“Me acostumbré a considerar a la industria del petróleo la industria de saqueo, pillaje y despojo”

Robert Bea ex ingeniero civil de la Shell y emérito de Berkeley, habla sobre el huracán Harvey

por Barry Grey
5 septiembre 2017

Robert Bea es un ingeniero civil jubilado y profesor emérito del “Center for Catastrophic Risk Managment” (Centro del Manejo de Riesgos Catastróficos) de la Universidad de Berkeley en California. Viene de una larga carrera en el campo de control de inundaciones y del asesoramiento y manejo de riesgos, que comienza en 1954 cuando se une al Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

En 1965 la compañía Shell lo nombra principal ingeniero civil para sus plataformas marítimas y lo envía a Nueva Orleans. Cuatro años después la Shell lo envía a Houston. Luego de ayudar a crear la empresa asesora internacional que se transformaría en PMB-Bechtel, Bea se une a la facultad de Berkeley. Allí su trabajo consistiría en analizar los principales fracasos y desastres ligados a sistemas de ingeniería, tal como la destrucción causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans, la explosión de la nave espacial Columbia, El derrame de petróleo de la plataforma marítima Deepwater Horizon de la empresa BP, la explosión en 2010 del gasoducto de la empresa PG&E en San Bruno, California. Recientemente, analizó el fracaso en el 2017 de las represas de Oroville y Anderson en California.

El profesor Bea charló con el World Socialist Web Site el miércoles pasado desde su hogar en California.

Robert Bea: La repentina descomposición este invierno de las represas de Oroville y Anderson en California tiene cosas en común con el huracán Harvey de Houston. California había atravesado cinco años de sequía. Por fortuna este año hubo abundante agua fresca; pero los sistemas que habíamos construido no estaban preparados.

Peor, nadie en verdad entendía el sistema como sistema. Se trataba de una sarta de partes y pedazos desligados. Eso mismo estamos presenciando en Houston, Texas. La tormenta es mucho más intensa de lo que se esperaba —más que lo que se podría haber anticipado en verdad. El cambio climático mundial ya no es ninguna duda. El clima siempre ha estado en proceso de cambio.

Eh Houston el sistema de “protección de inundaciones” no es para la protección de inundaciones. No es un sistema. Es un montón de pedazos y partes sin ninguna conexión entre sí.

Robert Bea

Barry Grey: Cuando usted dice que no es en verdad un sistema de control de inundaciones, podrías precisar que significa eso para usted?

RB: Como no, el Cuerpo de Ingenieros construyó pintorescos montones de tierra, las represas Barker y Addicks. En un tiempo vivíamos a pocas millas de esas represas. Vivíamos en Memorial Estates , al margen de Buffalo Bayou, una hermoso riachuelo. Cuando crecían nuestros hijos, el riachuelo se trasformaba en un pantano. O sea que, la zona de derrame para las represas de Barker y Addicks se metamorfoseo en una cloaca sin salida.

En su derredor, centros comerciales y carreteras, laboratorios y refinerías reemplazaron los campos que existían en la época en que nosotros nos mudamos al lugar. El medioambiente había cambiado sin que evolucionara ningún sistema que encarara esa serie de cambios.

Al fin del cuento, uno abre un periódico para enterarse de lo que pasa y exclama “¡Dios mío! Houston se inunda”. Se parece al huracán Katrina de Nueva Orleans. Se parece porque es más o menos la misma joda.

BG: ¿Sabe usted que el otro día el administrador de FEMA [Agencia federal de administración de emergencias] declaró que nadie, de ninguna manera, podría haber pronosticado todo esto?

RB: ¡Eso es una mierda! Por lo general yo no soy tan vulgar pero ¡es una mierda total! No lo podían pronosticar porque no le prestaban ninguna atención. Para pronosticar algo uno tiene que prestarle cuidadosa atención; analizar con cuidado como diablos fluye el agua del norte al sur de Houston. ¿Quién se fija y analiza cuidadosamente como fluyen las aguas del norte al sur de Houston? Nadie.

Algunas de las imágenes de las represas que hoy se desmoronan, y que se desmoronarán más, son como las que encontré en Nuevo Orleans, después del huracán Katrina. Árboles crecían encima de ellas, o las rodeaban. Los árboles socavan las represas. Por lo tanto nadie debería sorprenderse cuando se desmoronan.

