El cambio de alianzas de Obama en América Latina

7 abril 2016

“Una sociedad necesita coraje para hacer frente a ciertas verdades incómodas de las partes más oscuras de su propio pasado. Confrontar los crímenes cometidos por nuestros propios líderes ... es esencial para avanzar hacia la construcción de un futuro pacífico y próspero en un país que respete los derechos de todos sus ciudadanos”.

Estas fueron las palabras del presidente Barack Obama para elogiar a Mauricio Macri, el nuevo presidente de derecha de Argentina, durante el evento realizado en Buenos Aires el 24 de Marzo, para conmemorar el 40 aniversario del golpe militar que llevó al poder a la dictadura asesina del general Jorge Videla, respaldada ampliamente por Estados Unidos.

Obama también podría haber hablado de los crímenes cometidos por los Estados Unidos contra los pueblos de Argentina y de América Latina. Pero el resto de su discurso, fue dirigido a encubrir los crímenes de Washington, haciendo claro que sus políticas no están dirigidas a la construcción de una sociedad basada en la paz, la prosperidad y los derechos básicos, sino en la defensa de la riqueza y el poder de una voraz oligarquía capitalista.

En su breve visita al Parque de la Memoria en Buenos Aires, dedicado a los 30.000 trabajadores argentinos, estudiantes e izquierdistas que fueron asesinados y "desaparecidos" bajo la Junta Militar, Obama estuvo rodeado por un pequeño ejército de agentes del Servicio Secreto, vigilado por francotiradores y helicópteros, y a una distancia segura, lejos de los cientos de miles de trabajadores argentinos y de jóvenes que salieron a las calles para celebrar este día. Él estuvo acompañado por Macri, cuyas políticas básicas son la continuidad de las de la pasada Junta Militar.

¿Cuáles fueron aquellas "verdades incómodas" y ese "más oscuro ... pasado" que Obama mencionó para confrontar los términos del propio papel de Washington en los hechos de sangre en Argentina? Los funcionarios norteamericanos, dijo, no estaban "a la altura de los ideales que defendemos" y fueron "‘lentos’ para hablar claramente a favor de los derechos humanos."

Es difícil imaginar palabras más hipócritas y deshonestas dichas por un presidente estadounidense.

Si Washington fue "lento para hablar a favor de los derechos humanos" en Argentina en la década de 1970 fue porque sus funcionarios políticos, militares y de inteligencia estaban demasiado ocupados preparando, dirigiendo y apoyando tanto el golpe de 1976, como con lo que le siguió después—una represión tan salvaje que escaló a una forma de genocidio político.

Los generales que formaron la junta fascista en Argentina, al igual que sus contrapartes que dirigieron los golpes militares en Brasil, Uruguay y Chile durante el mismo período, fueron entrenados en la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos, entonces con sede en Panamá. Fueron sus consejeros grandes misiones militares de Estados Unidos y bases de operaciones de la CIA. El Pentágono y la CIA proporcionaron capacitación directa en el arte de la represión masiva y las técnicas de tortura, que fueron practicadas con más de 100.000 argentinos.

Los más altos funcionarios dentro del gobierno de Estados Unidos sabían y aprobaron la represión masiva en Argentina. Documentos secretos del Departamento de Estado registran que sólo dos días antes que Videla tomara el poder hubo una comunicación entre el Secretario de Estado Henry Kissinger y su Secretario de Estado adjunto para América Latina, William Rogers. Rogers le dijo a Kissinger que esperara “una buena cantidad de sangre en Argentina en poco tiempo.” La Junta entrante, dijo, "iba a tener que dar de baja no sólo a los terroristas, sino a los disidentes de los sindicatos y sus partidos." La respuesta de Kissinger fue ordenar el pleno apoyo de Estados Unidos a la dictadura.

El Departamento de Estado, la CIA y los militares no fueron los únicos que apoyaron el golpe y el posterior baño de sangre, también lo hicieron las corporaciones estadounidenses que operaban en Argentina. Empresas como Ford Motors denunciaron y señalaron a los trabajadores militantes para ser asesinados por las fuerzas de seguridad y permitieron a la Policía Secreta de la Junta establecer centros clandestinos de detención y tortura dentro de sus propias plantas.

