¿El “Trump brasileño” o el “Duterte brasileño”? Los medios se esfuerzan por hacer que la extrema derecha parezca algo normal para las elecciones de 2018

por Miguel Andrade
20 noviembre 2017

Desde principios de noviembre, los medios corporativos brasileños se han montado una campaña para hacer parecer normal la candidatura presidencial del fascista capitán del ejército de reserva Jair Bolsonaro, congresista federal en siete legislaturas, del Estado de Río de Janeiro. Esta campaña se ha desarrollado ante una crisis creciente que confronta la candidatura de su más cercano desafiante ultraderechista, el alcalde de San Pablo, João Doria. El multimillonario Doria, responsable de la mayor victoria sorpresa de las elecciones municipales de 2016, quitarle el ayuntamiento de San Pablo al alcalde del Partido de los Trabajadores (PT) Fernando Haddad, había sido descrito en un informe del Grupo Eurasia de agosto como el “candidato ideal”.

Bolsonaro ha estado siguiendo al ex presidente del Partido de los Trabajadores (PT) Lula da Silva en todas las encuestas para las elecciones presidenciales de 2018, siendo el segundo y a distancia. La última encuesta de Ibope para las elecciones, del 30 de octubre, le daba el 13 por ciento, por detrás del 35 por ciento de Lula, y Doria siguiéndoles en sexto lugar.

Bajo estas condiciones, Bolsonaro viene siendo presentado cada vez más por los medios corporativos como la “opción de los hombres de negocios” —un estatus que el propio Lula reclamó para sí muchas veces durante los últimos 15 años— y se pondera mucho su “equipo de transición”, especialmente por parte del economista Adolfo Sachsida, del Instituto Federal de Investigación Económica Aplicada (IPEA) del país, destacado cuerpo técnico del Ministerio de Economía.

Dos de los principales diarios del país, la Folha de São Paulo y Valor Econômico, han publicado editoriales y artículos principales durante las dos últimas semanas sobre la “apertura” del representante de la extrema derecha hacia el “liberalismo económico”. Esto señalaría un cambio hacia el centro en relación con sus anteriores “posiciones asociadas con la dictadura [1964-1985, respaldada por los EUA]”, que supuestamente fue hostil al libre mercado. Un informe en Valor Econômico del 7 de noviembre, “El equipo de Bolsonaro toma forma”, fue típico al cuestionar el liberalismo “abrazado a medias” de Bolsonaro mientras promocionaba a Sachsida como su portaestandarte.

En tales informes redentores, la regla está siendo dejar de lado cualquier mención anterior a sus antecedentes de racismo, misoginia, apología de la tortura y las ejecuciones, y promesas de matar a los traficantes y consumidores de drogas, en innumerables diatribas reaccionarias durante décadas.

En un tono todavía más aprobador, la Folha de S. Paulo escogió como titular para el domingo 12 de noviembre, “el mercado ya ve a Bolsonaro como una opción contra Lula”. El informe cita a varios ejecutivos de fondos de protección diciendo que el apoyo reciente de Bolsonaro a las privatizaciones lo hizo más agradable que Lula, y solo mencionan al pasar el pasado político de Bolsonaro como “polémico”.

El episodio escogido para ilustrar su pasado “polémico” es una entrevista de 1998 con un cómico en la que exigía la ejecución del entonces presidente Fernando Henrique Cardoso (FHC). Jefe de un gobierno derechista totalmente subordinado al FMI, Cardoso es un conocido ateo y ex exiliado que formó parte de la oposición burguesa a la dictadura de 1964-1985. Más tarde, en 2016, Bolsonaro dedicaría su voto por la destitución de la presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores al general Brilhante Ustra, el torturador de Rousseff en la década de 1970, cuando estuvo presa por haberse unido a un grupo nacionalista de guerrilla urbana.