BG: Han aparecido muchos estudios, informes y recomendaciones de la American Society of Civil Engineers (Sociedad de ingenieros civiles de Estados Unidos, ASCE), y de otros, especialmente desde el huracán Katrina. ¿Cómo responden las instituciones de poder a esos informes?

RB: No dicen nada; yo he pertenecido al ASCE toda mi vida. Aquí en California les hemos presentado este análisis a nuestros representantes políticos, incluyendo a la senadora Dianne Feinstein, a la congresista Nancy Pelosi y a otros, algo que no es usual para los ingenieros. Yo sólo hice eso a fines de mi carrera.

Les presentamos el caso. Son personas inteligentes. Nos reciben amablemente. Hacen muy buenas preguntas, especialmente sus asistentes. Una y otra vez, lo que sigue es un silencio total.

Bea con George Sills investigando el estado de la infraestructura después del huracán Katrina

BG: ¿Es cuestión de negligencia y desinterés …?

RB: Sí. En cuanto a la negligencia, después de una larga carrera, yo fui a parar en Berkeley. Allí estudiamos lo que se conoce como el estándar legal de cuidado. Tiene un significado legal. Hay cinco elementos específicos que tienen que ser satisfechos para evitar incumplir con el estándar legal apropiado de cuidado –es decir, caer en la negligencia.

Al aplicar esas cinco condiciones claves a lo que yo observo en, y a mis experiencias de, Houston Texas y también este año en California en las represas de Oroville y Anderson, y a la inundación del riachuelo Coyote en San José, efectivamente se trata de una tragedia de negligencia.

BG: El argumento de las autoridades del gobierno es que no había nada que hacer. ¿Qué podrían haber hecho?

RB: Esa es una excelente pregunta. Reconocer que hay un problema es sólo el primer paso. Yo he estado conectado con 26 países diferentes en el mundo. En mi trabajo he podido atraer a Estados Unidos a colegas míos, con experiencia, al igual que yo, de países como Holanda.

Para mí, Holanda es de gran interés. Es en verdad un país bajo el nivel del mar. Sin embargo desde hace tiempo los holandeses han logrado dejar de tapar los diques con los dedos para frenar el agua. Aprendieron a protegerse de ese recurso tan vital. Han logrado cosas maravillosas para manejar el riesgo del agua, particularmente después de las catastróficas inundaciones de 1956 que se extendieron por el ochenta por ciento de ese territorio, casi barriendo a Holanda del mapa del mundo.

Incluso tienen una organización gubernamental de control, una comisión territorial de administración del riesgo de agua. Utilizan avanzadas tecnologías para administrar el riesgo y se han ligado a otras naciones para poner esa tecnología en práctica. En la actualidad ese país controla las aguas.

Eso ocurrió a través de muchos años. Los holandeses tuvieron que aprender a darle espacio al agua; así lo dicen ellos. Hay que respetar al agua, permitirle fluir de un lugar a otro, proveerle rutas abiertas.

No vale tener rutas obstaculizadas como Buffalo Bayou, pantanos llenos de lodo y árboles, para que el agua de la represa de Addicks no llegue al Golfo de México. Debe ser un sistema coherente y respetuoso. Claro está que todo esto cuesta dinero; pero cuesta muchísimo menos que la destrucción de un país, como Holanda.

Aprendieron esa lección, a hacer modestas inversiones anuales. ¡En verdad son parcos con su dinero! Se aseguran que la plata llegue a donde tiene que llegar. No es un proceso político de distribución de dinero. Se distribuye de acuerdo al riesgo que se evalúa. Eso es muy diferente a lo que ocurre aquí en estos benditos Estados Unidos.

Bea ayudó a evaluar la ingeniería del derrame de petróleo del pozo Deepwater Horizon de la BP

BG: ¿Qué ocurre en los benditos Estados Unidos? ¿Cuáles son las prioridades?

RB: Debido a las bendiciones de los Estados Unidos, especialmente las bendiciones monetarias, nuestra costumbre es ver como se desmoronan las cosas y después denominarlo desastre natural. Ese método pone en riesgo toda nuestra infraestructura.

BG: Es desigual la distribución de esas bendiciones monetarias.

RB: Correcto, exactamente correcto.

