La “falsa alarma” en Hawái y los avanzados preparativos para una guerra contra Corea del Norte

17 enero 2018

La “falsa alarma” emitida el sábado por la mañana a la población de 1,5 millones del estado isleño de Hawái en el Pacífico ha desnudado el claro y presente peligro de una guerra nuclear.

Un mensaje de texto destelló de repente en las pantallas de los celulares: “AMENAZA DE MISIL BALÍSTICO EN DIRECCIÓN A HAWÁI. BUSQUE REFUGIO DE INMEDIATIO. ESTO NO ES UN SIMULACRO”. Al mismo tiempo, las transmisiones en la televisión y la radio fueron interrumpidas por el escalofriante anuncio de que “Un misil podría impactar en mar o tierra en minutos. Esto no es un simulacro”.

Por 38 minutos, los residentes y visitantes de Hawái tuvieron que encarar un Armagedón nuclear. Los padres desesperadamente buscaban cómo y dónde proteger a sus hijos; las familias se despedían por última vez; los habitantes intentaban hallar los casi inexistentes refugios nucleares.

El hecho de que tal acontecimiento se dejase de reportar tan rápido en las portadas de los principales periódicos y se presentase como una historia secundaria en los noticieros es en sí un indicador perturbador de lo mucho que no se le está diciendo al público en relación con la advertencia del misil balístico en Hawái.

La prensa corporativa, en estrecha coordinación con el Gobierno estadounidense, está en un estado de contención. El lunes por la noche, las tres cadenas televisivas estadounidenses transmitieron reportajes prácticamente idénticos basados en la versión oficial pronunciada desde el búnker del Sistema de Manejo de Emergencias de Hawái, de que el caos fue el resultado del error inadvertido de un empleado.

La respuesta oficial a lo que constituye un crimen social perpetrado contra toda una población ha transcurrido de acuerdo a un patrón bien establecido. Primero, se le resta importancia tanto al evento como a sus implicaciones. Luego, nadie lleva a cabo una investigación ni presenta sus hallazgos al público, ni tampoco hay una audiencia pública y televisada ante el Congreso.

La explicación dada por las autoridades estatales y federales y repetida al pie de la letra por los medios de la prensa, presenta la advertencia de una guerra nuclear como un mero descuido de un trabajador del Sistema de Manejo de Emergencias de Hawái. El individuo no identificado supuestamente seleccionó el menú equivocado en su computadora, ingresando “Alerta de Misil” en vez de “Prueba de Alerta de Misil”.

No hay razón por la cual nadie debería dar por hecho que esto sea verdad. Tomando en consideración el largo historial de provocaciones y guerras basadas en mentiras del Gobierno estadounidense, cabría tener más que un fuerte escepticismo, es más, una sospecha directa.

¿Cómo pudo suceder tal accidente? De nuevo, un evento público importante se cubre con un manto de secretismo. ¿Por qué no ha sido nombrado el presunto responsable del “accidente”? La afirmación de que el individuo está siendo protegido de ciudadanos enojados, no es creíble. Por lo menos, esta persona siendo culpada por un error tan colosal debería tener el derecho de dar su versión de lo ocurrido. Y, si de verdad el incidente aconteció por haber sido golpeada la tecla equivocada, eso no explica los tortuosos 38 minutos antes de que las autoridades enviaran el mensaje anunciando que fue una “falsa alarma”.

Incluso si se aceptara la versión de las autoridades, tal “accidente” constituye un hecho condenatorio que expone devastadoramente la indiferencia criminal de la élite política hacia las vidas y la seguridad del pueblo estadounidense. Tan destartalado sistema con una tecnología y un sistema operativo absurdamente primitivos como primera línea de defensa pone de manifiesto que la clase gobernante toma por sentado que una guerra nuclear significará la muerte de millones de personas y no tienen ningún plan serio para proteger a nadie. Al igual que cualquier otro desastre, natural o no, el incidente en Hawái ha expuesto la total ausencia de la infraestructura ni la planificación social necesarias.

El hecho de que esto haya sucedido en Hawái, el mismo escenario del “ataque por sorpresa” del 7 de diciembre de 1941, la “fecha que vivirá en la infamia” de la memoria estadounidense, los vuelve mucho más reveladores. Siendo la sede central del Comando del Pacífico de Estados Unidos, Hawái cuenta con 11 bases militares separadas para distintas unidades de todas las ramas de las fuerzas armadas.

El significado de la alerta nuclear del sábado no puede ser captado por fuera de los avanzados preparativos de Estados Unidos para librar una guerra de agresión contra Corea del Norte, un país con armas nucleares.

