India: candidato de “oposición común” respaldado por estalinistas elecciones presidenciales

por Deepal Jayasekera
28 julio 2017

El oficialista Bharatiya Janata Party (BJP; Partido Popular Indio), chauvinista hindú y de derecha, se ha aferrado más fuerte al poder tras la victoria el jueves pasado de su candidato a la presidencia.

Ram Nath Kovind será el primer presidente indio con raíces en la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS; Asociación de Voluntarios Nacionales), la organización supremacista hindú que fundó el BJP. El primer ministro Narendra Modi ha sido un acólito del RSS casi toda su vida, al igual que Venkaiah Naidu, el ministro del Interior del BJP, quien ha sido nominado para convertirse en vicepresidente del país el próximo mes.

La Presidencia de India es en gran medida un puesto ceremonial, pero el presidente ejerce importantes poderes, especialmente en una crisis política. Tiene el poder de nombrar al primer ministro en caso de un Parlamento sin una mayoría; puede obligar a una nueva votación sobre la mayoría de proyectos de ley estatales o nacionales antes de ser firmados en ley; puede sancionar ordenanzas (cambios legislativos temporales impuestos por el gobierno cuando el parlamento no está en sesión); y puede imponer "un gobierno presidencial" (un control de emergencia del gobierno central) en los estados donde considere que la constitucionalidad o la ley y el orden se han perdido.

El presidente indio es elegido por un colegio electoral integrado por miembros del Parlamento Nacional de India y las legislaturas estatales y territoriales, con los votos ponderados para tomar en cuenta la población de las distintas circunscripciones electorales. Como el BJP tiene actualmente una mayoría de escaños en la cámara baja del Parlamento y forma el gobierno en estados que contienen casi dos tercios de la población india, la victoria de su candidato presidencial fue desde un principio casi segura.

Concediendo que el resultado de las elecciones de la semana pasada fue, sin embargo, una debacle para el Partido del Congreso o Congreso Nacional Indio (CNI), el cual hasta hace poco era el partido preferido de la burguesía india, como también lo fue para los partidos parlamentarios estalinistas –el Partido Comunista de India (Marxista) o CPM y el Partido Comunista de India o CPI—.

El CNI y los estalinistas fueron los principales impulsores de presentar un candidato de “oposición común”. Afirmaron que incluso si el candidato del BJP finalmente resulta victorioso, la campaña presidencial serviría para reunir a las fuerzas "seculares, democráticas" contra la derecha hindú y servir como un trampolín para desafiar al BJP en las elecciones nacionales del 2019.

Pero la campaña de "oposición común" se desvaneció rápidamente. Muchos de los partidos regionales y los que se dividen por casta que fueron considerados por el CNI y los estalinistas como posibles miembros de su frente "secular" optaron por apoyar al candidato del BJP. Además, la elección en sí vio una significativa votación entre partidos, con legisladores desafiando las instrucciones de sus respectivos partidos para votar por Kovind.

Al final, el candidato de la oposición, Meira Kumar, exministro del Interior del CNI y presidente de la cámara baja del Parlamento de India, obtuvo sólo el 34,35 por ciento del voto "ponderado", al 65.65 por ciento de Kovind.

Pretendiendo bloquear el ascenso del comunalista BJP al poder, el CPM y el CPI estalinistas han subordinado sistemáticamente a la clase trabajadora al CNI y a un conjunto de partidos regionales y castistas de derecha durante el último cuarto de siglo. De 1991 al 2008, los estalinistas apoyaron una sucesión de gobiernos indios, la mayoría dirigidos por el CNI, que implementaron la agenda neoliberal de la burguesía para transformar a India en un asilo barato para el capital global y forjaron relaciones más estrechas y finalmente una "asociación estratégica" con Washington.

El resultado final de estas maniobras políticas y de la supresión sistemática de la lucha de clases por parte de los estalinistas, de la cual forman parte, es que el BJP es más fuerte que nunca.

