Lecciones de Octubre: La crisis política del Partido Bolchevique en vísperas de la toma del poder

por Chris Marsden
15 diciembre 2017

Para empezar: usaré el calendario antiguo en mi charla, porque esas fechas son referidas en algunos de los comentarios de los involucrados y porque, como sugiere el título de la charla, los bolcheviques tuvieron que hacer una revolución antes de poder cambiar el calendario.

Para la primera conferencia de la primera serie, el camarada David North escogió como su título, “¿Por qué estudiar la Revolución Rusa?”.

En una lista de 10 razones en respuesta a esta pregunta, North plantea la razón número nueve:

Los bolcheviques le dieron a la clase obrera un ejemplo invaluable de lo que es un partido revolucionario auténtico y del papel insustituible de tal partido en la victoria de la revolución socialista. Un estudio cuidadoso del proceso revolucionario de 1917 no deja ninguna duda que la presencia del Partido Bolchevique, con Lenin y Trotsky como sus líderes, fue decisiva para asegurar el triunfo de la revolución socialista. [1]

Examinar la crisis que surgió en el Partido Bolchevique en la víspera de la insurrección de octubre pone bajo la lupa la cuestión vital del papel insustituible del partido revolucionario; y nos habilita a entender más plenamente las tareas a las que se enfrentan hoy nuestro partido y sus cuadros.

Lecciones de Octubre: La crisis política al interior del Partido Bolchevique en vísperas de la toma del poder

Desde su regreso a Rusia en abril, la misión de Lenin había sido oponerse a todos los intentos de convertir el Partido Bolchevique en el ala izquierda de la revolución democrática nacional —que tenía el fin de presionar a la burguesía para llevar a cabo esa misión.

Este era el punto de vista explícito de los mencheviques y del Partido Socialista Revolucionario (SR) y siguió siendo la concepción que animaba al ala derecha de los bolcheviques, dirigida por Zinoviev y Kamenev —y, de una manera más escondida y vacilante, por Stalin— mucho después de las discusiones sobre las Tesis de Abril de Lenin.

Lenin favorecía una lucha irreconciliable contra la continuación de la participación rusa en la guerra imperialista; a favor de conquistar la mayoría en los Soviets; el derrocamiento del Gobierno Provisional; la toma del poder por los Soviets; y cumplir con la revolución socialista en Rusia, como parte de la revolución socialista europea y mundial. En septiembre y octubre, tuvo que convencer a la dirección de su partido de que las condiciones estaban maduras para la toma del poder.

En su charla del 14 de octubre el camarada Barry Grey observó cómo Lenin había instado al partido a abandonar la consigna de “Todo el poder para los Soviets” en favor de una insistencia explícita de que el propio partido se colocara a la cabeza de la insurrección, la llevara a cabo en su propio nombre y bajo su autoridad.

Hizo eso en respuesta al papel que jugaron los Soviets dominados por los SR y los mencheviques en julio, movilizando a los soldados para aplastar tanto al levantamiento como a los bolcheviques.

Sugirió que los comités de fábrica podrían ahora brindar las organizaciones necesarias de una lucha por el poder.

Sin embargo, la experiencia de julio había convencido a las fuerzas que gozaban de una influencia significativa en la dirección central del partido de que tal rumbo sería pura aventura. A lo largo de todo septiembre, la derecha o bien llevó a cabo o bien alentó iniciativas que esperaba que aseguraran la posición de los bolcheviques como la extrema izquierda de una revolución democrática burguesa consolidada —apoyando la participación de los bolcheviques, primero, en la Conferencia de “Paz” de Estocolmo, y después en la Conferencia Democrática de Kerensky y el parlamento preliminar que esta engendró.

Como comenta Trotsky en Lecciones de Octubre:

La vía que llevaba a Estocolmo, llevaba realmente a la Segunda Internacional, lo mismo que la participación en el Preparlamento llevaba la república burguesa. ... Mencheviques y socialistas revolucionarios procuraba atar a los bolcheviques con la legalidad soviética y transformar ésta de manera indolora en legalidad parlamentaria burguesa. Simpatizaba con semejante táctica la derecha bolchevique. ... Pero entonces tenían los bolcheviques la mayoría en los Soviets de Petrogrado y Moscú; y aumentaba por días nuestra influencia en el ejército. Ya no se trataba de prognosis ni de perspectiva; se trataba de la elección del camino por el cual iba ser necesario avanzar sin tardanza. [2]

En su conferencia del 21 de octubre el camarada Tom Carter explicó como aumentaba el apoyo a los bolcheviques en los comités de fábrica tras la intentona golpista de Kornilov dado el papel decisivo que jugaron los obreros bolcheviques oponiéndose a éste; cosa que también se reflejaba dentro de los Soviets, donde el golpe había forzado a los Soviets dirigidos por los capitulantes a defenderse a sí mismos —como resultado, los bolcheviques se convertirían en la dirección dominante de los Soviets.

Lenin no dejaba de insistir que el partido se hiciera directamente responsable de la insurrección. Escribió, en una carta al comité central el 14 de septiembre: “Los bolcheviques, habiendo conseguido la mayoría en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados de ambas capitales [Petersburgo y Moscú], pueden y deben tomar el poder”. [3]

Trotsky apoyaba plenamente la insurrección dirigida por los bolcheviques que Lenin defendía. Pero favorecía llevarla a cabo en nombre de los Soviets.

A medida que posición de los bolcheviques se hacía más fuerte, Trotsky argumentaba que había que

mantener la consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!” Su objetivo era suministrar un traspaso del poder con el visto bueno de los órganos democráticos de los trabajadores, campesinos y soldados ampliamente reconocidos, para maximizar el respaldo entre aquellos que apoyarían a regañadientes a los bolcheviques.

Lenin aplicó presión de manera implacable sobre la dirección del Partido Bolchevique para llevar a cabo el derrocamiento del Gobierno Provisional.

Trotsky citó pasajes de los escritos de Lenin en Lecciones de Octubre.

La tendencia opuesta a “una insurrección inmediata ... tiene que ser superada ”. “El retraso es criminal. Esperar al Congreso de los Soviets sería un juego infantil de formalidades, un juego desgraciado de formalidades, y una traición a la revolución”. Los revolucionarios que se demoran, “se exponen a perderlo todo”.

Las acciones de Lenin eran coherentes con sus palabras.

Temiendo que el procrastinar del liderazgo bolchevique fuera catastrófico y cediera la victoria a la contrarrevolución, tomo el camino de incitar a la acción a las bases tanto para presionar a los líderes del partido con hechos consumados.

