Los antagonismos transatlánticos se profundizan después de que Trump amenazara con retirarse del acuerdo con Irán

por Jordan Shilton
17 octubre 2017

La declaración del presidente Donald Trump del viernes de que está dispuesto a terminar el acuerdo nuclear con Irán si este no es renegociado a gusto de Washington ha agravado las tensiones entre Washington y sus aliados europeos ostensibles, y también ha sido recibida con críticas domésticas.

Las agudas diferencias destacan la polarización cada vez más profunda de las relaciones transatlánticas, que se han deteriorado a lo largo de 2017 dado que Trump ha recurrido al nacionalismo del “Estados Unidos primero” y las principales potencias europeas, especialmente Alemania, han intensificado sus esfuerzos de promover sus propias ambiciones imperialistas independientes.

En su discurso de la Casa Blanca, Trump se negó a certificar que Irán cumple con el Plan de Acción Extensa Conjunto (JCPOA), aunque repetidamente se ha encontrado con que Teherán cumple con sus obligaciones bajo el tratado. Trump impuso sanciones al poderoso Cuerpo de Guardias Revolucionario de Irán, y prometió que si el Congreso no promulgaba sanciones más duras contra Teherán durante los siguientes 60 días, o si el JCPOA no se podía renegociar, se cargaría el acuerdo.

La canciller alemana Angela Merkel y la primera ministra británica Theresa May reafirmaron en una conversación telefónica su compromiso con el JCPOA. El anuncio venía después de una rara declaración conjunta el viernes por la tarde en la que Merkel, May y el presidente francés Emanuel Macron defendían el acuerdo con Irán contra los ataques de Trump, diciendo que era la “culminación” de 13 años de diplomacia. “Animamos a la administración estadounidense y al Congreso a considerar las implicaciones a la seguridad de los EUA y sus aliados antes de dar cualquier paso que pudiera socavar el acuerdo”, declararon los tres líderes.

Esto fue acompañado por una declaración sucinta de la Alta Representante de Política Exterior de la Unión Europea, Federica Mogherini, quien comentó que los EUA no tienen ningún derecho a cancelar el JCPOA dado que es un acuerdo multilateral.

Macron habló por teléfono con el presidente iraní Hassan Rouhani el viernes, insistiendo en que París está comprometido a mantener el acuerdo, según AFP, considerando la posibilidad de viajar a Teherán ─que sería la primera de un presidente francés desde 1979.

Líderes iraníes respondieron apelando a las potencias europeas a que se defendieran de los EUA. Después de que Rouhani prometiera el viernes que su régimen tiene la intención de permanecer en el JCPOA, el ministro de Exteriores Mohammad Javad Zarif pidió el respaldo de Europa. “El acuerdo nuclear es una prueba para los europeos, si pueden jugar un papel en la arena internacional sin el apoyo de los EUA”, declaró. “La resistencia de Europa mostrará si el acuerdo nuclear puede llevarse adelante o no”.

Hablando a AFP tarde el sábado, el ministro de Defensa francés Jean-Yves Le Drian instó a Washington a no terminar un “buen acuerdo”, advirtiendo de que hacerlo provocaría una situación “infernal y muy peligrosa”.

Las potencias europeas, entre las que conducen Francia y Alemania, han expandido sustancialmente sus actividades de negocios con Teherán desde el acuerdo de 2015. Este año, el conglomerado francés de petróleo y gas Total selló una inversión de varios miles de millones de dólares en un campo de gas iraní que es operado conjuntamente por Catar. Grupos de negocios alemanes habían pronosticado una cuadruplicación del comercio del país con Irán para 2020 si el acuerdo se mantenía.

Sin embargo, contrariamente a los comentarios y tuits de Trump, las potencias europeas no están motivadas solamente por intereses inmediatos de negocios. La derogación del tratado tendría importantes implicaciones geoestratégicas, económicas y políticas para el imperialismo europeo, incluyendo desestabilizar todavía más el Medio Oriente, un nuevo flujo de refugiados a Europa, y el enlentecimiento de los esfuerzos de las potencias europeas para promocionar sus propios intereses económicos independientes en la región.

Europa también se basa en el Medio Oriente para entre el 15 y el 25 por ciento de sus importaciones de petróleo. Si estas se secaran, las convulsiones económicas y sociales que se desencadenarían serían dramáticas, especialmente bajo condiciones en las que la oposición social a las políticas derechistas, militaristas y antiobreras perseguidas por los gobiernos de casi todo el continente se acerca a su punto de ebullición.

La prensa alemana fue casi unánime en su rechazo al rumbo de Trump. Die Welt despreció su política del “yo primero” y culpó a Trump de socavar a la comunidad internacional, mientras un artículo de opinión de Klaus-Dieter Frankenburger en el Frankfurter Allgemeine Zeitung acusaba a Trump de acelerar las tensiones. La propuesta de Trump contenía “más combustible para el conflicto en la relación transatlántica”, y podría “empujar al Medio Oriente hacia una nueva y más peligrosa vorágine que está en la que se encuentra ahora”.

