La clase obrera y la guerra global contra los inmigrantes

22 junio 2018

Enfrentándose a una tormenta de ira en Estados Unidos e internacionalmente, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva el miércoles cancelando la política de su Gobierno de arrancar a niños de los brazos de padres en busca de refugio en EUA, como una manera de aterrorizar a los migrantes y detener su ingreso en el país.

Grabaciones de niños internados sollozando y llorando, mientras desesperadamente piden a sus madres y padres, con los guardias burlándose de ellos, y reportes de niños siendo literalmente arrancados del pecho de sus madres —y madres que intentan aferrarse a sus hijos siendo físicamente inmovilizadas y esposadas— han provocado disgusto y horror por todo el mundo.

El hecho de que estas escenas de niños en jaulas ocurran en el “país capitalista más avanzado del mundo” tiene un significado político inmenso. No es menos significativa la defensa de estas políticas por parte del presidente estadounidense y su camarilla en un lenguaje prestado directamente de la retórica del fascismo. Los inmigrantes han sido llamados “animales” que buscan “infestar” a EUA —palabras que recuerdan demasiado los discursos de Adolf Hitler y Heinrich Himmler—.

El decreto de Trump no implica que su Gobierno dará marcha atrás a su política de “tolerancia cero” hacia los inmigrantes. Aquellos que están cruzando la frontera sin documentos todavía serán tratados como criminales, con familias que encerrarán juntas en campos de internamiento hasta que las enjuician, las metan a la cárcel o las deporten.

La persecución propia de la Gestapo de los trabajadores inmigrantes dentro de EUA solo se sigue intensificando, con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) allanando una empacadora de carne en Ohio el martes, deteniendo a 146 trabajadores inmigrantes que fueron despachados a centros de detención y enfrentar una deportación. El número de trabajadores detenidos en redadas como esta ya es cuatro veces mayor que el total de todo el año pasado.

El asalto contra los inmigrantes en EUA es parte de un acontecimiento global. La inmigración se ha convertido en un foco central de la política en un país tras otro, en Europa y más allá.

El miércoles fue el Día Mundial de los Refugiados, marcado cada año por la Organización de las Naciones Unidas. La ONU publicó cifras que muestran que la cantidad de personas obligadas a escapar de guerras, violencia, persecución y opresión alcanzó los 69 millones en el 2017, un récord por quinto año consecutivo. Del total, 16,2 millones de personas fueron desplazadas el año pasado, a un ritmo de 44.000 por día.

Estas decenas de millones de hombres, mujeres y niños escapan de las masacres, la destrucción económica y devastación social infligidas contra sus países por parte de las principales potencias imperialistas, con EUA a la cabeza.

Y están siendo recibidos con muros, alambres de púas, campos de concentración, persecuciones y siendo utilizados como chivos expiatorios.

El miércoles, el Gobierno ultraderechista de Hungría aprobó una ley para encarcelar a cualquiera que le ofrezca ayuda a un migrante indocumentado, mientras que ha consagrado en la Constitución del país que Hungría no puede aceptar a una “población extranjera”.

Ocupando el vacío dejado por las traiciones y políticas antiobreras perseguidas por los Gobiernos socialdemócratas previos, ahora regímenes derechistas han llegado al poder en los demás países de Europa, como en Italia, donde el Gobierno del Movimiento 5 Estrellas y Lega le rehusó el derecho a un bote de rescate, el Aquarius, el cual estaba severamente hacinado, a desembarcar, y ha amenazado con detener y deportar a cientos de miles de refugiados que ya se encuentran en el país.

El Gobierno alemán está sumido en una crisis política en torno a la inmigración y el auge de un movimiento derechista que emplea el mismo lenguaje utilizado para llevar a cabo las peores atrocidades del siglo XX.

Por todo el continente, varios movimientos similares han emergido, mientras los Gobiernos levantan los muros de la Fortaleza Europa.

Al igual que Trump, estos Gobiernos derechistas promueven sus políticas racistas y xenofóbicas antiinmigrantes como si representaran una defensa de los puestos de trabajo y salarios de los trabajadores nativos, culpando a los inmigrantes como los generadores de “crimen” y decadencia social.

No existe evidencia alguna para respaldar estas repugnantes afirmaciones. Lo único que pretenden es dividir a la clase obrera y enfrentar a una sección de trabajadores contra la otra en lucha por las migajas que la obscenamente acaudalada élite gobernante deja para salarios, beneficios y servicios sociales esenciales.