El 27 de septiembre Lenin le escribe a Ivar Smilga, uno de sus confidentes más cercanos, que discutiera los preparativos para el levantamiento con las tropas en Finlandia y la flota del Báltico. Dos días más tarde, en una carta al comité central —que tomó la precaución de enviar a los comités del partido de Moscú y de Petrogrado— hizo la extraordinaria declaración:

Me veo obligado a ofrecer mi renuncia al Comité Central, lo cual hago por la presente, reservándome la libertad de hacer campaña entre los militantes de las bases del Partido y en el Congreso del Partido.

Porque estoy profundamente convencido de que si ‘esperamos’ hasta el Congreso de los Soviets y dejamos que pase el momento presente, arruinaremos la revolución. [4]

¿Qué fue lo que determinó el sentido de la urgencia de Lenin, de manera que el retraso de un solo día, ni hablar de semanas, no se podía tolerar?

Lenin consideraba madura para la revolución la situación en Rusia. En julio, cuando un levantamiento en San Petersburgo podía haber sido apoyado en Moscú, pero no en el resto del país, Lenin aconsejaba esperar. Ahora una insurrección campesina contra los terratenientes ricos iba creciendo, creando las condiciones necesarias para que el proletariado se ganara el apoyo de las masas agrarias.

Es más, la preocupación política de Lenin era no solo la situación rusa, sino también el destino del proletariado mundial. Basó su perspectiva revolucionaria en las condiciones internacionales, y no meramente en las rusas. Dejó claro que consideraba que el retraso sería un golpe potencialmente fatal a la revolución europea que preveía ocurriría en respuesta a los horrores de la guerra.

En cartas fechadas el 8 de octubre, para el próximo Congreso de los Soviets del Norte del 10 de octubre, Lenin declara:

Nuestra revolución está pasando por un período altamente crítico. Esta crisis coincide con la gran crisis —el crecimiento de la revolución socialista mundial y la lucha librada contra ésta por parte del imperialismo mundial. Una tarea gigantesca se les presenta a los dirigentes responsables de nuestro Partido, y el no llevarla a cabo implicará el peligro de un colapso total del movimiento proletario internacionalista. La situación es tal que, en verdad, sería fatal demorar. [5]

Refiriéndose a la huelga general en Turín, Italia, huelgas de trabajadores checoslovacos y a los motines de cientos de marineros bordo del acorazado Prinzregent Luitpold y otros buques de guerra, exigiendo poner fin a la guerra, Lenin declara que “no se puede imaginar una señal más impresionante del crecimiento de la revolución, que una revuelta entre las tropas. ... Por lo tanto seríamos verdaderos traidores a la Internacional si, en este momento y bajo estas condiciones favorables, respondemos al llamado de los revolucionarios alemanes con ... meras resoluciones”. [6]

La larga lucha para reorientar al partido bolchevique culminó en una sesión del comité central el 10 de octubre. Lenin asistió; llegó disfrazado. Gracias a la autoridad que tenía, no fue necesario que renunciara. Su propuesta se aprobó por diez votos contra dos.

Aunque no se fijó una fecha para el alzamiento, la resolución estaba impregnada con toda la urgencia que Lenin podía infundir, y revela detalladamente la base política de la decisión.

Empieza con la posición internacional de la revolución rusa, enumerando:

• La revuelta en la armada alemana como una manifestación extrema del crecimiento por toda Europa de la revolución socialista mundial; la intención de los imperialistas de estrangular la revolución en Rusia.

A continuación examina la situación en Rusia:

• La decisión de la burguesía rusa y del Gobierno Provisional de entregar Petrogrado a los alemanes y hacer planes para un segundo golpe militar; los bolcheviques conquistan la mayoría en los Soviets; la revuelta campesina.

La resolución concluye:

Considerando por lo tanto que un alzamiento armado es inevitable, y que el momento para ello ha madurado completamente, el Comité Central instruye a todas las organizaciones del Partido que se orienten en conformidad con ello: y que discutan y decidan todas las cuestiones prácticas (el Congreso de los Soviets de la Región Norte, la retirada de las tropas de Petrogrado, la acción de nuestra gente en Moscú y Minsk, etc.) desde este punto de vista. [7]

Fue un acontecimiento verdaderamente histórico. Por primera vez en la historia, un partido que representaba a la clase trabajadora no solo se había propuesto el objetivo general de reemplazar el capitalismo con el socialismo, sino que además se había comprometido a hacer una revolución.

Trotsky observa, sin embargo, que incluso entonces había preocupación e intensas discusiones en relación a cuándo habría que hacer la revolución y bajo qué autoridad. Siguió argumentando que una fecha para la insurrección debería ser unos pocos días antes de la convocatoria al segundo Congreso de los Soviets, inicialmente previsto para el 20 de octubre, de manera que pudiera entonces ser sancionada por ese órgano. Su propuesta ganó porque era correcta.

Trotsky demostró ser el estratega genial de la insurrección, de modo que nada menos que el propio José Stalin escribió en el primer aniversario de Octubre:

Todo el trabajo de la organización práctica de la insurrección fue conducido bajo el liderazgo inmediato del presidente del Soviet de Petrogrado, Trotsky. Se puede afirmar con certeza que el paso rápido de la guarnición al lado del Soviet y la valiente ejecución del trabajo del Comité Militar Revolucionario, el partido se lo debe principalmente y sobre todo al camarada Trotsky. [8]

Trotsky explica en Lecciones de Octubre que Lenin no tenía por qué temer que planificar la insurrección para que coincidiera con el venidero segundo congreso fuera un retraso inadmisible. Preparar la insurrección con esa justificación sería políticamente de una “ventaja inestimable” para los bolcheviques. Trotsky no estaba dejando pasar el tiempo; estaba preparando:

Desde que los del Soviet de Petrogrado anulamos la orden de Kerensky concerniente el envío de dos tercios de la guarnición al frente, nos hallábamos de hecho en estado de insurrección armada. Lenin, que a la sazón se encontraba fuera de Petrogrado, no hubo de apreciar esta realidad en toda su trascendencia. ... Sin embargo ya estaba predeterminado el final de la insurrección del 25 de octubre, al menos en sus tres cuartas partes, desde el instante en que nos opusimos al alejamiento de la guarnición de Petrogrado; creamos el Comité Militar Revolucionario (el 16 de octubre); nombramos nuestros comisarios en todas las unidades e instituciones militares; y con ello aislamos por completo al Estado Mayor General de la circunscripción militar de la capital y del Gobierno. [9]

En los días siguientes, la amenaza, desde el interior de la dirección del partido, al éxito de la insurrección, lo que Lenin temía, adquiriría la forma de una revuelta abierta.