Dentro de los Estados Unidos, la opinión sobre la propuesta de Trump está dividida. Mientras el establishment militar y la élite política unánimemente apoyan mantener la presión sobre Irán como parte de la agenda de Washington de consolidar su control sobre el Medio Oriente, región rica en petróleo, y el miedo principal que está siendo expresado es que la promesa de Trump de tirar por la borda el acuerdo aislará y debilitará la mano de Washington.

Anthony Blinken, un vicesecretario de Estado en la administración de Obama, advirtió en el New York Times contra el intento de Trump de extender las prohibiciones al programa nuclear iraní indefinidamente y adjuntar condiciones que van más allá de la intención del acuerdo original, tales como restringir su programa de misiles balísticos. “Ello pondría a los Estados Unidos, no a Irán, en violación del acuerdo, y aislaría a Washington, no a Teherán, del mundo. Le permitiría a Irán reanudar el intento de conseguir armas nucleares o mantener el acuerdo para su ventaja económica, forzando a los Estados Unidos a sancionar a sus aliados más cercanos por realizar negocios con Teherán. Les regalaría un ‘te lo dijimos’ a los defensores de la línea dura iraní en su lucha con los pragmáticos. Pondría un freno, y no mejoraría, la capacidad del Sr. Trump de atraer a otros a su más amplia estrategia de enfrentar la agresión iraní. Más ampliamente, socavaría la credibilidad estadounidense…”, escribió.

Un editorial del Washington Post escribía algo parecido. Abriendo con una denuncia a la política de Trump hacia Irán como “un acto de vanidad política y locura geopolítica”, el diario basaba su oposición en el supuesto fracaso de Trump en desarrollar un plan militar comprensivo para mantener a raya la influencia iraní: “El Sr. Trump prometió más acción para abordar las amenazas no nucleares que plantea Irán, incluyendo sus intervenciones en Irak y Siria. Está justificado que la administración imponga sanciones al Cuerpo de Guardias Revolucionario de Irán. Pero no parece tener un plan claro para abordar el afianzamiento militar de Irán en Siria, que está amenazando con desatar un nuevo conflicto con Israel”.

Dicho de otra manera, el Post quiere que el imperialismo estadounidense concentre su atención en el inminente choque en Siria entre Washington y las milicias respaldadas por Irán, que están intentando establecer un puente terrestre de Teherán al Líbano apoderándose de territorio que antes controlaba el ISIS. Con la presencia de personal militar estadounidense y fuerzas de las potencias imperialistas europeas, así como tropas rusas, este conflicto tiene el potencial de intensificarse rápidamente.

La antigua candidata demócrata a la presidencia y ex secretaria de Estado Hillary Clinton se quejó de que Trump estaba “socavando la validez de las promesas de los EUA a otros países”, y “cambiando drásticamente el tipo de confianza y credibilidad de la posición y negociación de los Estados Unidos que es obligatorio mantener”.

El rumbo de Trump fue respaldado por varios republicanos prominentes, incluyendo a los senadores Lindsey Graham y Bob Corker, que declararon que el Congreso no promulgaría leyes que resultaran en la violación del JCPOA por parte de los EUA.

Las divisiones dentro de la élite gobernante estadounidense y la propia administración de Trump solo acrecienta el peligro de una intensificación de la situación en el Medio Oriente. Aunque regañen a Trump por su abordaje táctico, demócratas prominentes, junto con importantes periódicos como el Times y el Post, comparten completamente la presentación fraudulenta de Irán como el “agresor” en la presente situación. En verdad, la abrumadora responsabilidad por la situación catastrófica en el Medio Oriente y los antagonismos crecientes entre las potencias imperialistas es de Washington, que lleva un cuarto de siglo haciendo la guerra, arruinando sociedades enteras, en un intento desesperado por mantener su hegemonía global. Guerras de agresión conducidas por los EUA en Irak, Afganistán, Libia y Somalia, y los conflictos incitados en Siria y Yemen, han matado a millones y han forzado a otros millones a abandonar sus hogares.

Los llamamientos a que Trump permanezca en el acuerdo no tienen, por lo tanto, nada en común con una política más pacífica o conciliatoria, sino que más bien están relacionados con el deseo de concentrar los esfuerzos estadounidenses en tratar más ampliamente en una escala global con sus principales rivales, Rusia y China. Si una solución de compromiso se alcanza entre Trump y sus críticos, será en base a una presión cada vez más intensa sobre Teherán y la intimidación a las potencias europeas para que se conformen, conflictos cada vez más intensos por todo Medio Oriente y por todo el Atlántico.

Por otro lado, si el Congreso no logra llegar a un acuerdo sobre un abordaje común dentro de los próximos dos meses, Trump estaría en posición de cancelar el acuerdo, arrojando las relaciones de Washington no solo con Teherán, sino también con sus aliados europeos, en un curso hacia la colisión que podría resultar rápidamente en una conflagración militar.