BG: Tanto el huracán Katrina como el huracán Harvey revelan la enorme pobreza que existe.

RB: Sí, en Nueva Orleans, mi familia sufrió la inundación de 1965 del huracán Betsy. Nuestro primer hogar estaba en el este de Nueva Orleans. ¿Por qué compramos una case en el este de Nueva Orleans? Bueno, estaba a veinte pies por debajo del nivel del mar. Era barata. Cae de maduro que al romperse el dique allí en 1965, esa fue la primera zona en inundarse.

Barrió con nosotros. Por fortuna yo tenía un muy buen empleo con la empresa Shell y no tardaríamos en recuperarnos. Algunos de nuestros vecinos no lo pudieron hacer. No contaban con buenos empleos. No tenían padres en tierra alta que los podían ayudar. De paso, FEMA no existía en ese entonces, gracias a Dios. No existían seguros contra las inundaciones catastróficas en esos días. Nos recuperamos porque contábamos con apoyo.

Los habitantes pobres que no cuentan con apoyo están bien jodidos. Acuérdese de lo que ocurre con Katrina en el estadio Astrodome de Houston, que se llenó de gente de Nueva Orleans en busca de refugio. En estos días el centro de convenciones se ha llenado con refugiados, esta vez de Houston. Muchos de ellos no tienen ninguna de las bendiciones que mencioné. O sea que el efecto sobre las comunidades sin medios es muy desmedido.

BG: Al mismo tiempo hay gente haciendo dinero. Si no hubiera ocurrido esta enorme y rápida transformación…

RB: …detonada por el petróleo y el gas natural. Es eso lo que nos trajo a Houston. Yo era empleado de la Shell. Fui el principal ingeniero de plataformas marinas de la Shell. Trabajaba en el centro de Houston. Al lado nuestro estaba Exxon, y Mobil a pocas cuadras. Luego vendría gente de Sohio, British Petroleum, ahora conocida como BP. Es un centro de petróleo y gas natural. Eso es lo que azuzaba la pavimentación a la que me refería que nos rodeaba en Houston.

BG: ¿Por qué les interesa tanto pavimentar todo y expandir, construir, desarrollar y destrozar humedales y praderas? ¿Qué ganan de eso?

RB: Bueno, le voy a contestar honestamente, sin filtrar palabras. En base a mi larga experiencia con la industria petrolera y de gas mundial, m e acostumbré a considerar a la industria del petróleo la industria de saqueo, pillaje y despojo. Sé que son palabras bastante negativas.

Son como panteras. La pantera es un animal muy interesante. Es muy eficiente y efectivo; pero no bien se distrae alguna presa, esta amorosa criatura se la come viva.

Esta industria es un grupo de gente encargada con una función, producir petróleo y gas natural. Encargados de lograrlo a cierto nivel de lucro. Esto hace que esas palabras tan negativas que dije, saqueo, pillaje y despojo, describen el resultado natural de una poderosa empresa comercial. Es la más grande y poderosa empresa comercial e industrial en la historia de este planeta, sin dejar de lado la empresa militar.

BG: Si Houston no se hubiese extendido, como ocurrió, y pavimentado todos esos campos naturales, ¿qué tan diferente hubiese sido el impacto que causó el huracán?

RB: Observe a Lake Charles, Luisiana, donde en estos momentos se derrama la lluvia del huracán Harvey. Existen refinerías, etcétera, pero ha evolucionado de una forma m á s respetuosa con el medio ambiente que existía antes. Mi predicción —siempre es peligroso pronosticar estas cosas— es que no ocurrirá nada allí similar a la actual catástrofe de Houston.

BG: Porque ellos no han destruido todas estas praderas que absorben el agua.

RG: ¡Eco! Desgraciadamente, no es porque existía un plan, sino por una serie de circunstancias que no permitieron que se convirtiera en una colección de centros comerciales.

BG: Aparte de no tener toda esa desenfrenada urbanización, ¿qué más podría haberse hecho para minimizar el impacto de huracanes o tormentas gigantes? ¿Qué otras cosas podrían haberse hecho en la zona de Houston?