Zinoviev y Kamenev seguían estando decididamente contra la insurrección, como quedó expresado en su voto del 10 de octubre. Lenin pidió otra reunión del Comité Central, que tuvo lugar el 16 de octubre. La resolución del 10 de octubre fue respaldada por una mayoría de veinte votos contra dos, esta vez con cuatro abstenciones. Kamenev respondió renunciando al Comité Central.

Después de que se le negara expresar su desacuerdo en la prensa bolchevique, Kamenev, apoyado por Zinoviev, rompió filas y fue al Novaya Zhizn de Máximo Gorky. En sus páginas, el 18 de octubre, Kamenev atacó públicamente los planes de insurrección que, por motivos evidentes, no habían sido hechos públicos. Escribió: “Estamos muy profundamente convencidos de que proclamar un levantamiento armado ahora mismo significa dejar al azar no solo el destino de nuestro partido sino también el destino de la revolución rusa e internacional”.

Contra la insurrección, Kamenev propuso trabajar pacientemente para hacer imposible que la burguesía “alborotara a la Asamblea Constituyente” haciendo uso de la influencia de los bolcheviques en los Soviets, el ejército y entre los trabajadores. Trastornar la Asamblea Constituyente en estos momentos “empujaría de nuevo a los partidos de la pequeña burguesía hacia nosotros. ... Con la táctica correcta podemos ganar un tercio o incluso más escaños en la Asamblea Constituyente”.

Insistía que as cosas no habían madurado. Los trabajadores y soldados estaban con los bolcheviques, pero sólo debido a sentimientos pacifistas y antibélicos:

Si ahora tomamos el poder solos y nos enfrentamos (como resultado de toda la situación mundial) a la necesidad de hacer una guerra revolucionaria, la masa de los soldados se alejará rápidamente de nosotros ... Y aquí nos acercamos a la segunda afirmación —que la mayor parte del proletariado internacional supuestamente está con nosotros. Esto, lamentablemente, todavía no es así. [10]

¿Eran infundados esos temores? Por supuesto que no. Los bolcheviques encaraban ingentes probabilidades —y la situación a la que se enfrentaron, incluso después de la toma del poder, fue la erupción de guerra civil e intervención imperialista.

Pero Kamenev y Zinoviev veían solo desastre por delante, debido a la aparente fuerza de la reacción. En contraste, Lenin veía una situación repleta de oportunidades revolucionarias —con la posibilidad de victoria. Como ese otro gran revolucionario, Abraham Lincoln, había concluido: “Los dogmas del pasado callado son inadecuados para el presente tormentoso. La ocasión está apilada alta con dificultades, y debemos elevarnos a la ocasión”.

Hay un pasaje clave en Lecciones de Octubre, sobre la psicología política de Zinoviev y Kamenev, que se erige como una lección solemnizadora aún hoy. Trotsky nota cómo la carta de ellos advierte de que el mayor peligro sería sobreestimar las fuerzas revolucionarias y subestimar las fuerzas de la reacción:

Las [fuerzas] del enemigo son mayores de lo que parecen. Petrogrado decidirá el resultado de la lucha. Pero en Petrogrado han acumulado fuerzas considerables los enemigos del partido proletario: cinco mil “ junkers ” [oficiales cadetes], muy bien armados y organizados a la perfección, que saben batirse y lo desean con ardor [por su posición de clase]; amén de ellos, el estado mayor, los destacamentos de choque, los cosacos, una fracción importante de la guarnición, y por último gran parte de la artillería, dispuesta en abanico alrededor de la capital. [11]

Trotsky explica cómo este mismo punto de vista llevó a cancelar una insurrección por parte del Partido Comunista Alemán (KPD) en 1923 —de cómo la dirección de un partido abrumada por la fuerza aparente de la contrarrevolución completamente subestimó esa “fuerza efectiva de la revolución alemana”— el inmensamente poderoso proletariado alemán:

A tal respecto, tiene una importancia excepcional nuestro ejemplo ruso. Dos semanas antes de nuestra victoria sin efusión de sangre en Petrogrado —victoria que lo mismo podíamos conseguir dos semanas atrás— políticos expertos del partido veían erguirse contra nosotros una multitud de enemigos: los ‘junkers’ que sabían y deseaban batirse, los batallones de choque, los cosacos, una parte considerable de la guarnición, la artillería dispuesta en abanico alrededor de la capital, las tropas traídas del frente. En realidad, no había nada, nada en absoluto. …He aquí la lección que conviene incrustar a fondo en la conciencia de cada revolucionario. [12]

Zinoviev y Kamenev malinterpretaron completamente el balance de las fuerzas sociales acabildadas para el venidero choque revolucionario. También se equivocaron sobre los partidos pequeño burgueses.

En 1914 Lenin había descubierto los orígenes del desarrollo del oportunismo y del surgimiento del chauvinismo social de la Segunda Internacional. Nacían de las relaciones sociales que el imperialismo hizo posibles, dada la capacidad de la clase dirigente de comprar la lealtad de capas pequeñoburguesas privilegiadas, incluyendo la aristocracia obrera, la principal base social de la Segunda Internacional.

Zinoviev y Kamenev calcularon que los mencheviques y otras tendencias se encarrilarían hacia los bolcheviques y ayudarían a llevar adelante la lucha para presionar a la burguesía a implementar medidas democráticas. Lenin concluyó que los mismísimos socialdemócratas eran “los verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes obreros de la clase capitalista ... En la guerra civil entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente en número no despreciable al lado de la burguesía, al lado de los versalleses contra los comuneros”. [13]

La deslealtad de Zinoviev y Kamenev enfurece a Lenin, los acusa de ser “rompehuelgas” y “esquiroles” por su ataque publicado “¡en un periódico que sobre esta misma cuestión marcha codo a codo con la burguesía contra el partido de los trabajadores!”. [14]

Rechazando la afirmación de que las masas no estaban con los bolcheviques, declara:

[E]l hecho más destacado de la vida rusa de hoy en día es la revuelta del campesinado. Esto muestra de manera objetiva, no en palabras sino con hechos, que el pueblo está yendo hacia el lado de los bolcheviques ... “En la insurrección la demora es fatal”, esta es nuestra respuesta a los que tienen el triste “coraje” de reconocer la creciente ruina económica, la hambruna que se avecina, y todavía disuaden a los trabajadores a alzarse... [15]

En el día en que se publicó el ataque de Kamenev, se reunían los delegados de las unidades militares de Petrogrado. En cuanto a organizar una insurrección contra el Gobierno Provisional estaban divididas en dos. También, confirmando la posición de Trotsky, ellos solo la apoyarían si era hecha en nombre de los Soviets.