Sin duda, Obama se distanció de estos eventos como ‘historia antigua,’ que nada tienen que ver con el nuevo régimen de "derechos humanos" que él encabeza en Washington. Al ser consultado sobre el papel de Estados Unidos en el apoyo a la dictadura, en una rueda de prensa en Buenos Aires, dijo que no estaba interesado en discutir "todas las actividades de los Estados Unidos en América Latina durante los últimos cien años."

Lejos de tener que discutir acerca del pasado distante, Obama hubiera podido, para empezar, hablar de los crímenes de su propia administración.

En 2009, su gobierno apoyó el golpe de estado que derrocó al presidente electo de Honduras, Manuel Zelaya, y estableció un gobierno que ha ordenado el asesinato sistemático de sus oponentes. Y qué de los regímenes de Egipto y Arabia Saudita, pilares fundamentales de la política de Estados Unidos en el Medio Oriente y los compradores

principales de equipamiento militar estadounidense? El régimen Egipcio del general Sisi ha llevado a cabo detenciones masivas, torturas y asesinatos en una escala que rivaliza con la de las dictaduras de América Latina de hace 40 años, mientras que los críticos de la Casa de Saud son decapitados.

En cualquier caso, el propósito central del viaje de Obama a Argentina no fue glorificar los "derechos humanos", sino apoyar la agenda política y económica de Macri, multimillonario hombre de negocios convertido en Presidente de Argentina y quien tomó posesión del cargo el pasado mes de Diciembre.

Washington está contando que con el ascenso de Macri se dé inicio a un giro hacia la derecha en América Latina. Los gobiernos previos hicieron parte del llamado "giro a la izquierda" y ahora atraviesan una profunda crisis debido al colapso del comercio de materias primas y al auge de mercados emergentes. Estados Unidos está determinado a explotar esta crisis para promover su cada vez más beligerante confrontación con China, la cual ha eclipsado a Estados Unidos como líder comercial en Suramérica.

El viaje del presidente de Estados Unidos a Cuba y Argentina es una manifestación política de lo que los líderes estrategas del Pentágono han descrito como un "cambio de alianzas en América Latina", destinado a contener e impedir al principal rival mundial del imperialismo estadounidense y asegurar una ventaja estratégica en lo que durante largo tiempo Washington ha considerado como su "propio patio trasero."

Obama elogió a Macri por haber "actuado con rapidez en muchas de las reformas que prometió." ¿Cuáles son las "reformas" que el presidente de Estados Unidos encuentra tan atractivas?

Macri ha presidido despidos masivos que están eliminando al menos 50.000 puestos de trabajo en el sector público y destruyendo otros 75.000 en el sector privado. Macri ha desechado el control de cambios, lo que ha conducido a una repentina devaluación del 30 por ciento del peso y a una drástica reducción de los salarios reales de los trabajadores argentinos.

Macri ha comenzado a aplicar recortes radicales en los sectores de la educación y de servicios de salud, mientras que elimina los subsidios a la electricidad, conduciendo a un aumento de tasas del 300 por ciento.

Al mismo tiempo, ha recortado drásticamente los impuestos a los grandes propietarios de tierra de Argentina, un grupo clave de la derecha política, y llegó a un acuerdo multibillonario con los "buitres" de fondos de cobertura de Wall Street, que van a cosechar 10 a 15 veces su inversión original con el incumplimiento de la deuda argentina.

Junto con un giro brusco hacia la órbita estratégica del imperialismo estadounidense en América Latina, Macri está llevando a cabo un gran transferencia de riqueza de las masas de trabajadores Argentinos para la oligarquía gobernante del país y la de Estados Unidos. En líneas generales, se trata de la misma agenda económica de la dictadura de Videla proseguida por medio de asesinatos en masa y tortura. Macri ha utilizado una serie de decretos de emergencia para imponer sus políticas de derecha, aunque también ha contado con el respaldo de un sector de los Peronistas y la burocracia sindical corporativista.

En caso que los ataques de Macri al nivel de vida puedan provocar levantamientos en masa por parte de los trabajadores argentinos, uno puede estar seguro de que el gobierno argentino revivirá los métodos dictatoriales de represión, y Barack Obama arrojará rápidamente su pretendida preocupación por los derechos humanos.

Bill Van Auken