Fue posible dar un vistazo a estos preparativos el mismo lunes en un artículo en la portada del New York Times que comienza absurdamente, “En todo el ejército, los oficiales y las tropas se están preparando para una guerra que esperan que no venga”. Al mismo tiempo, el grueso del artículo deja en claro que aquello para lo que se preparan no es la defensa ante un ataque norcoreano, sino la invasión y conquista de este país asiático.

El artículo describe un ejercicio que tuvo lugar el mes pasado, con 48 helicópteros de combate Apache y helicópteros de cargo Chinook que practicaron “el transporte de tropas y equipo hacia blancos de asalto, bajo fuego de artillería”. Dos días después, reporta el mismo artículo, paracaidistas de la 82ª división aerotransportada practicaron un salto en Nevada que “simulaba una invasión en el extranjero”.

El Times reporta algo incluso más ominoso. Por primera vez en años, más de mil reservistas del ejército estadounidense fueron llamados a servicio activo para operar “centros de movilización”, utilizados para el despliegue rápido de tropas al exterior.

Los preparativos también incluyen un plan para el envío de un gran número de efectivos de Operaciones Especiales a la península coreana bajo la excusa de dar seguridad a las Olimpiadas de Invierno el próximo mes.

Estas acciones comienzan a parecerse más y más a los preparativos para la guerra de agresión estadounidense contra Irak en el 2003, a excepción de que esta vez el público estadounidense no ha recibido un aviso sobre la inminente carnicería, aparte de los delirantes tuits del comandante en jefe de EUA, Donald Trump.

El hecho de que el artículo del Times haya sido publicado del todo y, especialmente, bajo el nombre de Eric Schmitt, su principal corresponsal “incrustado” en las fuerzas armadas y un fiel conducto para el Pentágono y la CIA, deja claro que los preparativos militares son de tal magnitud que requieren que el “periódico de referencia” administre las noticias sobre el tema.

El artículo también indica que hay discrepancias entre la Casa Blanca y el Pentágono, y dentro de los mismos mandos estadounidenses, sobre la guerra pendiente con Corea del Norte. Se reporta que Trump y sus asistentes han planteado la idea de un ataque dirigido al arsenal nuclear norcoreano para darle una “nariz sangrienta”, asumiendo que Pyongyang no tomará represalias.

Contra este trasfondo, la alerta nuclear “accidental” en Hawái se destaca como un eslabón necesario en los preparativos para una guerra catastrófica. ¿Fue la “falsa alarma” un ejercicio militar más? ¿Fueron sus habitantes utilizados como conejillos de india para poner a prueba la reacción pública ante la posibilidad que una invasión estadounidense de Corea del Norte incite a al Gobierno de Kim Jong Un a disparar sus misiles antes de que puedan ser destruidos?

Otra explicación de la alarma y el tardío anuncio de su cancelación es posible. El Times también publicó un artículo el lunes que se refiere al incidente KAL 007 de 1983 como ejemplo de la posibilidad de un estallido no deliberado de una guerra nuclear. Dicho avión de pasajeros de Korean Airlines fue derribado por aviones de guerra de la defensa soviética, pero el diario no explica que esto ocurrió después de que el avión sobrevolara deliberadamente sobre la isla de Sajalín, la sede de numerosas bases militares soviéticas para operaciones secretas, como parte de una operación coordinada con las agencias de inteligencia estadounidenses. Un avión espía estadounidense le hacía sobra al vuelo de KAL, observando las respuestas de las instalaciones nucleares, estaciones de radar y bases aéreas soviéticas.

No cabe duda que, en el momento en el que la alerta del misil en dirección de Hawái fue enviada, el Gobierno y el ejército, no solo de Corea del Norte, sino de China y Rusia, tuvieron que hacer sus cálculos respectivos sobre lo que significaba y cómo responder. La conclusión lógica era que Washington estaba fabricando un pretexto falso para una guerra de escala total.

Sin duda, sus unidades militares fueron puestas en alerta, sus armas fueron alistadas o cambiadas de lugar y otros preparativos fueron llevados a cabo en respuesta. Todo bajo la mirada atenta de los satélites espías de EUA, que obtuvieron inteligencia posiblemente vital para una invasión estadounidense de Corea del Norte.

Sea cual fuere la causa del tremendo susto de un ataque nuclear el sábado, una cosa es cierta. La alerta de misil montada en Hawái constituye una advertencia sumamente seria. Ha expuesto ante millones la verdadera amenaza de una guerra nuclear.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de enero de 2018)

Bill Van Auken