De manera fortuita, a los partidos no bolcheviques les dio miedo la influencia creciente de los bolcheviques y cambiaron la fecha del Congreso de los Soviets para el 25 de octubre, para mejor movilizar a sus propios simpatizantes. En vez de eso, estos cinco días extra les dieron a los bolcheviques, y a Trotsky, que estaba a cargo de todo, el tiempo necesario para preparar y llevar a cabo la insurrección.

Gracias a la intensa preparación política y organizativa, la insurrección tuvo lugar sin grandes pérdidas de vidas.

La sede del Soviet en el Palacio Smolny se había transformado en una fortaleza, protegida por ametralladoras y bajo el control de los bolcheviques.

En la mañana del 24 de octubre, el gobierno cerró el órgano central del partido bolchevique y la publicación del Soviet de Petrogrado, y precintó las imprentas.

Una mujer impresora le preguntó a Trotsky, “¿No podríamos romper los sellos?” A lo que éste respondió, “Rómpalos” y mandó al regimiento Litovsky y al Sexto Batallón de Zapadores de Reserva para asegurarse que así se hiciera.

Un destacamento de marineros a la misma vez arrebata la central, de las manos de un grupo de estudiantes militares que estaban resueltos a bloquear todas las comunicaciones de los Soviets.

Esa noche, miembros del Comité Militar Revolucionario fueron despachados a todos los distritos de la ciudad.

El gobierno había ordenado al crucero Aurora irse del río Neva, pero los marineros bolcheviques, que eran leales al Comité Militar Revolucionario, se quedaron en su sitio.

Trotsky se entera que Kerensky y el gobierno provisional movilizaban un destacamento de artillería, un batallón de tropas de choque, estudiantes oficiales de la escuela militar Peterhof y el Batallón de Mujeres. Ordena que se pongan defensas militares en todas las entradas a la ciudad.

Tal como salieron las cosas, bien controlaban los bolcheviques las calles; muy pocos obedecieron las órdenes de Kerensky, excepto algunos estudiantes militares. Destacamentos dirigidos por bolcheviques armados toman control de una institución tras otra y de todos los puntos más importantes de Petrogrado.

A la mañana siguiente, el 25 de octubre, el gobierno aún estaba en sesión en el débilmente protegido Palacio de Invierno, que ya había sido rodeado. A la una de la tarde, Trotsky hizo una declaración pública:

Declaro en nombre del Comité Militar Revolucionario que el gobierno Provisional ya no existe”. Algunos ministros han sido detenidos ya. Los demás serán hecho presos dentro de unas horas o en el plazo de pocos días ... El Palacio de Invierno no ha sido tomado aún, pero su suerte será decidida en pocos minutos. [16]

El palacio no resistió.

Como declararía Trotsky, gracias a los preparativos del Comité Militar Revolucionario, “La insurrección del 25 de octubre fue de carácter solamente suplementario. Por ello precisamente fue indolora”.

Quizás la mejor descripción de lo que se había acontecido, y la más famosa, fue cuando Trotsky, contestando al líder menchevique Fyodor Dan, quien despotricaba contra los conspiradores, y a la insistencia de que los bolcheviques formaran una coalición con los socialistas revolucionarios y los mencheviques, responde durante la reunión de esa tarde del Congreso de los Soviets.

No estamos ante una conspiración, sino ante un alzamiento. El alzamiento del pueblo en armas no necesita justificación. Nosotros no hemos hecho más que templar la energía revolucionaria de los obreros y los soldados. No hemos hecho más que forjar abiertamente para el alzamiento la voluntad de las masas. Y hora cuando el alzamiento ha triunfado se nos viene a proponer que renunciemos a la victoria y sellemos un pacto. ¿Con quién? Con vosotros, que no sois nada ni representáis nada; con unos quebrados e insolventes que ya no tienen misión alguna que cumplir y que no quieren resignarse a ser arrastrados a las barreduras de la historia. [17]

Aun así, tras la toma del poder, el 4 de noviembre, cuatro miembros del Comité Central, Kamenev, Zinoviev, Rykov, Nogin, y dos otros renunciaron tanto al comité central y al Consejo de Comisarios del Pueblo. Exigían la formación de un gobierno de coalición de todos los partidos soviéticos y una Asamblea Constituyente; también repudiaban la “política ruinosa” de Lenin y Trotsky.

Los que estáis escuchando esta charla podéis imaginaros cómo respondieron los opositores de Trotsky cuando éste alumbraba estos asuntos históricos en su obra Lecciones de Octubre, publicada en octubre de 1924.

Su ensayo apareció a manera de introducción a una colección en dos volúmenes de los escritos de Trotsky sobre el primer año de la revolución rusa, intitulada “1917” —parte de un proyecto de publicar sus obras. Sus más de 60 páginas examinan el papel esencial que jugó el partido marxista de vanguardia en la época imperialista de guerras y revolución social.

Es uno de los folletos más importantes e iluminadores jamás escritos.

Comienza con una descripción concreta de la lucha del Partido Bolchevique para movilizar a la clase trabajadora para la toma del poder. Detalla requisitos políticos fundamentales para llevar a cabo una lucha revolucionaria contra el capitalismo.

Lecciones de Octubre fue publicado tras el fracaso un año antes de los acontecimientos revolucionarios en Bulgaria y, de manera más importante, en Alemania —en los que demostraron ser desastrosas las medidas del Komintern y de sus Partidos Comunistas afiliados.

En Bulgaria, un golpe de Estado el 9 de junio derrocó al gobierno de la Unión Nacional Agraria Búlgara, encabezada por el dirigente campesino, el primer ministro Aleksandar Stamboliyski, y puso en el poder a Aleksandar Tsankov, quién había sido el dirigente del fascismo búlgaro antes de la guerra.

Activistas de la Unión Nacional Agraria e individuos voluntarios comunistas se opusieron al golpe, que fue aplastado debido a la abstención del Partido Comunista Búlgaro —que declaró que el golpe era una “lucha por el poder entre las burguesías urbana y rural”.

¡Demasiado tarde, el Komintern lo empuja al Partido Comunista Búlgaro a organizar un levantamiento exactamente un mes después! sin tiempo para movilizar a los trabajadores y a las masas agrarias; el gobierno militar dio comienzo a un programa de detenciones en masa de miembros del PC. El Partido Comunista a pesar de todo llevó a cabo las instrucciones del Komintern, organizando un levantamiento el 23 de septiembre que fue aplastado con gran crueldad.