La disposición de la burguesía a unir su suerte a la de un candidato fascista está clara desde hace más de un año. Antes, sin embargo, había mostrado su apoyo al eugenista João Doria hijo, más conocido por sus intentos de dar de comer a los sin techo de San Pablo raciones de desechos de harina, mientras les decía a los expertos en salud que no sería degradante para los pobres porque ellos no tienen “hábitos alimenticios, solo hambre”.

Después de hacer campaña sobre una plataforma de “deportaciones internas” de los desempleados y los sin techo hacia el interior de Brasil, el año casi entero que Doria estuvo en el cargo ha estado caracterizado por una “guerra contra el crack” lanzada al servicio de fortalecer intereses en el centro de San Pablo, rápidamente aburguesado. El resultado ha sido la victimización de algunas de las capas más oprimidas de la clase trabajadora brasileña, incluyendo a minorías sexuales y a okupas que escapaban de justicieros fascistas respaldados por la policía en los barrios de chabolas de la ciudad.

Como parte de la “guerra” de Doria, familias obreras del barrio Campos Elíseos, conocido por su llamado “Cracolandia”, se despertaron el 21 de mayo con una operación para demoler edificios de apartamentos con gente todavía dentro. Tras la indignación pública por haber herido a una familia durante una demolición, la operación se suspendió. En la misma vecindad, una brutal invasión de la Policía Militar de San Pablo, famosa por sus crímenes, al único barrio de chabolas del centro de la ciudad, la llamada “Favela do Moinho”, terminó con el secuestro, la tortura y el asesinato de un joven trabajador, Leandro Santos, por las tropas de choque del escuadrón de élite ROTA.

Apodado “el Trump brasileño” por acoger y ser dueño de los derechos de la edición brasileña de “The Apprentice”, Doria reunió desde el primer día un gabinete de millonarios y amigos decididos a efectuar una transferencia masiva de la riqueza hacia los ricos en una de las regiones más desiguales del mundo. Uno de sus objetivos declarados es la privatización de bienes de la ciudad por valor de 5 mil millones de reais (1,5 mil millones de dólares estadounidenses), incluyendo el sistema de cobro de billetes del metro de San Pablo, que tiene 80 kilómetros, y 10.000 líneas de autobús junto con los datos de todos los usuarios masivos del transporte público. A cientos de millones se les están perdonando multas puestas a compañías constructoras por no aceptar decretos sobre utilidades públicas y se las hace “zanjar” casos con gigantes de la construcción mediante intercambios de tierras.

Pero, ¿cómo pudo el multimillonario Doria, de quien se dice en burla que es el promotor de la “república Cachemira”, derrotar a Haddad en todos los distritos de la ciudad, incluyendo bastiones del Partido de los Trabajadores en los apodados “cinturones rojos” de áreas industriales y obreras de la ciudad, en las primeras elecciones tras la impugnación de Rousseff?

Fiel a la promesa de Lula de hace cinco meses ante una multitud de 100.000 personas en San Pablo de que el PT no estaba dispuesto a “prender fuego al país” por la impugnación, la campaña por la reelección derechista de Haddad se concentró exclusivamente en probar sus credenciales a favor de los negocios, allanando el camino a Doria y al fortalecimiento de la extrema derecha.

Haddad había sido escogido a dedo por Lula para las elecciones municipales de 2012, y ejerció el cargo de Ministro de Educación del PT de 2005 a 2012, bajo Lula y Rousseff. Se lo reconoce como el arquitecto de los programas ProUni y Fies para subvencionar y dar préstamos para matriculaciones en universidades privadas. Según un informe de la Revista da Fapesp de 2013, eso permitió la expansión de 4 millones de cargos en universidades privadas durante ese período, mientras que las universidades públicas crearon solo un millón más de puestos de trabajo. Es más, la abrumadora mayoría de esos puestos fueron en imperios educativos con ánimo de lucro con acciones que se cotizan en los mercados de valores, tal como el grupo Kroton.

