA no puede coaccionar a Rusia”, escribió Michael Kimmage en Forein Affairs. “En Ucrania y Siria, Washington ha intentado aislar a Rusia, esperando que Putin acepte las demandas de EUA para escapar el aislamiento… Por ahora, la coerción y el aislamiento han fracasado”.

Sin embargo, las facciones del aparato estatal de inteligencia representadas por los Demócratas ven tales reveses para la política exterior estadounidense simplemente como un argumento para presionar con mayor fuerza. En otro artículo en Foreign Affairs llamado “No dejen Siria”, Jennifer Cafarella del Instituto del Estudio de Guerra, exige que EUA se esfuerce más para mantener su presencia en el país.

“El sur [de Siria] probablemente caerá en manos de fuerzas aliadas con el régimen al menos que EUA actúe inmediatamente”, manifestó. Estados Unidos debe “invertir ahora en desarrollar un apalancamiento para acciones decisivas futuras por medio del fortalecimiento de las capacidades militares y de gobernanza de sus socios en el terreno, recobrando la confianza de la población siria que se ha rebelado, reconstruyendo las fuerzas rebeldes y denegándole a Asad la legitimidad internacional que tanto desea”.

En vez de oponerse a los ataques reaccionarios de Trump contra derechos democráticos fundamentales, a sus políticas migratorias criminales y su masiva expansión del gasto militar, los demócratas se han dedicado a exigirle que EUA siga una política exterior más agresiva contra Rusia. En definitiva, los cargos presentados contra los oficiales rusos son percibidos como una oportunidad para desviar la atención lejos de la ira masiva generada por el trato horrendo del Gobierno de Trump a los trabajadores inmigrantes.

Dado que la población estadounidense no apoya de manera substancial el involucramiento estadounidense en Oriente Próximo ni una guerra con la potencia nuclear de Rusia, las políticas de los demócratas tan solo sirven para legitimar a Trump.

La lucha que se está librando en torno a la reunión en Helsinki es entre dos facciones ferozmente derechistas de la oligarquía y la burocracia militar y de inteligencia de EUA. Ninguna facción es “antiguerra”, ni mucho menos progresista, en esta mugrienta y reaccionaria riña.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de julio de 2018)

Andre Damon