¿Se encuentra Estados Unidos al borde de una guerra nuclear?

12 diciembre 2017

Durante los trece días después de que Corea del Norte pusiera a prueba un misil intercontinental capaz de llegar a gran parte de América del Norte, Estados Unidos ha escalado sus amenazas bélicas.

Estos desarrollos han encendido las alarmas desde las cúpulas de política exterior estadounidenses y los organismos internacionales.

Tales aseveraciones subrayan la inquietud y el nerviosismo en los círculos de política exterior estadounidenses e internacionales en cuanto al potencial de una guerra con Corea del Norte. A diferencia de las guerras contra Irak, Afganistán, Libia y Siria, Estados Unidos no cuenta con un apoyo internacional para una guerra con Corea del Norte. Sus operaciones se salen cada vez más de los marcos del derecho internacional, haciendo caso omiso de forma flagrante a los mandatos de la ONU y al consenso de los que fueron sus aliados.

Los críticos dentro de la élite política estadounidense temen que, en todo escenario posible, una guerra contra Corea del Norte se convertirá en un desastre irreversible para Estados Unidos, incluyendo las muertes de al menos cientos de miles de civiles en ambos lados de la frontera coreana. Tal guerra destruiría lo que queda de su reputación a nivel internacional, volviéndolo un Estado paria.

A su vez, la acentuación de la postura bélica hacia Corea del Norte, atentando asolarla con un nivel de destrucción incluso mayor al perpetrado por la invasión de Irak, ha alimentado la especulación sobre un posible golpe palaciego en la Casa Blanca.

En un artículo publicado en el último número de la revista Foreign Affairs, Scott D. Sagan advierte que prevenir una guerra potencialmente desastrosa con Corea del Norte podría darle un impulso substancial a la destitución de Trump por parte de secciones de las fuerzas armadas.

El enfrentamiento con Corea del Norte, argumenta Sagan, plantea en parte un mayor riesgo que la crisis de los misiles en Cuba, “cuando había líderes civiles fuertes que contrarrestaran los instintos arriesgadamente belicistas de los militares estadounidenses”. Al contrario, hoy día, “los que han hecho las amenazas imprudentes son los altos cargos políticos estadounidenses, quedándole al secretario de Defensa, James Mattis (un exgeneral), y a altos oficiales militares ser las voces de la prudencia”.

“Si los principales dirigentes militares creen en cualquier momento que Trump está imposibilitado, tienen el deber de contactar a Mattis, quien deberá entonces convocar una reunión de emergencia del gabinete para determinar si Trump “está imposibilitado para desempeñar los poderes y obligaciones de su cargo” y si hay que invocar la Vigesimoquinta Enmienda”, afirma Sagan.

Mientras que nadie debería subestimar el peligro de un golpe militar, la idea que la cúpula militar estadounidense vaya a frenar la marcha hacia una guerra en el Pacífico no es más que una ilusión. El secretario de Defensa, el “Perro Rabioso” Mattis, ha amenazado con llevar a cabo un genocidio contra Corea del Norte, advirtiendo que una guerra podría conllevar a “la destrucción de su pueblo”. El asesor de seguridad nacional, H. R. McMaster, ha indicado de forma similar que Estados Unidos está preparado para iniciar una guerra “preventiva”, es decir, no provocada, contra Corea del Norte.

Ante el colapso acelerado y sin precedentes de la hegemonía estadounidense de la posguerra, es una posibilidad que se inicie la guerra para hacer valer las amenazas del Gobierno de Trump.

Al mismo tiempo, las cada vez más frecuentes discusiones sobre destronar a Trump mediante un proceso judicial, una renuncia forzada o la invocación de la Vigesimoquinta Enmienda, crean más presión para que su Administración busque solucionar la crisis política en Estados Unidos a través de la guerra.

Todo esto pone de relieve el inmenso peligro que presenta el actual enfrentamiento nuclear de EUA. Mientras que existen diferencias entre facciones de la élite dominante estadounidense sobre las inconveniencias de una guerra con Corea del Norte, no hay una sola facción que se oponga a la guerra. La política que exigen aquellos sectores opuestos a Trump es una escalada en el conflicto con Rusia, el cual también presenta el peligro de desencadenar una guerra mundial de escala completa.

Lejos de advertir sobre el acercamiento a tal guerra, el Partido Demócrata se ha dedicado las últimas dos semanas a la intensificación de la campaña sobre la presunta colusión del Gobierno de Trump con Rusia. Al mismo tiempo, está buscando corromper la consciencia pública mediante una caza de brujas por “comportamientos sexuales inapropiados” en Hollywood y el Capitolio para movilizar una base de apoyo dentro de la clase media alta para su conflicto con el Gobierno de Trump.

La única fuerza social capaz de evitar una catastrófica tercera guerra mundial es la clase obrera internacional. Esta fuerza social tiene que ser movilizada con base en un programa socialista, en forma de un movimiento internacional de masas antibélico que busque poner fin a las guerras y al sistema capitalista que las crea.

Andre Damon