La fuente de la crisis de los niveles de vida de la clase obrera en cada país es la enorme monopolización de riqueza en manos de una diminuta aristocracia financiera. Un reporte publicado el martes halló que la riqueza global combinada de los llamados “individuos con patrimonios netos altos”, aquellos cuyos activos líquidos se valoren en $1 millón o más, se ha más que duplicado desde el 2008, el año del derrumbe financiero global.

Desde entonces, los Gobiernos de todo el mundo han perseguido una política doble de medidas severas de austeridad para la clase obrera y subsidios interminables para los ricos.

Sin estar sujetos a ninguna ley, los ataques brutales contra los inmigrantes están inextricablemente ligados al crecimiento de la desigualdad social y la escalad ininterrumpida de guerras imperialistas.

El hecho de que los ataques contra los inmigrantes sean un fenómeno global deja en claro que no es simplemente el producto de la ideología de tinte fascista de Trump o sus contrapartes europeas. Por el contrario, es la expresión nociva de la crisis objetiva y la bancarrota histórica del sistema del Estado-nación capitalista, el cual esta entrando en conflicto cada vez más violentamente con la integración sin precedentes de la economía global, produciendo la guerra y la represión.

Ninguna sección de la élite gobernante llevará a cabo una defensa de los trabajadores inmigrantes. El Partido Demócrata, pese a adaptarse al enojo masivo por las virulentas políticas de Trump, sentó las bases precisamente para estas políticas durante décadas en las que impuso leyes antiinmigrantes. Barack Obama se ganó el título de “deportador en jefe” por presidir la expulsión récord de 2,5 millones de personas.

Bernie Sanders, la supuesta cara izquierdista de los demócratas, ha manifestado su oposición a la política de fronteras abiertas, presentando la exclusión de los trabajadores inmigrantes como una forma para mejorar los niveles de vida de los trabajadores nativos. De este modo, ha promovido la narrativa reaccionaria siendo avanzada por la derecha de tendencia fascista.

La única fuerza social capaz de defender a los inmigrantes y refugiados —y los derechos democráticos de la población entera— es la clase obrera, cuyos intereses y derechos esenciales están intrínsecamente atados a lo que les suceda a las capas más oprimidas de la población.

Ningún trabajador puede permitirse hacer caso omiso a las implicaciones ominosas del tipo de allanamientos recientes en Ohio. Una fuerza policial militarizada ha sido creada con la capacidad y el poder de sacar en fila a turnos enteros de las fábricas, interrogar a trabajadores y llevarse a cualquiera que seleccionen. Hoy día, tienen en la mira a los inmigrantes; sin embargo, conforme se avecina un cambio completamente predecible en la situación política, el día de mañana el blanco incluirá a todos los que el Gobierno y los patrones consideren como “militantes” o “alborotadores”.

La defensa de los inmigrantes y los refugiados es una cuestión internacional. Solo puede ser llevada a cabo con base en la movilización internacional de la clase obrera.

En oposición al nacionalismo chauvinista siendo promovido por las clases gobernantes en todo el mundo, con el apoyo de las burocracias sindicales, la clase obrera debe avanzar una estrategia internacionalista y socialista. Los trabajadores en EUA y cada país solo podrán librar una batalla exitosa contra las corporaciones capitalistas globalizadas en la medida en que aúnen sus luchas a través de las fronteras nacionales.

Con respecto a la inmigración, esto significa rechazar inflexiblemente todo el marco de discusión oficial siendo promovido por los políticos, los partidos y las instituciones capitalistas. La unificación de la clase obrera internacional es posible solamente por medio de la lucha por el derecho de los trabajadores en cada parte del mundo a vivir en el país de su elección, con derechos de ciudadanía plenos, incluyendo el derecho a trabajar y viajar sin temor a la represión o deportación.

El Partido Socialista por la Igualdad hace un llamamiento a la urgente movilización de los trabajadores y jóvenes como parte del movimiento más amplio posible contra la ofensiva contra los inmigrantes, incluyendo manifestaciones para forzar la liberación de los detenidos, al igual que acciones a nivel comunitario o en los centros de trabajo para bloquear las detenciones y las deportaciones.

Junto a sus camaradas en todo el mundo del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el Partido Socialista por la Igualdad de EUA está luchando por construir la dirección revolucionaria requerida para lograr una solución socialista e internacionalista a la crisis que enfrentan los trabajadores inmigrantes, con base en la perspectiva estratégica de la unidad internacional de la clase trabajadora y la revolución socialista mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de junio de 2018)

Bill Van Auken