RB: Atraer de Holanda a un grupo de gente inteligente y con experiencia y decirles: “Queremos transformar toda esta zona para que se parezca a Rotterdam”. Ese es un puerto muy activo; es industrial; tiene refinerías y muchas otras cosas que le proveen bienes y servicios a Holanda y al resto del mundo. Se necesita atraer a esa gente y decirles: “Muy bien, gente holandesa, vamos a dejar de tapar diques con nuestros dedos. No tenemos dinero e intentamos gastarlo cuidadosamente, mezquinamente y con cautela. Queremos administrar el agua respetuosamente. Empecemos creando un sistema coherente e integrado. Ese sistema debe incluir el medio ambiente. Ese medio ambiente debe incluir a los seres humanos y su bienestar, que hay que defender”.

Debemos pensar en términos del largo plazo, no del corto plazo. En Estados Unidos estamos acostumbrados a resolver cosas de una vez y sin dejar de gozar nuestras vidas. Desafortunadamente, este problema no tiene solución a corto plazo. Debemos adoptar un enfoque de largo plazo para hacer bien las cosas. En otras partes del mundo aprendimos como hacer las cosas bien. En base a lo mejor de esos conocimientos, manejemos nuestros recursos con cuidado —con mezquindad por decirlo así— utilizando lo mejor de nuestro entendimiento, y pongamos manos a la obra, entendiendo que este proceso no tiene fin.

Se requiero un cambio radical en como pensamos. No existe ningún indicio de ese cambio aquí en nuestro bendito Estados Unidos.

BG: Usted habla de dinero. El periódico Financial Times acaba de publicar un artículo sobre lo que le ha pasado a los diez megamillonarios más ricos del mundo desde el crac de Wall Street del 2008. Bill Gates, el número uno de entonces, sigue siendo número uno. Solo que su fortuna ha saltado de sesenta mil millones de dólares a cien mil millones. Lo mismo ocurrió con el resto de ellos.

RB: Los ricos se enriquecen mientras los pobres se empobrecen.

BG: Hay billones de dólares en cuentas bancarias y de acciones, pero dizque no existen recursos para proteger a gente de inundaciones.

RB: ¡Eco! En Berkeley elaboré una simple fórmula para todos estos desastres, A+B=C. Es como dos más tres es igual a cinco. “A” son peligros naturales, que podrían ser mucha lluvia, una enorme cantidad de lluvia, como la del huracán Harvey.

“B” representa una interesante lista que incluye soberbia, arrogancia, codicia, complacencia, corrupción, incompetencia, indolencia e ignorancia.

“C” es catástrofe, tarde o temprano.

Compañero, usted pone el dedo en “B”. Las cosas “B” están detrás de toda esta locura. Es por eso que los ingenieros son mayormente ingenieros y nada más. No les gusta “B”.

BG: El WSWS publicó el 30 de agosto un editorial sobre planificación, que señala la diferencie entre la anarquía del mercado capitalista y la necesidad de planificar las cosas. Creemos que lo que pasa en Houston es un ejemplo trágico de la falta de planificación, de la anarquía de la codicia de individuos.

RB: No solo es cuestión de codicia. Existen otros ingredientes —como arrogancia y soberbia. Me es difícil ver televisión, especialmente los noticieros. Cuando me fijo en nuestro presidente hablando; cuando miro con temor cuando viaja a Corpus Christi o a Austin, Texas; me preocupan esos elementos “B”; observo como adquieren más fuerza.

BG: En su opinión ¿empeora ese problema, mejora, o sigue igual?

RB: Empeora; lo evidencia Houston. Seguimos comercializando, industrializando, poblando los Estados Unidos. Estamos amontonando cosas nuevas sobre cosas viejas. Está claro qu é si se corroen los cimientos, si no aguantan más, las cosas empeoran.

BG: ¿Qué piensa usted que debe hacerse? ¿Cuál es la solución?

RB: Desde el punto de vista de mi persona, nos hemos mudado a tierra alta; hemos avanzado de veinte pies bajo el nivel del mar en New Orleans a 625 pies por encima del nivel del mar en California. Nos estamos protegiendo.

Me he jubilado y me propongo contar mi historia, aunque sea a través de simples ecuaciones como A+B=C.

Es importante que ustedes continúen con su misión —de informar al público, para que la gente, especialmente aquí, en Estados Unidos, que son víctimas de esta corrupción e incompetencia, empiecen a tomar conciencia de cómo corregir las cosas.

Si logran continuar con esa labor, yo los bendigo.