En las elecciones del 2014, Modi y su BJP fueron capaces de explotar cínicamente la oposición de las masas al CNI tras una década en el poder, la cual demostró que sus "reformas económicas con un rostro humano" no fueron más que un engaño cruel. Bajo el gobierno del Congreso, la burguesía vivió un boom de inversión, con el número de multimillonarios aumentando más de diez veces, mientras que las tres cuartas partes de la población del país continuaron ganando menos de dos dólares al día.

Debido a que los estalinistas están tan identificados con el CNI y que ellos mismos promovieron políticas "pro-inversionistas" en los estados donde han formado parte de gobiernos, el CPM y el el CPI compartieron el tiquete del CNI en las elecciones del 2014. Por segunda elección nacional consecutiva, el Frente de Izquierda liderado por los estalinistas perdió más de la mitad de sus escaños, dejándolo con menos de una docena de parlamentarios en el Lok Sabha o cámara baja de 545 miembros.

La burguesía llevó a Modi y al BJP al poder para avanzar una política más agresiva contra la clase obrera y reafirmar más audazmente sus ambiciones de gran potencia en la escena mundial. Esto el gobierno Modi lo ha hecho con una venganza. Ha reducido drásticamente el gasto social, acelerado la privatización y destruido los ya mínimos niveles de empleos de India; amplió dramáticamente los lazos de seguridad militar de India con Estados Unidos, Japón y Australia, transformando a India en un verdadero frente de la ofensiva estratégico-militar de Washington contra China; y promovió el autoritarismo, denunciando rutinariamente incluso a sus opositores burgueses como "antinacionales", mientras que libró una campaña provocadora contra el comunalismo de "matanzas contra las vacas". En marzo, Modi nombró a Yogi Adityanath, legislador del BJP y sumo sacerdote hindú, famoso por su retórica inflamatoria antimusulmana y por la promoción de una milicia juvenil de tendencia fascista, como primer ministro de Uttar Pradesh, el estado más poblado de India.

El gobierno de Modi ejemplifica el fracaso y la putrefacción del dominio burgués. Siete décadas después de la independencia de India, las masas siguen sumidas en la miseria, mientras que la burguesía india vende al país como una sátrapa para el imperialismo estadounidense y promueve la reacción comunalista como un medio para dividir a la clase obrera.

Nada puede demostrar de manera más concluyente la urgencia de que la clase obrera avance su propia solución socialista a la crisis y reúna a todas las masas explotadas detrás de ella en la lucha por un gobierno obrero y campesino.

Pero los estalinistas han respondido a la intensificación de la lucha de clases trasladándose aún más a la derecha. Han redoblado sus esfuerzos para subordinar a la clase obrera a los partidos desacreditados de la clase gobernante, a los que urgen a que orientarse al poder judicial, ejecutivo y otras instituciones del Estado capitalista para que puedan pretender ser un contrapeso "secular" y "democrático" ante Modi y la derecha hindú.

Los estalinistas, el Partido del Congreso y la política de casta

En las elecciones del año pasado en Bengala Occidental, el cuarto estado más grande de India, la CPM formó su primer bloque electoral públicamente declarado con el Partido del Congreso. Debido a las divisiones internas –relacionadas con el hecho de que el CNI es la principal oposición al gobierno liderado por el CPM en Kerala—, el CPM disolvió posteriormente su "gran alianza" con el CNI en Bengala Occidental.

Pero esto no impide que los estalinistas colaboren estrechamente con el partido tradicionalmente oficialista de India en defensa del secularismo. Sin importar que el CNI tenga una larga historia de adaptación y conspiración con la derecha hindú, incluyendo la implementación de la partición comunal de 1947 del subcontinente, la incitación de pogroms antisijes de 1984 y permitir la destrucción del Babri Masjid en 1992.

El CNI está tan desacreditado que tiene que depender de los estalinistas para hacer frente a muchas de sus maniobras con otras secciones de la élite política.