Sus credenciales serían más tarde fomentadas por su intento de crear un programa anti-homofobia para escuelas primarias e institutos de educación secundaria, al que Rousseff puso fin, presionada por su coalición de derechas, que incluía a Bolsonaro. La fraudulenta “expansión de la educación” y, más tarde, el que cristianos fanáticos lo pusieran en su mira, constituyó la base principal del apoyo de la pseudo-izquierda a Haddad, a pesar de su posición histórica en la derecha del PT.

El carácter derechista de su administración de la ciudad se caracterizó por su respuesta represora a las protestas de junio de 2013, las mayores en el país desde que acabara el régimen militar.

Mientras los sindicatos, atemorizados, se mantuvieron al margen de las manifestaciones, la prensa corporativa empezó a saludar su tema “anti-corrupción”, que era constantemente reafirmado por la dirigencia pequeño-burguesa que rechazaba la “organización” y los “partidos”. La parálisis de los sindicatos fue acompañada por la de la pseudo-izquierda, que no quería legitimar la oposición generalizada al aparato vinculado al PT. Elementos de la extrema derecha intervinieron más tarde en las manifestaciones, atacando físicamente a cualquiera que estuviera asociado al PT, los sindicatos y la pseudo-izquierda.

Desde entonces, los temas candentes del encarecimiento del costo de la vida, la crisis capitalista y la escasez de vivienda que antes animaban a los manifestantes quedaron enterrados bajo tres años de debate moralista sobre los carriles bici, opciones “verdes” para los consumidores, la “ética” de usar medios de transporte masivo y el “derecho a la ciudad” —debates designados a silenciar las críticas al capitalismo al trazar una distinción entre capitalistas “especuladores” y “productivos” luchando por el control de la economía, y promocionando “lo local”.

Más tarde, cuando Haddad quedó segundo en la votación del año pasado, apenas con el 16 por ciento de los votos, las recriminaciones dentro de la pseudo-izquierda se dirigieron a culpar a la clase trabajadora por su “indiferencia” hacia las campañas moralistas medioambientales pequeño-burguesas. Esos elementos llegaron a calumniar a los trabajadores diciendo que estaban “integrados en el neoliberalismo” e incluso alineados con el fascismo.

Artículos típicos dirigidos a los que no votan a Haddad se sucedían en el portavoz del PT Carta Capital: “A las clases medias les toma el pelo la élite” (27 de junio), y “Como Doria, el pueblo de San Pablo ignora a los pobres”.

Tales artículos eran a tiempo complementados perfectamente por artículos desmoralizados en los órganos de la pseudo-izquierda: “¿Qué hacer? Notas sobre la consternación general en los acontecimientos más recientes” (Esquerda Online), “Notas sobre Judith Butler y los [progresistas] que se quieren ir de Brasil” (Outras Palavras) y “Solo los sin techo nos pueden salvar” (por el novelista Xico Sá en El País).

Ahora se considera a Haddad un remplazo potencial para el candidato del PT a la presidencia mientras Lula combate las acusaciones de corrupción que podrían impedirle presentarse a las elecciones. Sus “memorias” de su época en la alcaldía, publicadas por la revista piauí en junio bajo el título “He sentido en propia piel lo que leí en libros. Un encuentro con el patrimonialismo brasileño” es una profesión de fe derechista, que critica el acuerdo para congelar los billetes de los medios de transporte en 2013 y terminando con un panegírico al régimen del PT, declarando: “Sabremos en 2018 si los trabajadores podrán alimentar y valorar la tenue brisa de igualdad y tolerancia que se siente por primera vez”.

Esta es una seria advertencia a la clase trabajadora. La calumnia será inevitablemente la respuesta a cualquier oposición desde la izquierda a Lula hasta las elecciones. La orientación del PT se desplazará más a la derecha hasta las secciones de viejos reaccionarios y nacionalistas del Estado y el ejército. La construcción de un nuevo liderazgo revolucionario, basado en una ruptura con el PT, su aparato sindical y los grupos de la pseudo-izquierda que orbitan a su alrededor, es la tarea urgente que los trabajadores avanzados tienen por delante.