Trotsky escribió acerca de este desastre:

Todas las simpatías giraron hacia la izquierda y se transfirieron al Partido Comunista. Las fuerzas armadas del enemigo eran infinitesimales. Y sin embargo nos derrotaron. Lo que faltaba era un plan de acción claro y nítido y un golpe decisivo en un momento acordado y en un lugar convenido. ... Esta es esencialmente una tarea militar-revolucionaria. Para esto el enemigo tiene que ser arrojado sobre su espalda, hay que quitarle la iniciativa, hay que arrebatarle el poder. [18]

Alemania era de mayor relevancia.

La revolución en Alemania era la clave del éxito de la revolución europea y mundial, y de la supervivencia de la Unión Soviética. Las condiciones del Tratado de Versalles obligaban a Alemania, la potencia burguesa más desarrollada de Europa a pagar reparaciones a las potencias Aliadas victoriosas de la Primera Guerra Mundial. Los imperialistas alemanes se negaron a seguir pagando, a lo que Francia respondió en enero 1923 ocupando el Ruhr [importantísima zona industrial del occidente germano].

Los dirigentes alemanes imprimieron enormes cantidades de dinero para costear una política de resistencia, creando hiperinflación y realzando tensiones de clase.

La ocupación francesa del Ruhr por produce una crisis económica y política de gran alcance; cosa que cause a un crecimiento dramático del Partido Comunista Alemán (KPD), que logró el apoyo de millones de trabajadores.

El tema de la revolución social se planteó sin rodeos. Sin embargo, en vez de seguir una política revolucionaria, el KPD estaba desgarrado con divisiones sobre si había maduro el momento de conquistar el poder. En Sajonia y Turingia el partido se había aliado a los socialdemócratas de izquierdas. Cuando la dirección del partido finalmente fijó la fecha para una insurrección, su dirigente, Heinrich Brandler, canceló el levantamiento porque no tenía el apoyo de los socialdemócratas de izquierdas.

Esa decisión se tomó en un congreso de consejos de fábrica en Chemnitz, Sajonia, el 21 de octubre. Este congreso tenía que convocar una huelga general y dar la señal para la insurrección. La mayoría de los delegados habría apoyado la convocatoria de una huelga general, como Brandler admitió en una carta a Clara Zetkin. Pero, explicaba él:

Durante la conferencia de Chemnitz me di cuenta de que de ninguna de las maneras podíamos entrar en la lucha decisiva, dado que no habíamos sido capaces de convencer a la izquierda del SPD de que firmara la decisión para una huelga general... Contra una resistencia enorme cambié de rumbo y evité que nosotros, los comunistas, entráramos en la lucha por nuestra cuenta. [19]

La decisión de cancelar la revolución no llegó a Hamburgo a tiempo. Se organizó una insurrección; pero quedó aislada y fue derrotada de manera sangrienta en tres días.

La respuesta del Komintern fue culpar a Brandler de todo. Pero en última instancia la responsabilidad política por de desastre era de la dirigencia del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Komintern —en primera fila Zinoviev, Kamenev y Stalin encabezaban el Komintern; éstos ya libraban la lucha fraccional contra Trotsky.

Trotsky había hecho campaña que el partido alemán dirigiese la insurrección, tal como lo habían hecho los bolcheviques en octubre de 1917 —y en semanas, no meses. En un discurso ante el Ejército Rojo y la Armada Roja el 21 de octubre, el mismo día en que Brandler cancelaba la insurrección, Trotsky declaró, “Para asegurar el éxito militar de una revolución hay que querer lograr ese éxito a toda costa, y esforzarse activamente por ello, destrozando todos los obstáculos que haya en el camino”. [20]

En contraste, Stalin aconsejaba moderación —haciendo hincapié en que los trabajadores todavía tenían confianza en los socialdemócratas, e incluso afirmando que “Sería una ventaja para nosotros que los fascistas golpearan lo primero”. [21]

Trotsky había estado en una alianza con quien ahora era un desesperadamente enfermo Lenin, desde 1922 contra la política nacionalista rusa de Stalin. Era un conflicto que terminó con Lenin instando a destituir a Stalin como Secretario General. Trotsky fundaba la Oposición de Izquierdas en 1923.

Lecciones de Octubre fue políticamente devastadora para los enemigos de Trotsky; pero no fue simplemente una réplica polémica. La preocupación de Trotsky era el destino de la revolución socialista mundial, ni más ni menos. En el primer capítulo, “Debemos estudiar la Revolución Rusa”, Trotsky insiste:

Ahora bien; para el estudio de las leyes y métodos de la revolución proletaria, no hay hasta hoy ninguna fuente más importante que nuestra experiencia de Octubre. Los dirigentes de los partidos comunistas europeos que no hicieran un estudio crítico, con todos sus pormenores, de la historia de aquel golpe de fuerza, se asemejarían al caudillo que, conforme se preparase de momento a nuevas guerras, no estudiara la experiencia estratégica, táctica y técnica de la última guerra imperialista. Aun caudillo así condenaría a la derrota sus ejércitos. [22]

Trotsky explicó cómo en Alemania: “Durante el segundo semestre del año observamos en este país una demostración clásica de la manera como puede desaprovecharse una situación revolucionaria excepcional y de importancia histórica mundial”. [23]

Contrarrestó los errores del Komintern con el enfoque del Partido Bolchevique bajo Lenin en 1917. Al hacer eso, expuso la realidad detrás las afirmaciones de sus enemigos de que el Partido Bolchevique había actuado a lo largo de 1917 como una entidad monolítica —y que solo el advenedizo y entrometido Trotsky representaba una tendencia foránea.

Trotsky planteó la verdad incómoda de que Lenin había luchado por la insurrección de Octubre a pesar de la oposición resuelta y abierta de Zinoviev y Kamenev —y una posición constantemente vacilante de Stalin.

Es más, hizo mucho hincapié en el hecho de que esta oposición a la insurrección de Octubre tenía sus raíces en su repudio de las Tesis de Abril de Lenin.

Cuando Lenin coincide con Trotsky sobre carácter socialista de la revolución venidera se inicia una lucha de meses dentro del partido, contra el futuro “triunvirato”, que respaldaba al gobierno provisional burgués y se adaptaba a las justificaciones defensivas para continuar con la guerra mundial

Aún así, Trotsky dejó claro en su introducción:

Evidentemente, eran muy profundos y estaban muy lejos de ser fortuitos los desacuerdos de 1917, pero resultaría demasiado mezquino tratar de convertirlos ahora en un arma de combate contra los que se equivocaron entonces. [24]

Zinoviev, Kamenev y Stalin no sintieron tales reparos. A manera de prognosis de lo que ocurriría en el futuro despotricaron contra el “trotskismo”. Acusaron a Trotsky de minimizar el papel de Lenin, de revisar el leninismo, y de haber publicado el volumen 1917 a espaldas del Comité Central. Zinoviev llegó incluso a exigir que se lo expulsara del partido, de modo que Trotsky se sintió obligado a renunciar como Comisario del Pueblo de Asuntos del Ejército y de la Armada y presidente del Consejo Militar Revolucionario.