De esta manera, la presidenta del CNI, Sonia Gandhi, encargó públicamente al secretario general del CPM, Sitaram Yechury, a que se reuniera con los líderes de los partidos de la Alianza Democrática Nacional (ADN) del BJP para proponer un candidato de "oposición común" a las elecciones presidenciales de la semana pasada. Yechury tomó inmediatamente la oportunidad. Durante los meses de mayo y junio, se reunió con una serie de ministros de derecha y líderes del partido para escuchar sus sugerencias sobre el candidato y la petición de una alianza anti-BJP dirigida por el CNI.

Pero, las negociaciones se estancaron cuando los posibles socios de la alianza maniobraron para posicionarse mejor que los otros, incluyendo en algunos casos la búsqueda de un mejor trato de Modi y su BJP.

En última instancia, el BJP decidió atacar primero, anunciando que el poco conocido Kovind sería su candidato.

Esto puso a la oposición en desorden. El primer ministro de Bihar y líder del partido Janata Dal (United), Nitish Kumar, anunció inmediatamente que su partido votaría por Kovind, aparentemente porque Kumar había desarrollado una buena relación con Kovind durante los dos años que desempeñó como gobernador de Bihar.

Tal cambio no fue sorprendente. Durante cerca de dos décadas, el JD (U) fue el aliado más importante del BJP. Sin embargo, después de que rompió con el BJP en el período previo a las elecciones de 2014, los estalinistas se apresuraron a proclamar al JD (U) un partido secular y añadirlo a su lista de aliados potenciales.

La deserción del JD (U) resultó ser sólo el comienzo de la agitación en el campo de la supuesta oposición. La nominación de Kovind causó aún mayores problemas debido a su identidad con la casta de los dalits (antes intocables).

Muchos de los partidos de la oposición declararon que no podían votar en contra de un candidato dalit a la presidencia, incluso si le votaba todo al BJP, es devoto del RSS, y había proclamado públicamente el Islam, la fe de cerca de 200 millones de indios, "antinacional".

De hecho, sólo sirvió para subrayar la hipocresía y bancarrota de toda la élite política india, que se aprovecha de y manipula cínicamente las identidades de castas, promociona sus intereses y divide a los trabajadores Al tiempo que condena a la inmensa mayoría de la población, sean dalit o no, a la pobreza y a la inseguridad económica.

Los estalinistas han ayudado a legitimar esta política de castas, en primer lugar, oponiéndose a la revolución socialista en la teoría y en la práctica, aunque toda la experiencia del país del siglo pasado, ni mencionarla Revolución Rusa, demuestran que en países atrasados capitalistas, la construcción de una democracia auténtica, que incluya la erradicación de la opresión de castas, sólo es posible a través del derrocamiento de la burguesía.

Por otra parte, los estalinistas han promovido “reservar” empleos públicos y plazas de educación para los dalits y otras clases atrasadas —una política iniciada por los colonos británicos que sólo permite dividir más equitativamente la miseria del capitalismo, mientras nutre a una diminuta élite pequeñoburguesa cuyo interés es perpetuar las castas. Y durante décadas, el CPM y el CPI han aclamado a varios partidos de derecha basados en castas como posibles miembros de una tercera fuerza "progresista" (anti-BJP y anti-CNI).

Para evitar que la campaña de la "oposición común" se derrumbara por completo, el CNI, con la aprobación de los estalinistas, presentó rápidamente su propio candidato dalit a la presidencia, Meira Kumar.

Huelga decir que la elevación de una dalit de la élite política a presidente, ya sea del CNI o el BJP, no hará una diferencia para los trabajadores dalir empobrecidos.

Las elecciones presidenciales del 2017 deben servir como una lección beneficiosa para los trabajadores, jóvenes e intelectuales socialistas de India en cuanto al papel del CPM y el CPI. Hace décadas, los estalinistas se integraron a los grupos de poder tradicionales. Sirven como recaderos para el partido de las corporaciones, el CNI, y, más ampliamente, como agentes políticos de la burguesía india, conforme se siguen trasladando hacia la derecha.