El New York Times y la criminalización del disentimiento

12 octubre 2017

La campaña dentro de la élite mediática y política de Estados Unidos sobre presuntos “ciberataques” u otra manipulación de Rusia contra las elecciones estadounidenses ha evolucionado en demandas cada vez más frenéticas para criminalizar el disentimiento.

Durante los primeros meses del Gobierno de Trump, las acusaciones sobre interferencia rusa en la política estadounidense fueron utilizadas principalmente para librar una batalla dentro de la burguesía estadounidense centrada en cuestiones de política exterior. Dicha campaña antirrusa ahora se ha convertido en un esfuerzo para asociar toda oposición dentro de EUA a las acciones de un “enemigo extranjero”.

Una serie de artículos, uno cada vez más disparatado que el otro, han aparecido en los medios del país, presentando información supuestamente recibida por el comité de inteligencia del Senado de las empresas de plataformas sociales en línea. El último de estos estuvo en la tirada del martes del diario New York Times, el cual ha protagonizado esta campaña mediática. En la primera plana, “Rusos tornaron la ira estadounidense en un arma: publicaciones de Facebook en EUA alimentaron la propaganda” es un artículo que en sí es una pieza de propaganda política pura, estando llena de afirmaciones no corroboradas, especulaciones descabelladas y conclusiones infundadas.

Las publicaciones de los estadounidenses en las redes sociales, indica el Times, se han convertido en “combustible para una red de páginas de Facebook asociadas con una compañía rusa sospechosa que llevó a cabo campañas de propaganda para el Kremlin”. El diario señala haber revisado cientos de estas publicaciones, concluyendo: “Una de las armas más poderosas de los agentes rusos para reconfigurar la política estadounidense fue la ira, pasión y desinformación que estadounidenses reales estaban divulgando en las plataformas mediáticas sociales”.

El artículo nombra varias páginas de Facebook y asegura osadamente, sin prueba alguna, que eran controladas por la innombrada compañía rusa, incluyendo las páginas United Muslims of America (Musulmanes unidos de América), Being Patriotic (Ser Patriota), Secured Borders (Fronteras seguras), y Blacktivist (Activista negro).

La premisa entera en la que el Times se basa es absurda. Afirma que algunas páginas asociadas con Rusia están reportando y compartiendo expresiones de enojo y sembrando descontento y discordia. Por ejemplo, United Muslims of America, “frecuentemente publicó contenido que destacaba la discriminación contra musulmanes”. Esto, de alguna forma, es una actividad criminal. Aquellos que producían el contenido o lo compartían estaban actuando, en lo mínimo como marionetas rusas y a lo peor como coconspiradores. El Times cita a un simpatizante de Trump que compartió una publicación del grupo Being Patriotic y lo caracteriza como alguien “despreocupado… de haberse convertido en un engranaje inconsciente de la máquina propagandística rusa”.

Las acusaciones sobre manipulación rusa se llegan a leer como los delirios de individuos que sufren de espejismos paranoicos. Según una declaración más temprana del senador republicano, James Lankford, un miembro del comité de inteligencia del Senado, fueron “troles” rusos los responsables de esparcir la controversia sobre los jugadores de la NFL que se arrodillaron durante el himno nacional para protestar la violencia policial. Las “granjas de troles” rusos, argumentó, trabajaron para “aumentar el nivel de ruido en EUA”.

Clint Watts, un exagente de alto rango del FBI que testificó ante las audiencias del comité de inteligencia del Senado sobre la intervención rusa en las elecciones y que ha sido referenciado frecuentemente por la prensa, respondió a los comentarios de Lankford, “Los rusos tan solo pueden recostarse y decir: ‘Amplifiquen ambos lados. Enojen a la gente’. Y funciona, hombre, Dios, funciona”.

Tales reclamos repiten lo peor de las tácticas del periodo mccarthista de hostigamiento anticomunista. A los que se les llamaba “títeres comunistas” se les dice ahora “títeres rusos”. (Haciendo caso omiso a que la Unión Soviética fue disuelta hace más de un cuarto de siglo, la revista GQ publicó una gráfica que reemplaza la “G” en “Google” con una hoz y un martillo). El disentimiento y la oposición, según esta línea, no han de ser interpretados como el producto de divisiones internas ni tensiones sociales, sino de las maniobras nefarias de una potencia extranjera.

El artículo del Times incluye partes que parecen sacadas de las proclamas del senador Joe McCarthy o los archivos de J. Edgar Hoover. “Los rusos”, indica, “pareciera que se introdujeron a través de plataformas de redes sociales estadounidenses y emplearon las mismas herramientas promocionales que la gente utiliza para compartir videos de gatos, quejas a aerolíneas y diatribas personales”. El artículo menciona la necesidad de “depurar las redes sociales de influencia extranjera”.