Se crea una norma: cada esfuerzo de Trotsky por reorientar políticamente al PCUS y la Internacional Comunista se topaba con una oposición feroz y sin principios.

Espero que esta narración histórica, necesariamente breve, que hoy les he presentado ayude a entender mejor la base política de las conclusiones universales que elaboró Trotsky a partir de los acontecimientos de octubre 1917.

Los pasajes más fundamentales de Lecciones de Octubre se centran repetidamente en el papel esencial del partido en la revolución socialista. Trotsky insiste:

No puede triunfar la revolución proletaria sin el partido, al encuentro de partido, o por un sucedáneo de partido. Tal es la principal enseñanza de los diez años últimos. [25]

Escribe en su introducción:

Pero ha quedado demostrado que, sin un partido capaz de dirigirlo, el golpe de fuerza proletario se hacía imposible.

El proletariado no puede apoderarse del poder por una insurrección espontánea. …Una clase pudiente se encuentra capacitada para arrebatárselo a otra clase pudiente apoyándose en sus riquezas, en su “cultura”, en sus innumerables concomitancias con el viejo aparato estatal. Sin embargo, cuando se trata del proletariado, no hay nada capaz de reemplazar el partido. [26]

Trotsky luego dirige su atención al significado de la lucha interna del partido, tal como se desarrolla en el curso de la preparación de una revolución. Rechaza todas las explicaciones puramente subjetivas de tales disputas, insistiendo en que la lucha entre las tendencias políticas y las fracciones articula intereses sociales opuestos, ya sea de clases, ya sea de fracciones de clases.

En la caldera de la revolución, cuando los conflictos de clase han alcanzado una intensidad máxima y se ciernen en el partido y sus cuadros, las disputas fraccionales son inevitables. Escribe Trotsky:

El partido es el instrumento esencial de la revolución proletaria. Nuestra experiencia de un año (febrero 1917 – febrero 1918) y las complementarias de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Italia y Alemania, casi nos permiten enunciar como ley inevitable la crisis dentro del partido cuando se pasa del trabajo de preparación revolucionaria a la lucha directa por el poder. [27]

Explicando por qué ello es así, continúa:

La razón de ello estriba en que cada periodo del desarrollo del partido tiene sus características especiales y reclama determinados hábitos y métodos de trabajo. Un viraje táctico implica una ruptura más o menos importante de dichos hábitos y métodos, dimanando de ahí el origen directo de choques y crisis. ‘Sucede harto a menudo —escribía Lenin en julio de 1917— que, a un viraje brusco de la Historia, los mismos partidos avanzados no pueden, por un tiempo más o menos largo, adaptarse a la nueva situación, y repitan consignas eficaces ayer que carecen hoy de sentido, tanto más ‘súbitamente’ cuanto más súbito haya sido el viraje histórico. De donde se deduce un peligro si el viraje ha sido demasiado brusco o inesperado, y si el periodo anterior se ha acumulado con excesos elementos de inercia y de conservatismo en los órganos dirigentes del partido, éste se muestra incapaz de realizar su dirección en el momento más grave, para el cual se había preparado durante varios años o decenios. Lo corroe la crisis y el movimiento se efectúa sin finalidad, predestinado a la derrota. [28]

Resumiendo esos peligros advierte:

En resumen, un partido desvinculado de las tareas históricas de su clase se convierte o corre riesgo de convertirse en instrumento indirecto de las demás. [29]

Ningún giro es más fundamental que los preparativos para la toma del poder. Para Trotsky se trata de un giro estratégico más que táctico; en su esencia, señala que lo que hace necesario distinguir entre esos dos conceptos — entre lo estratégico y lo táctico— es fundamentalmente la consecuencia política de la época imperialista de guerras y revoluciones.

Antes de la Primera Guerra Mundial, a los partidos de la Segunda Internacional nunca se les presentó la oportunidad de crear una insurrección, de tomar el poder —excepto a los socialdemócratas rusos en 1905.

La revolución de 1905 le dio a los marxistas rusos una gran ventaja; desencadenó una intensa discusión sobre estrategia revolucionaria. El producto supremo de esa discusión fue la teoría de Trotsky de la revolución permanente, insistiendo en que la solución de las tareas democráticas y nacionales en países como Rusia, con un desarrollo capitalista tardío, sólo era posible mediante la toma del poder por parte de la clase trabajadora en una revolución socialista.

En contraste, las tácticas parlamentarias, sindicalistas, cooperativistas, etcétera, dominaban el ambiente intelectual que prevalecía en la Segunda Internacional. Karl Kautsky resume este panorama en un artículo publicado en Neue Zeit en diciembre de 1893:

El partido socialista es un partido revolucionario, pero no un partido que organiza revoluciones. Sabemos que podemos lograr nuestro objetivo solo mediante una revolución. También sabemos que cae tan poco bajo nuestro control crear revoluciones como impedirlas. No es parte de nuestro cometido el instigar una revolución o prepararle el camino. [30]

La cita termina con la declaración:

Dado que no sabemos nada acerca de las batallas decisivas de la guerra social, evidentemente somos incapaces de decir si serán sangrientas o no; si la fuerza física desempeñará un papel decisivo, o si serán libradas exclusivamente por medios económicos, legislativos y de presión moral. [31]

Hay que recalcar que en esos tiempos ningún marxista habría discrepado de esa enunciación de Kautsky. La socialdemocracia alemana, la más poderosa de la Segunda Internacional, actuaba bajo condiciones de expansión capitalista general y, ciertamente, no podía hacer aparecer un movimiento revolucionario del proletariado por arte de magia.

Pero esta situación objetiva, con el tiempo, tuvo su impacto político. Como Trotsky explicó en La Guerra y la Internacional,

Teóricamente el movimiento obrero alemán marchaba bajo la bandera del marxismo. Aún en la dependencia a las condiciones del periodo, el marxismo vino a ser para el proletariado alemán no la fórmula algebraica de la revolución que fue al principio, sino el método teórico para la adaptación a un estado nacional capitalista coronado con un casco prusiano...

En cuarenta y cinco años la historia no ofreció al proletariado alemán una simple oportunidad de quitar un obstáculo mediante un ataque tormentoso, o de capturar una posición hostil en un avance revolucionario. Como resultado de la relación recíproca de las fuerzas sociales, fue obligado a evitar los obstáculos o a adaptarse a ellos. En esto, el marxismo, en tanto teoría, resultó un valioso instrumento como guía política, pero no podía cambiar el carácter oportunista del movimiento de clase, que fue su rasgo esencial tanto en Inglaterra, como en Francia y Alemania. [32]

Con el estallido de la guerra, lo que demostró ser decisivo no fue la ideología marxista oficial de los partidos de la Segunda Internacional, sino el carácter reformista de su práctica, y el oportunismo político y la integración en el orden burgués que esto engendró.

Los bolcheviques, cuya historia era la de una constante lucha contra el oportunismo, formaron el partido más revolucionario que el mundo jamás había visto. Como explica Trotsky:

He aquí, en conjunto, lo que le ha dado un temple excepcional, una clarividencia superior, una envergadura revolucionaria sin ejemplo: sus tradiciones de la lucha heroica contra el zarismo; sus hábitos y procedimientos revolucionarios ligados a las condiciones de la actividad clandestina; su elaboración teórica de la experiencia revolucionaria de toda la humanidad; su pugna contra el menchevismo, contra la corriente de los ‘narodniki’, contra la conciliación; su experiencia de la revolución de 1905; su elaboración teórica de esa experiencia durante los años de la contrarrevolución; su examen de los problemas del movimiento obrero internacional desde el punto de vista de las lecciones revolucionarias de 1905. [33]

Sin embargo, también en este partido, la oposición a la insurrección era fuerte. Dio lugar al surgimiento de un conflicto entre una tendencia proletaria, que se esforzaba en ir hacia la revolución mundial, y una tendencia pequeño burguesa, cuya política resultó en la subordinación del proletariado al orden burgués.

Tales conflictos partidarios internos no eran casuales, sino inevitables, tanto entonces como en situaciones revolucionarias subsiguientes:

Si se conceptúa ‘bolchevismo’ una educación, un temple, una organización de la vanguardia proletaria capaz de asaltar el poder con la fuerza; si se conceptúa ‘socialdemocracia’ el reformismo y la oposición dentro del marco de la sociedad burguesa, así como la adaptación a la legalidad de ésta, o sea la educación de las masas con la idea de la inviolabilidad del estado burgués, claro que la lucha entre las tendencias socialdemócrata y el bolchevismo, incluso en un partido comunista que no surge armado de la forja de la historia, debe manifestarse de la manera más perentoria y franca cuando se plantea directamente la cuestión del poder en un periodo revolucionario. [34]

El último tema que quiero destacar es cómo valoró Trotsky el papel de Lenin en la revolución. Si bien discrepó con Lenin sobre la eficacia táctica de llevar adelante la lucha insurreccional bajo la bandera del partido o la de los Soviets. Pero nadie fue más supremamente consciente del papel histórico vital que desempeñó Lenin en empujar hacia adelante a la dirección del partido por el camino de la insurrección:

¿Es concebible que tamaño acontecimiento deba depender de un intervalo de veinticuatro horas?”. Es obvio para Trotsky la respuesta: “¡Claro que sí! ... Sin las presiones, las críticas y las desconfianzas de Lenin, verosímilmente, no habría erguido su línea el partido en el momento decisivo, porque era muy fuerte la resistencia en altas esferas, y en la guerra civil, como en la guerra en general, desempeña siempre un primer papel el Estado Mayor. [35]

Resumiendo la tarea política a la que se enfrentaba la Internacional Comunista, concluye con un pasaje a la vez conciso y profundo sobre “la necesidad de bolchevizar” a los partidos comunistas:

Significa educarlos y seleccionar en su seno un personal directivo, de modo que no flaqueen al venir el momento de su revolución de Octubre” [ “Eso es todo Hegel, y la sabiduría de libros, y el significado de toda filosofía ....] [36]

Un pasaje clave de la biografía de Stalin, de Trotsky, analiza la relación entre un dirigente genial, como Lenin, y el partido revolucionario.

Superficialmente, parece haber una contradicción entre el hincapié que se hace en el papel de Lenin como dirigente genial y el papel vital del partido de vanguardia en la revolución. Pero este es el caso solo si la relación entre los dos no se entiende adecuadamente.

Trotsky pregunta:

Pero, ¿mediante qué milagro se las arregló Lenin en tan pocas semanas para cambiar el rumbo del partido? Habría que buscar la respuesta simultáneamente en dos direcciones —los atributos personales de Lenin y la situación objetiva. Lenin fue fuerte no solo porque entendía las leyes de la lucha de clases sino también porque su oído estaba perfectamente afinado al movimiento de las masas. Representaba él no tanto a la maquinaria del partido sino a la vanguardia del proletariado. ... Lenin ejercía su influencia no tanto como individuo sino porque encarnaba la influencia de la clase en el partido y la del partido en su propia maquinaria. [37]

Continúa, preguntando, “¿Significa ello entonces que en el Partido Bolchevique Lenin lo era todo y todos los otros no eran nada?” Rechaza tal punto de vista:

Los genios no crean ciencia de sí mismos; ellos meramente aceleran el proceso de pensamiento colectivo. El Partido Bolchevique tenía un dirigente genial. Eso no era casual. Un revolucionario de la conformación y la amplitud de Lenin podía ser el líder solo del partido más intrépido, capaz de llevar sus pensamientos y sus acciones a su conclusión lógica. ... Sin el partido Lenin habría estado tan desamparado como lo habrían estado Newton o Darwin sin el trabajo de la comunidad científica. [38]

Lenin dijo al calor de los acontecimientos revolucionarios que una vez que Trotsky entendió que no podía haber unidad organizativa con los mencheviques, no había habido “mejor bolchevique”.

Lecciones de Octubre tiene que ser entendida como el resultado intelectual de la asimilación de la esencia del bolchevismo por parte de Trotsky.

En 1982, David North escribió cuatro ensayos bajo el título colectivo, León Trotsky y el desarrollo del marxismo.

North escribe lo siguiente:

Basado en la experiencia histórica concreta de la clase trabajadora en Rusia y a escala internacional, Trotsky elaboró la concepción de que el destino de la revolución socialista a través de varios años —e incluso de décadas— puede depender de las decisiones tomadas por la dirección de un partido marxista en unos pocos días.

El concepto de formación de cuadros y del papel de la Internacional recibieron un contenido histórico nuevo. ... La tarea histórica del Komintern fue formar cuadros a nivel internacional en el liderazgo de sus secciones capaces de cumplir este cometido. [39]

Prepararse para la revolución y asegurar su éxito significa desarrollar los cuadros del partido, y sobre todo a sus dirigentes, como marxistas para “educarlos y seleccionar en su seno un personal directivo, de modo que no flaqueen al venir el momento de su revolución de Octubre”, como escribió Trotsky en Lecciones de Octubre” .