¿En qué constituyó esta gran “campaña propagandística encubierta?”. Según los investigadores del Senado estadounidense, hubo compañías rusas que gastaron un total de $100 000 en anuncios en Facebook para promover mensajes como los citados en el Times .

Otro artículo en el Times el martes (“Investigación sobre Google conecta avisos electorales a rusos”) asevera que “cuentas que se cree que están conectadas al Gobierno ruso” compraron un total de $4700 en publicidad. Además, “$53 000 apartes en anuncios con material político… fueron adquiridos por correos de Internet y direcciones de edificios rusos o con la divisa rusa…”.

Esta es una fracción infinitésima de lo que gastan las campañas políticas atiborradas del dinero de ejecutivos corporativos o plutócratas estadounidenses. Alrededor de $2650 millones fueron gastados por las campañas de Clinton y Trump y organizaciones que las apoyaron durante la carrera presidencial. Cerca de $7000 millones se consumieron en todas las elecciones federales del año pasado. ¡Sin embargo, la supuesta campaña masiva de subversión y propaganda del Gobierno ruso no pasa de unas cuantas decenas o cientos de miles de dólares en Facebook, Twitter y Google!

Las conclusiones serían irrisibles si sus consecuencias no fueran tan serias.

El New York Times, en coordinación estrecha con el Partido Demócrata y las agencias de inteligencia, se ha dedicado a librar una campaña que no es menos que criminal. El diario está involucrado en una conspiración política para ilegalizar el disentimiento en Estados Unidos y justificar los esfuerzos estatales para prohibir, confinar en listas negras y suprimir ciertos discursos, particularmente en el Internet. Si el Gobierno ruso está meramente amplificando el contenido producido por otros, incluyendo videos de violencia policial y otros crímenes, entonces la conclusión lógica es que este contenido tiene que quedar proscrito.

Cualquier contenido o artículo, incluso del mismo Times, que dé una muestra del descontento social en Estados Unidos es susceptible a ser detectado por los rusos y promovido. Llegar a detener tal “intervención extranjera” requeriría un régimen de censura y autocensura de y por parte de todos los medios de difusión —precisamente con lo que cuenta una dictadura—.

El blanco principal de esta campaña de mentiras sobre la manipulación rusa de la opinión pública estadounidense no es Rusia, sino la misma población estadounidense. Las instituciones estatales y ambos partidos, el demócrata y el republicano, están sumamente desacreditados y son ampliamente odiados. La clase obrera no necesita al Gobierno de Rusia ni el de China para saber que la sociedad estadounidense es enormemente desigual, que el sistema político es controlado por los ricos y que la policía realiza actos brutales de violencia a diario.

El control del Internet y la supresión de la libertad de expresión en línea representan una cuestión estratégica elemental para la burguesía estadounidense. La aparición de la comunicación en línea y por plataformas en Internet hizo perder a los principales conglomerados mediáticos el control de la distribución de la información. Bajo condiciones de un aumento en la oposición popular a la desigualdad social y la guerra, y un recrudecimiento de la crisis política, ejercer un control estatal del Internet se ha convertido en una cuestión de la mayor urgencia.

Es esto lo que Google ya ha comenzado a hacer. Como lo ha documentado el World Socialist Web Site, las modificaciones al algoritmo de búsqueda de Google en abril, las cuales fueron llevadas a cabo bajo el pretexto de combatir las “noticias falsas” y promover “contenido de autoridad”, han resultado en la caída de referencias de Google al WSWS de casi el 70 por ciento, y de entre 19 y 63 por ciento para otros sitios de izquierda.

Las acciones de Google están apenas comenzando. Facebook, Twitter, YouTube y las otras plataformas se están preparando, sino no lo han hecho ya, para implementar medidas similares. El Departamento de Justicia le ha ordenado al personal de la rama estadounidense de la agencia noticiera rusa RT que se registre como agentes foráneos para el 17 de octubre o ser posiblemente arrestados. Dicha acción será utilizada como un precedente para tratar a páginas web y organizaciones izquierdistas o de protesta contra la guerra como agencias de un “enemigo extranjero” que tienen que ser clausuradas o censuradas.

Es necesario organizar a la clase obrera y a la juventud en contra de esta ofensiva mccarthista contra la libre expresión y contra el Internet, aunando la defensa de los derechos democráticos con la oposición a la desigualdad social, las guerras, las dictaduras y el sistema capitalista. Se tienen que organizar reuniones en todo el país e internacionalmente para exponer lo que ocurre y movilizar la oposición. El WSWS urge a sus lectores a firmar la petición contra la censura del Internet y a contactar al Partido Socialista por la Igualdad hoy.

Joseph Kishore