Ese es el significado de la noción de Trotsky del partido como “escuela de estrategia revolucionaria”, lo que está detrás de esa célebre frase “todo Hegel, y la sabiduría de libros, y el significado de toda filosofía” para prepararse para el próximo Octubre; por eso es qué insiste, “[S]in una dirección partidaria decidida y valiente, la victoria de la revolución proletaria es imposible”

Hoy el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y la Página Socialista Mundial ( World Socialist Web Site – WSWS) son los únicos que toman en serio la insistencia de Trotsky en estudiar las lecciones de la Revolución de Octubre.

La Revolución de Octubre es el acontecimiento más fecundo en la historia mundial. Por primera vez la clase trabajadora derrocó al orden burgués y dio el primer paso heroico en el camino de la revolución socialista mundial.

No puede permitirse que opaquen este logro histórico los terribles acontecimientos que siguieron a la revolución —su degeneración burocrática bajo Stalin, con todos los terribles crímenes llevados a cabo— ni que impidan que la clase trabajadora aprenda todo lo que se puede aprender de ella.

Los que han escuchado esta serie de charlas reconocerán cómo los temas que analizó Trotsky —la lucha contra la guerra y contra la defensa nacional; la teoría de la revolución permanente y las Tesis de Abril de Lenin; las jornadas de julio, los preparativos para Octubre, etcétera— han sido la temática esencial de nuestras propias presentaciones.

Mediante la educación política de los mejores y más visionarios elementos de la clase trabajadora, y de la juventud, estamos preparando el camino para la revolución socialista.

Trotsky escribió en el Programa de Transición, el documento fundacional de la Cuarta Internacional:

Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía ‘maduras’ para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras, sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis histórica de la dirección revolucionaria. [40]

Resolver esta crisis significa unirse al CICI y fortalecerlo. En sus filas, se preparará a los trabajadores avanzados y a la juventud como el liderazgo político revolucionario que se necesita con tanta urgencia, mientras el capitalismo mundial desciende a un nuevo período de guerras y revoluciones.

Notas:

Una edición en línea de Lecciones de Octubre [en inglés] se puede encontrar en el World Socialist Web Site haciendo clic aquí; Mehring Books también ofrece las versiones Kindle y ePub.

[1] David North, “¿ Porqué Estudiar la Revolución Rusa ?”; Novena Razón; haz clic en: www.wsws.org/es/articles/2017/03/20/nort-m20.html

[2] León Trotsky, Lecciones de Octubre (Madrid: Editorial Fundamentos, 1976, traducción de Andrés Nin), páginas. 42 y 44.

[3] V. I. Lenin, “The Bolsheviks Must Assume Power”, Collected Works, Vol. 26 (Moscú: Progress Publishers, 1977), página 19. [nuestra traducción del inglés]

[4] Lenin, “The Crisis has Matured”, Collected Works, Vol. 26, página 84. [nuestra traducción del inglés]

[5] Ibid., “Letter to the Bolshevik Comrades Attending the Congress of Soviets of the Northern Region” página 182.

[6] Ibid., páginas 182–83.

[7] Ibid., “Meeting of the Central Committee of the R.S.D.L.P. (B.) October 10 (23), 1917”, página 190.

[8] José Stalin, “El papel de los más eminentes dirigentes del partido”, Pravda, noviembre de 1918, citado en León Trotsky, The Stalin School of Falsification (Londres: New Park Publications, 1974), página 10. [nuestra traducción del inglés]

[9] Trotsky, Lecciones de Octubre, página 64.

[10] Todas las citas de arriba: Grigorii Zinoviev, [con Lev Kamenev] “Statement to the Principal Bolshevik Party Organizations”, 11 (24) de octubre de 1917, citado y traducido [al inglés] por Robert V. Daniels, A Documentary History of Communism in Russia, (Hanover, NH: University Press of New England, 1993), página 56. [nuestra traducción del inglés]

[11] Trotsky, Lecciones de Octubre, página 51.

[12] Ibid., página 53.

[13] V.I. Lenin, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”; Ediciones de Lenguas Extranjeras (Beijing: 1975); página 10; haz clic en: www.marx2mo.com/M2M(SP)/IMP16s.html

[14] Lenin, “Letter to Bolshevik Party Comrades”, Collected Works, Vol. 26, página 217. [nuestra traducción del inglés]

[15] Lenin, “Letter to Comrades”, Collected Works, Vol. 26, páginas 197, 206–07. [nuestra traducción del inglés]

[16] León Trotsky, Mi Vida, (España, Izquierda Revolucionaria,); “la noche que decide”; haz clic en www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/mivida/index.htm

[17] Ibid.

[18] León Trotsky, Military Writings and Speeches, Vol. 5 (Londres: New Park Publications, 1981), páginas 224–25. [nuestra traducción del inglés]

[19] Citado en Peter Schwarz, “The German October: The missed revolution of 1923, Part 2”, accedido en: http://www.wsws.org/en/articles/2008/10/1923-o31.html [nuestra traducción del inglés]

[20] Trotsky, Military Writings, Vol. 5, página 233. [nuestra traducción del inglés]

[21] Citado en Schwarz; haz clic en: https://www.wsws.org/en/articles/2008/10/1923-o31.html [nuestra traducción del inglés]

[22] Trotsky, Lecciones de Octubre, página 19.

[23] Ibíd., página 16.

[24] Ibíd.

[25] Ibíd., página 78.

[26] Ibíd., página 17.

[27] Ibíd., página 19.

[28] Ibíd., páginas 19 y 20.

[29] Ibíd., página 20

[30] Karl Kautsky, The Road to Power, (Nueva York: Prism Key Press, 2013), páginas 47–48. [nuestra traducción del inglés]

[31] Ibíd., página 48.

[32] Trotsky, La Guerra y la Internacional, capítulo VIII; haz clic en www.marxists.org/espanol/trotsky/1910s/1914-guerra.htm

[33] Trotsky, Lecciones de Octubre, página 81.

[34] Ibíd., página 29.

[35] Ibíd., páginas 63 y 64

[36] Ibíd., página 84. (la frase entre [ ] no aparece en esta traducción]

[37] Trotsky, Stalin, (Londres: Wellred Books, 2016), página 258. [nuestra traducción del inglés]

[38] Ibíd., página 259–60.

[39] David North, Leon Trotsky and the Development of Marxism, (Oak Park, MI: Socialist Equality Party, 2013), páginas 29–30. [nuestra traducción del inglés]

[40] León Trotsky, “La Agonía del Capitalismo y las Tareas de la IV Internacional”, Programa de Transición (Nueva York: Labor Publications, 1973), página 10.